Archivo de febrero de 2010

hermanas doulas

Me late el corazón muy fuerte. Se han reunido algunas lágrimas en mi garganta. Aún con todo me siento capaz y fuerte para aullar como loba de la manada. Hermanas somos Unidad y llegadas a este despertar, en la aurora de un nuevo día, os pido abandonar los prejuicios, las ideas preconcebidas, los pensamientos disgregadores… Nosotras que sabemos lo que es sentir de “manera peculiar” (que sabemos que no es otra cosa que sentir sin piedad),nosotras que somos blanco de la sorna del que no quiere/no puede ver más allá, nosotras que compartimos cama con nuestra Luz y nuestra Sombra ¿por qué dejamos germinar el juicio entre nosotras?

Si una doula no juzga, si una doula respeta y está en Presencia, si una doula se funde con la Vida y fluye ¿por qué marca territorio y delimita fronteras? Ser doula es más que trabajar como doula. A mi sentir es una filosofía, un hacer de Vida y por tanto está integrado en mi respirar, en mi mirada, en mis buenos y no tan buenos días… en guardia 24h 365 días al año. Siempre Presente o cuanto menos siempre en busca de la Presencia. Y es desde aquí donde escribo estas letras. ¿Por qué tanta lejanía entre las lobas de esta manada? Una vez que nos reconocimos mujeres-salvajes, una vez que comulgamos con la magia de nuestra Madre Gaia, retomamos las armas de Atenea y lanzamos flechas entre nuestras hermanas… Yo no tengo hermanas ni hermanos. No biológicamente hablando. Aún con todo sé que en una misma familia existen las peculiaridades. A veces crean roces.. otras, momentos tiernos pero si aquello que nos molesta y agrada de los demás es un reflejo nuestro ¿qué nos está exponiendo la Vida en estas distensiones?

Escribo desde el Amor y no me cuesta aparcar mis miedos de ser o no aprobada por este gesto. Siento que es hora de aullar juntas, de encauzar nuestra labor (única en cada caso) y aprender de esta experiencia de co- creación. En España las doulas estamos aún por conocer y re-conocer, no es casual que la Vida nos presente esta maravillosa oportunidad de presentarnos al mundo (aunque sea una y otra vez). Tenemos la oportunidad de actuar tal y como somos, desde el Amor y la Presencia. Desde la compañía y la empatía. Esto sólo nos aportará coherencia con nuestra práctica..con nuestra vida.

Yo aparco mis miedos de no ser suficiente, de novata, de que sean mejor que yo, de que no me dejen pasar… los aparco todos y cada uno porque sólo me van a paralizar. Yo sé firmemente que la Vida quiere que estemos aquí, portegiéndola y acompañándola. Así que nada horroroso va a pasar. Y si pasara la manada responderá. Todas somos manada y lo único que puede disolverla es ella misma. Confiemos en nuestro sentir de mujer, nuestro palpitar de doula…

Algunas dirán que soy una loba joven, que los espolones son un grado. Bien, venero a mis compañeras las lobas de “edad” pero sé que la juventud es aire fresco que ayuda a mirar al cielo y a comenzar a aullar.

AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!

la concepción de un hada

Acabo de ver la película de “Quédate a mi lado”. La había visto un par de veces antes. Unos cuantos años atrás. El tiempo suficiente para cambiar de perspectiva. Para emocionarme y llorar por lo mismo y por “algo” nuevo..diferente.

Cuando me imaginé siendo mamá, la primera vez, creo que tendría 8 años..quizás menos. Recuerdo soñar con el fantástico día en que mi barriga de jerseis y pañuelos fuera de carne y besos. Recuerdo pasear por el supermercado y quedarme mirando los pañales. Siempre quise que llegara el momento de comprarlos. Bien para el hermanito que nunca pudo llegar o bien para el bebé que, un día, sería mi hija. También recuerdo hacer composiciones de nombres y apellidos. Tomar nota de las series de la televisión o de las películas de entonces para nombrar a mi niña (siempre imaginé que sería una niña..no un niño) cada mes su nombre cambiaba… pero nunca su cara. Algunas veces era rubia, como yo, o morena como me hubiera gustado ser. Ojos claros o negros. Labios siempre gruesos. Ella era Vera, Luna, Ane, Nala … siempre exótica. Valiente guerrera. Ella era un hada, casi nunca princesa… Ella…era

Recuerdo el día en el que Alex formuló las palabras que llevaba esperando desde niña. Escribió “si, quiero ser papá contigo. Siento que es el momento” ¡Llevaba tantos años esperando! …

Al ver la película me he dado cuenta de que mi niña, cuando venga, se hará un mujer como soy yo ahora. Es extraño pero siempre la imaginé con días, con meses, con pocos años…nunca he imaginado a mi niña como una mujer adulta. Me emociona sentir que es cierto, que quién venga a través de mi, será una persona a parte de mi. Que ella será quién quiera ser y que tendré la suerte de caminar a su lado.

Hace algunos años, una niña jugaba con pañuelos y camisas bajo su vestido de flores. Soñaba con una niña de cabellos rubios. Le cambió de nombre pero Leticia era su favorito. Imaginaba cómo sería su pequeña. Intercambió apellidos. Fantaseó con el papá. Esa niña, aquel día, soñaba conmigo.

Ojalá un día mi hija recuerde, emocionada, que su primera concepción fue en el vientre de mis sueños de infancia. Entre mantas y peluches. Como un día lo hizo su abuela conmigo. Como aún hoy sigo dibujando en este Camino.

el nacimiento de esta mujer

Cuando era pequeña apenas si tenía amigas. En verdad apenas si tenía amigos en general… apenas si me comunicaba con los niños de mi edad. Siempre en mi cuarto, contaba con mi fabulosa imaginación. Allí aprendí el valor del silencio… y también sentí el punzante frío de “no saber ser una niña de mi edad” y  de “estar condenada” a mi única compañía.

Lo cierto es que hasta hace muy poco no sentí necesario contar con el apoyo de mujeres, no sólo de mi edad, sino de cualquier  condición. Aún ahora me es difícil explicar que nunca padecí ese vacío hasta que no supe que el calor femenino me era necesario. Sólo lo aprecié cuando me vi rodeada de unas 65 mujeres que, me miraban sonrientes, cuando hice mi presentación: “ejem… mi nombre es Erika y desde pequeña supe que mi vida estaba unida a la maternidad…bebés…” Sí, fue mi llegada a la formación de doulas. Aterricé de lleno en el Corazón de la Mujer. Amanecí rodeada de diosas de todos los colores y tonalidades, de úteros amorosos y de corazones ardientes… Entre ellas, desperté como Mujer.

Aún recuerdo cómo tomé conciencia de que hasta entonces no había sentido mi verdadero Ser femenino. Siempre me había comportado como el niño que nunca fui, como la compañera competitiva que diseñé y, en especial, como la amante “desalmada” que copié del mundo del celuloide. Es decir, que nunca antes me había permitido conocer a esa mujer preciosa y cálida que residía en mi. ¡oh, cuántas veces, hasta entonces, me había mirado en el espejo sin reconocerme! ¡cuántos cambios de look para encontrarme! todo ese tiempo había sido un cliché, aunque mi alma seguía ahí, persistente, susurrándome cuál era el siguiente paso a dar… Gracias a Ella, pude entrar en el maravilloso universo de la Mujer-Feliz-de-Serlo.

El cambio fue de dentro hacia fuera. Poco a poco mis compañeras, como hadas del bosque, me fueron ayudando a verme en sus cristalinos ojos. En cada una de ellas vi retratadas mis cualidades y mis limitaciones. Todas ellas eran un mandala de embriagadores perfumes. No hubo ninguna de la que no aprendiera algo… Sin duda caí rendida a los pies de ese precioso Alma Grupal. Fueron ellas quienes me ayudaron a sanar y a re-nacer. Todas ellas fueron las doulas de mi propia gestación, de mi nacimiento e incluso de mi propia cuarentena. Asistieron al milagro de mi metamorfosis. Ellas lo provocaron con su Presencia amorosa.

Estoy segura de que muchas de ellas no saben cuánto me ayudaron a re-encontrarme, por eso siento que es momento de mostrarles que gracias a su naturalidad llegué a mi.

Sí. Ahora que me maravillo ante el espejo al ver la mujer que realmente Soy. Ahora que mi piel se estremece al abrazar a cada hermana. Ahora que sé que soy parte de la manada de lobas salvajes. Ahora que reconocí a mi madre como la fuente de Amor incondicional. Sí, Ahora, es el momento de que todas aquellas mujeres que, compartisteis abrazos, llantos y risas conmigo durante aquel tiempo, sepáis que siempre os he amado y que esta condición nunca cambiará. Que gracias a vuestra dulce savia pude llegar hasta aquí. Y que aceptéis estas palabras como ofrenda y homenaje.

A todas vosotras y a los frutos sagrados de vuestros vientres mi abrazo más dulce, más fogoso, más canalla, más risueño, más salvaje…

gracias, gracias, gracias

la bella salvaje

Ayer leía “La maternidad, el encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman. Me paré en un párrafo en el que hablaba de la mujer salvaje. Estaba en el tren y “se hizo el silencio”. En seguida vinieron a mi mente todas las veces que he sido una mujer salvaje (aún ahora lo dibujo en mi mente y sonrío). Todas y cada una, agolpadas..sueltas..desperdigadas..condensadas..todas esas veces que he sido intensa, auténtica, brutalmente Yo. No pude borrar la sonrisa de mi labios ni la chispa ardiente de mis ojos… “algo” poderoso me envolvió, una sensación de Poder recorrió mi cuerpo de arriba a abajo…y de repente se paró en mi útero, palpitando dulcemente… Sí, dentro de mi vive una mujer candente e incandescente y la verdad es que  me gusta mucho.

Esa mujer es la que me procura intensidad, la que me impulsa hacia el abismo de mi feminidad… ella me susurra por las noches que no hay nada que temer. Es la que clava su mirada en los ojos de mi compañero… esa mujer soy Yo. Y esa misma es la que acompaña a las otras mujeres y las invita a ser salvajes, a despertar a su Diosa. Es la mujer decidida y divertida, la bruja sabia y la gozosa amante . Sin duda es la mamífera que todas somos y es la mami-fiera que ofrece su sagrado vientre a la Vida para que ésta acontezca.

Todas las mujeres tenemos la maravillosa oportunidad de intimar con nuestra bella salvaje en los encuentros amorosos y placenteros que van más allá de la pareja, que se magnifican en el momento del parto y que brillan, radiantes, en plena lactancia. La mujer salvaje nos habla de fluidos, de sangre fresca, de sinuosas curvas, de labios empapados… Es esa parte de nosotras que nos recuerda que somos hijas de la Madre Tierra.

Ella reside en el centro de nuestro segundo corazón, el útero. Pasea por nuestros pechos y nos agita con los tambores del deseo. Es el espíritu encarnado de Gaia en cada una de nosotras. No necesitamos manuales de uso, sólo la conexión con ella nos es suficiente. Dejémosla salir a danzar, a reír, a besar… no es fea ni inadecuada como hemos tenido que creer. Sabemos que es bella, sugerente y muy sabia… ¡Nosotras somos así de manera natural!

Yo vuelvo a mi Selva.. a sentir de Verdad… ¿venís hermanas? ¿venís?

el espejo de esta doula

Pocas veces me he encontrado con alguna persona que me haya preguntado cómo es que soy doula pero aún no mamá. Pocas han sido, pero las ha habido. Reconozco que es un tema que nada más comenzar a formarme me ponía tensa y no me permitía fluir con mi realidad.

Cuando comencé la formación sentía que sería genial comprender  el mundo del maternaje y poder sanar mis cuestiones con mi madre. Comencé a formarme desde el aspecto de hija y de mujer. Supe que todas las que estábamos allí éramos hijas y qué este sería mi primer denominador común con mis compañeras- mamás.

Meses más tarde mi compañero y yo nos comprometimos con la Vida. Decidimos abrirnos a ella y días más depués supe que estaba embarazada. Ahí sentí que me equiparaba a mis compañeras- mamás, que por fin entraba en el mundo mágico de la maternidad sentida. Pero días más tarde el sueño cambió de color. Ocurrió que nuestro hijo decidió volver a Casa. Se fue de mi vientre..voló. Recuerdo sentirme expulsada del Paraíso. Mi mente me decía “ya no eres madre. nunca lo fuiste” …yo no podía dejar de reprimir mi dolor bajo una amarga sonrisa.

Pasaron días, semanas, meses y no conseguía comprender nada. Mi razón me explicaba historias de biología y física mecánica. Ella había amordazado a mi alma y mis lágrimas se habían quedado congeladas en algún lugar de mi útero.

Cada mes acudía a la formación y cada mes me sentía más rara. “No era mamá” pero ya “no era solamente hija” eso sí, seguía siendo mujer… Me encerré herméticamente para no molestar. Me encerré para no sentir.. no compartir el dolor. No recuerdo cuándo fue, pero recuerdo que fue una sensación liberadora el día que me reconocí como madre. Para mi mente racional no era posible, sin embargo en el momento que integré mi experiencia de vida como mujer embarazada algo hizo “clic”. Un Ser nos había elegido para ser su papá y su mamá durante un tiempo. Nos había elegido entre tantos, ése fue nuestro trato… alguien me amaba y me buscó para enseñarme a vivir el desapego y la fe a través de su corta estancia.. Entonces ahí…por fin.. me rompí. Lloré y pedí ayuda a mis compañeras..amigas..a mi madre. Les hablé del dolor de no comprender y de la frustración de no poder concebir. Pude rabiar en compañía y así, volví a un sitio en el que no recordaba haber estado pero que era parte de mi: mi Sombra Iluminada.

Me sentí ligera y me liberé de las etiquetas de “doula- mamá” o “doula- no mamá”. Asumí que la experiencia que la Vida me proponía era la de acompañar a la maternidad independientemente de la manera en la que se manifieste (embarazo, parto, posparto, pérdida, pre-concepción). Entendí que mi labor partía desde el Amor Incondicional hacia muchas mujeres que vivían la experiencia que yo tanto anhelaba. Comprendí que mi Camino consistía en caminar…

Ahora caigo en la cuenta de que el reflejo que ofrezco a las mamás es el reflejo de una mujer joven y vital. Su propio reflejo dibujado en mi cuerpo, en mi mirada… A través de mi ellas contemplan la mujer sonriente y amorosa que YA son. Y es esta la enseñanza- aprendizaje que ofrezco ahora como doula. Sé que cuando viva un embarazo de nuevo, cuando alumbre a mis hijos, cuando me enamore de sus ojos llenos de Luz mi reflejo cambiará. Será otro distinto pero igual de válido.

La Vida es muy sabia, tanto que a veces me atrevo a subestimarla. Mi aportación al mundo de la maternidad, ahora, es éste. Y es necesario que así sea. Sentirse feliz con el paso de una es el mejor comienzo para seguir caminando.

gracias Vida.

Gracias, gracias, gracias

el “no hacer” de la doula

Me siento frente al ordenador. Me siento de verdad, con los 6 sentidos calmados, receptivos. Escucho Ave María de Schubert y he encendido un delicioso incienso hecho a mano por una gran mujer. Huele a templo, mi casa se transforma en Templo. Quizás es que soy capaz de percibir mi hogar en su perfecta naturaleza sacra.

respiro. calmo a mis manos, pues les gusta correr por las letras de este teclado. respiro y me siento. ahora estoy sonriendo porque sé qué quiero compartir con vosotras. quiero hablar del “no hacer”. Sin embargo sé que no es escribiendo como vais a sentir la suave cadencia del Silencio inspirador.

Por favor, parad de leer.

Escuchad…. Ssssss….

pum, pum, pum

vuestros latidos…

mmmmm huele a magia, a vida, a luz…

Ssssssssssssssssssssss

Ahí, justo ahí está esa voz tan calma, tan profunda. si me permito puedo escucharla. si paro ella obra con total maestría. sólo he de “quitarme yo del medio” o quizás sólo he de volver a ser YO de nuevo.

sssssSSssssssssss

respiro

Conecto con mi Esencia. es suave y tenaz. siento hormigas por mi cuerpo. al principio apenas son 100 hormigas caminando por mi mano… después se convierten en mil…cien mil…

Luz dorada vibrando

¿os sentís?

ahí, en esta conexión mágica, divina reside el alma de una doula.

en el silencio sagrado, en la sonrisa inocente y cristalina…

Sabiduría fresca y renovada en cada exhalación …

desde ahí puedo estar en Presencia, en Armonía

puedo sentir la Vida y recibirla en Paz

“no hacer” “no interés” “no intención”

mushotoku

siento el suave “va y ven” de mi vientre..

como las olas.. como la brisa de la primavera que está por llegar

sí, ahora estoy conmigo y con vosotras, con el Todo y con la Nada

desde aquí el servicio es inmaculado.. el día a día se convierte en una aventura llena de sentido

en esto consiste el “no hacer” de una doula

gracias por acompañarme en este sentir, en este momento en el Aquí y Ahora

mares de plata

Ayer, cuando terminé de leer todas las palabras de Amor, de respeto  hacia mi..hacia mi madre algo se rompió dentro. “Algo” que no sé qué es, pero sé que está bien así, roto. Puede ser que sea la muralla de papel celofán con la que cubro mi Corazón sin que nadie me vea…sin que nadie lo sospeche.

Ayer  con el alma al aire, el vendaval de mis emociones comenzó a llevarme muy lejos. Daba botes hacia el pasado que imaginé ser y hacia el futuro que nunca fue. Y yo, resistiendo… queriendo estar en el Presente. Sólo me quedaba aceptar y no luchar contra los elementos. Y aquí estoy, en mi cascarón de nuez surcando las profundidades de mi Ser.

Ayer me mostrasteis Amor Incondicional y yo que creía saber qué hacer con ello, me perdí. Lo mejor hubiera sido no hacer nada con ello..sólo empaparme. Pero.. ¡ay! estoy aprendiendo a fluir, incluso si el mar es de sirope de caramelo y la playa de azúcar glas.

Me repito a mi misma “este blog es para reflexionar sobre los temas de maternidad” pero sé que este blog es la puerta de atrás que da acceso directo a mi Yo más íntimo. Y sí, en la maternidad hay mujeres, como yo. Mujeres que un día quisieron ser madres, como yo .Mujeres que un día vieron partir a su angelito, como yo. Mujeres que por Amor a la Vida se dedicaronn a acompañar a las mujeres, como yo.

Así que… bienvenidas a mi pequeña sala en mi “cuarto privado”. El derecho de admisión me habéis enseñado a guardarlo.. no es útil. No cuando estamos reunidas todas, aquí en mi cascarón de nuez.

Gracias por recordarme que merezco ser amada.

desde el principio del Principio

amatxuPienso en mi madre, muchas veces, muchas más que antes. Cada vez que estoy con una mamá ella viene a mi cabeza… a mi corazón.

¡Tanto tiempo evaluando mi relación con ella!

Recuerdo que de pequeña la cambiaba por una mujer imaginaria que vendía helados. Y ella, calladita, no me decía nada. Ahora me doy cuenta del valor de su silencio, del amargor de sus sentimientos al escuchar decir de los labios de su pequeña “sí, aita (papá en euskera) vámonos ya con Paca (la heladera de mis fantasías)”.

Si profundizo en el porqué de mi actitud distante con mi amatxu (mamá en euskera) llego hasta una sala de hospital:

Ella, con apenas 20 años, solita, vigilando un gotero. Dilatada de 8 centímetros sin ser consciente de ello, postrada en una camilla esperando una respuesta. Y bien, como las “aguas están sucias” le ofrecen esperar en compañía del gotero y la locura de sus pensamientos, o bien ir a quirófano a hacer una cesárea. Le advierten así: “tú verás lo que haces, pero si esperas la niña puede morir”. Y ahí, sin nadie más que yo (incomunicada y atacada con tanta oxitocina y tanto pavor corriendo por mis venas), elige cuidar de mi sea como sea. Así que, será cesárea.
Una cesárea con anestesia total y con un cirujano con ganas de irse a jugar al golf. Una dulce enfermera procura que al nacer mi madre me vea y me pueda tocar. Apenas si llega a decir “es igual que su padre”. A lo que le responde ella “mujer seguro que tiene algo tuyo” y mi madre suspira “sí… las orejas”.
Despierta y yo a su lado, la lactancia es genial y parece que todo ha merecido la pena. Pero días más tarde, después del alta, mi madre con unos dolores inenarrables se desploma en el cuarto de baño de mis aitites (abuelos en euskera) empapada en sangre… empapada en pena. Desde mis 8 días hasta mi primer mes, amatxu y yo vivimos la agonía de la separación. Ella con 20 años perdió su útero y casi la vida. El señor cirujano que tenía prisa por jugar su partido de navidad, dejó placenta en la matriz. Ésta se descompuso y perforó el útero de una sana y preciosa mujer de 20 años; mi madre.
A mi aita, con sus 21 añitos, se le escapaba el alma del cuerpo. Apenas unas horas antes le habían dicho que no contara con ella, que la habían perdido… Ahora ella estaba recuperándose… o eso intentó durante años, muchos…
De mi, mi amama (abuela en euskera) decía que lloraba todo el día, que sólo el contacto con su pecho me calmaba y que parecía una mujer sabia en un cuerpo muy chiquito…
Finalmente ella volvió a casa y juró no volver a separarse nunca de mi. Ella y él cosieron sus heridas, llevó mucho tiempo, mucha paciencia y mucho mimo. Ellos, un día, soñaron con ser padres de muchos hijos y la Vida procuró que fuera sólo uno.

[Mientras estoy escribiendo esto el nudo de mi garganta crece, pero a la vez se deshace... dulcemente, es más fácil de digerir...]

Y yo ¿qué hice yo? distanciarme de ella por miedo a perderla de nuevo. Es el día de hoy que sigo marcándole distancias para que no me duela perder la suavidad de su caricia, el calor de su pecho, la dulzura de sus ojos azules clavados en sus besos… ¡ay!
Hace unos meses, sentadas en la terraza de mi casa, hablamos de su pérdida. Del dolor de la culpa que cargaba desde bebé por creer que había sido yo la causa, que algo en mi estaba mal. Ella me miró y me habló su corazón “hija, si para que naciera un ser tan especial como tú tuviera que perder mi útero de nuevo, lo perdería mil veces más”. Y lloramos juntas, como nunca antes me había permitido hacer con esa gran mujer.
Sí, pienso en mi madre cada día. Cada vez que me cruzo con una mamá, cada vez que una mujer me pide cariño y apoyo. Y siento que gracias a todo lo que pasamos juntas estoy aquí, cuidando y apoyando a todas las mamás. Porque esta experiencia de Vida es la que necesitaba mi Ser para comprender que mi alma había venido a este mundo para ser doula.