Archivo de marzo de 2010

luna roja

Estoy en mi cuarto día de regla. Mi precioso cuarto día del ciclo. Me encuentro como una diosa replegada en mi trono que, poco a poco, vuelve a levantar la cabeza y a clavar sus intenciones en el mundo exterior. Estoy feliz porque por fin mis ciclos son como los de antes, como los de hace más de un año. Como cuando confiaba en mi y mis capacidades para albergar vida.

Llevo más de un año utilizando la copa menstrual y apenas dos meses utilizando compresas de algodón ecológico lavables. Me siento feliz porque siento que me cuido. Algunas personas podrán pensar que comparar artilugíos no es dedicación, quizás consumismo. Pero en mi caso lo vivo como una acción de mimo y atención. Como sea, llevo dos meses exactos prestando total atención a mi abdomen y a mi útero. En este tiempo he sabido lo que se siente al ser una diosa despierta y orgullosa. En apenas dos meses siento haber recuperado el camino andado, torpemente, a oscuras.

Si miro hacia atrás me veo triste y apenada por no ser la primera de la clase en tener la regla. Muchas de mis compañeras se sentían avergonzadas o molestas por ser las “elegidas” . En cambio yo rezaba porque ocurriera. ¿Por qué? porque mi amatxu no tenía la regla (le quitaron el útero al nacer yo) y yo me hice la idea de que esto era genético. Puede resultar gracioso pero no lo es en absoluto. Nunca crecí con una mujer que menstruara y para mi las compresas y tampones eran tesoros ocultos. Mi madre me hablaba mucho del periodo y lo que transmitía no era negativo pero tampoco muy optimista. Hablaba de lo que a ella le dolía cada mes cuando era” joven”. Lo que realmente me chocaba era poder entrever en su pupila el dolor de la pérdida de sus lunas…de sus ciclos.

Finalmente el 9 de abril de 1996 vino mi primera regla. Lo recuerdo de una manera tan especial… Amatxu se puso feliz y yo me sentí tan tan aliviada (era fértil! tenía útero! no era congénito!). Recuerdo sentirme importante, valiosa. Me sentía como la portadora de un gran secreto. Ahora lo recuerdo y sonrío de nuevo. La sensación fue la de estar bendecida, la de tener la oportunidad de ser lo que mi madre ya no podía ser más: mamá (desde entonces hasta el 3 de diciembre de 2008 pasó mucho tiempo para sentirme capaz de cumplir mi sueño de ser madre).

Y bien ¿qué hago aquí recordando todo esto? pues nada más ni nada menos que hacer mi pequeño homenaje a la menstruación. Compartir que hasta hace algún tiempo yo también pasé a verla como un “estado alterado” del que hay que huir. La primera sensación de nueva diosa quedó sepultada por precauciones agoreras y por píldoras anticonceptivas. Es más, comencé a tomar la píldora con 17 años y dejé de hormonarme a los 23. Digamos que apenas sí he vivido mis ciclos ovulatorios. Me privé de ellos por ignorancia y por miedo. Y ahora que los recupero, no hay mes que no me sienta más sabia…más plena…más hembra (me gusta esta palabra..es muy mamífera!).

Ahora que siento a mis ovarios y a mi útero como el gran motor de mi cuerpo femenino, sé que afronto la Vida de un modo diferente. Me descubro coqueteando con mi imagen en el espejo y contemplando, gustosa, el ancho de mis caderas. En momentos como ahora (4º día del ciclo) me siento fuerte y demoledora. Destructiva y vehemente.  Cada mes aprendo más del refinamiento de mis  capacidades. De apreciar el valor de vaciar para poder llenar de lo que es necesario..de lo que es prioritario..PARA MI. Y es que la Diosa habla desde el útero. Ella se manifiesta con todo su esplendor en cada uno de los diferentes ciclos. Ella cambia. Ella danza libre. Ella soy Yo.

Ahora necesito silencio. El cuerpo me pide de nuevo recogimiento. He salido un momento de mi preciosa cueva para expresar mi agradecimiento a la Madre Diosa. Tomo aire fresco y vuelvo a mi. Me abrazo…me mimo..me S.I.E.N.T.O.

túnel del tiempo

Escribo desde la urgencia, desde el sentimiento dolorido. Comparto mi angustia porque si no la manifiesto quizás se pierda la esencia entre tanto razonamiento.

Mi nacimiento fue por cesárea y lo cierto es que nunca me paré a ver un video sobre ésta. He visto y veo miles de partos fisiológicos y me conmueven de manera sobrehumana. Pero nunca, jamás, me paré a ver uno sobre cesáreas. Sí que tengo mucha información sobre ella, sí que tengo una importante idea formada sobre ella, pero nuna me paré a mirar. Quise creer que era porque no coincidía pero en realidad acabo de saber que la estaba evitando.

Ahora mismo he ido a youtube y he clickado en un video sobre cesárea respetada. Bien, en el momento que he visto la gran herida, y en especial, al bebé arrancado del vientre de su madre  me he puesto a temblar. Mil sentimientos indescriptibles se han apoderado de mi cuerpo y, sin darme cuenta, he  parado la reproducción. Mi mano automáticamente ha dado al stop. Ahora mismo estoy muy revuelta. Siento un gran vacío en la boca de mi estómago. Acabo de descubrir que el sentimiento de “no pertenencia”, de sentirme continuamente “arrancada de mis raíces” sin saber nunca cuáles son, nació conmigo aquel 28 de diciembre. Tomo conciencia de que acabo de dar con una piedra importante en mi Camino y que he de amarla tal y como Es para dejarla ser… para comprenderla

La herida de la cesárea la lleva marcada mi madre en su vientre, en su alma… y  yo que me creí libre de su sombra, descubro que vino conmigo. Aún con todo lo que sé mi cuerpo continua descompuesto. Si me dejo fluir tengo la sensación de abuso. Es como si pudiera sentir las manos de un hombre extraño separándome de lo que más quiero…

¡ay vieja amiga! ¡estabas conmigo y no advertí tu presencia!

Sé que en esta Vida ambas debíamos pasar por este aprendizaje y que ,si ahora se me muestra  la oscuridad, es porque tengo la Luz suficiente para iluminarla. Pero antes de poder poner Luz debía ver hacia donde alumbrar y ahora sé que queda un rincón muy profundo por mimar, limpiar y dejar marchar.

fruto de los dioses

Hoy en el tren he tenido más que tiempo para reflexionar (he estado 1 hora parada entrevías por falta de suministro en la catenaria). Estaba leyendo el libro “Partería Espiritual” de Ina May Gaskin. En él una compañera de Ina May, Cara, escribe lo siguiente:

” Una y otra vez, he visto que la mejor manera de sacar un bebé afuera es acariciándote y abrazándote con tu esposo. Esa vibración amorosa y sexy es lo que mete al bebé ahí dentro, y es lo que también lo saca fuera”

Esta preciosa reflexión va acompañada de una foto tierna y sensual entre un papá y una mamá en trabajo de parto.

Leer esto y ver la fotografía me ha hecho estremecerme de placer. He podido visualizarme en esa situación. Siendo acariciada dulcemente por mi compañero entre ráfaga y ráfaga (tomo las palabras de Ina May para denominar a las contracciones, pues ráfaga dibuja un oleaje que es lo que son al fin y al cabo: olas de energía) He comenzado a sentir la sensualidad de sentirse amada y deseada en un momento tan mágico. A maravillarme de la continuidad de  la bella danza que nos lleva, 9 meses antes, al momento en el que nos encontramos ahora: el alumbramiento.

Y algo en mi ha hecho clik.

Si venimos del amor entre dos cuerpos, dos almas, dos seres divinos en Unidad ¿no es acaso este amor el que nos va a impulsar hacia afuera? Sí, Michel Odent nos habló de casos (bastantes) en los que tras asistir el papá al parto éste huía (bien enfermando, bien no entrando en casa, bien abandonando a la familia). Nos explicó cómo antiguamente en el parto no entraban hombres porque ver a su mujer desatada, mamífera salvaje, provocaba un “desajuste” muy potente. El objeto sensual y misterioso de deseo se convertía en una fiera, en un ser plagadito de fluidos y torsiones imposibles. Y aquí es dónde ahora mismo me paro y pienso:

¿no será que nunca hemos podido mostrarnos al mundo como la mujer salvaje , sensual y desinhibida que somos? ¿es posible que hayamos permitido dibujarnos como aniñadas damiselas con aire de pícaras consentidas? Puede ser que el hombre pierda su líbido al comprobar que desconoce una parte potentísima de su compañera. Que a algunos hombres ver a una yegua descontrolada les asuste por miedo a no poder controlarla. Puede ser que nos hayamos creído que parir es un acto racional que se ejecuta a toque de abanico y pestañeo.

Ahora bien (voy reflexionando sobre la marcha) los machos de otras especies no están en los partos. Si bien las hembras procuran que los machos no se acerquen por miedo a que las crías sean dañadas por el resto de machos adultos (con las crías fuera de plano hay disponibilidad de procrear y establecer nueva manada con nuevos genes). Esto es que si no están no es porque “alucinen” con lo “animales” que se vuelven sus compañeras. Además de que ellos se encargan de los depredadores…

Bien, vuelvo a los mamíferos que mejor conozco (o eso creo).

Siento que el estereotipo de mujer planteado en nuestra civilización patriarcal es el que remueve inconscientemente a estos hombres y les hace querer salir corriendo (tras el parto). Ya que en un parto, la mujer, si se lo permite a ella misma y el entorno es seguro para “dejarse ir”,  toma contacto con su cerebro primitivo, con el linaje milenario de las mamíferas. De tal manera que se transforma (yo creo que más que transformarse se permite manifestarse tal y como es) en una mujer potente, instintiva, terrenal, mística, sensual, sexual, carnal, etérea. Es la mismísima representación de Gaia. Manifiesta su divinidad por cada centímetro de piel, por cada mililitro de flujo.

Claro está, muy pocas mujeres saben de su naturaleza divina y además muy pocas lo integran en su día a día, por lo que muy pocos hombres han mirado a los ojos de la Diosa que reside en su compañera. Si éstas se permitieran vivir su diosa, si éstos buscaran esa mirada, siento que ningún hombre huiría, sino que decidiría quedarse para toda su eternidad al lado de este mágico ser.

Con esto no quiero decir que los hombres no sepan mirar, que las mujeres no podamos vivir bajo nuestra condición natural. Es más,si me dejo fluir, siento que muchos de ellos saben de nuestro linaje de diosas antes que nosotras. Son esos momentos en los que se preguntan cómo puede ser que nos amen tanto. Cómo es posible que nuestra sonrisa les atrape irremediablemente. Que nuestra mirada les haga cambiar de rumbo…

Yo siento que en el fondo todos y todas sabemos quiénes somos en realidad. Que el embarazo es un momento trascendental para tomar conciencia de nuestras raíces divinas, si no hemos podido hacerlo antes. Y que, una vez que nos descubrimos como diosas y dioses, podemos dar la bienvenida a nuestros hijos e hijas acompañados del mismo Amor que los invocó aquella tarde de verano.

Termino con una frase de Ina May:

“A un hombre le hace bien ver a su dama ser valiente mientras ella tiene a su bebé… lo inspira”

Añado: inspiración… divina.

ya he vuelto a Casa

Llevaba días (sincerándome, casi una temporada) sintiendo que algo no andaba bien. Que algo estaba siendo forzado. No daba con la clave y me estaba agobiando. algo, algo, algo… y hoy di con ello. ¿El veredicto final? había perdido la humildad. Algo tan sencillo se pierde con mucha facilidad. Y es que tanto cariño y apoyo a una la desbordan y, su ego, acaba alimentándose de musarañas y quimeras de papel celofán.

He pasado estos últimos días adorando a mi ombligo y por eso el dolor ya comenzaba a palpitar. Mi cuerpo no me tolera devaneos con la superficialidad y en seguida comienzan los mareos, los “ays” y los “quita que no puedo”.

En mi Vida existen pocas personas que me hagan regresar al Aquí y Ahora de manera instantánea. Una de ellas, hoy ,me ha permitido ver más allá. Me ha recordado algo que sabía pero que estaba dejando de practicar. O quizás que había comenzado a hacer que practicaba pero que no creía.

Sus palabras, aquí:

“ciertamente cada vez creo que creemos menos en las mujeres”

y se hizo el Silencio en mi. Sí, últimamente he dejado de lado mi profunda Fe en la Esencia Femenina. Mi ego se ha entretenido colgando artículos, difundiendo información, reuniendo sonrisas y abrazos y, debajo de todo esto, la causa de mi Ser para con mis hermanas, para conmigo, se ha estado cubriendo de palabras..de polvo.

Me recuerdo centrada y en Mi, creyendo en que Todo es perfecto tal y como es. Miro hacia atrás y siento que me comprometí con el “no hacer”, con el dejar Ser… amar sin juicio y aportar Luz desde cualquiera de las esquinas donde me encontrara.. y siento que mi compromiso se ha visto solapado por escarceos de mi ego.

Sin duda alguna creo en la Mujer, en nuestra capacidad innata para hacer y dejar de hacer. Pero, durante un lapso de tiempo, me he dejado ir al lado técnico del que habla de la mujer sin sentirse una con ella, de la que le  ”deja hacer” porque “así son,¿ verdad?”… perdida en “ser profesional” cuando en verdad la profesión y la persona se funden en Unidad.

Comprendo que este proceso de reflexión es un regalo. Que para encontrar mi lugar he de probar otros sillones. Pero yo me quedo con mi cojín (zafu), sentada en una esquinita del cuarto. Sintiendo que Todo Ser es mágico. Que yo acompaño y que, si hay protagonistas, son la Vida misma y su proceso encarnado.

¡Qué alegría volver a Casa! vuelvo a sentir que esta piel es mi piel, que esta sonrisa es mi sonrisa y que mi alma, de nuevo, vuelve a ser el de una doula.

gracias Inma por tu invitación a la reflexión… gracias

hermanas

Esta mañana me he encontrado con una mujer muy especial. Es norteña, como yo. Es más, es de al lado de mi pueblo de origen. Es una mujer muy especial (lo dije ya, pero quiero que quede bien marcado). Ella no es mamá, pero es hija y una grandísima hermana. La Vida nos marca encuentros en los que ella siempre necesita de una sonrisa y en los que yo necesito de unos brazos acogedores. Así que… esta mañana..nos hemos encontrado.

Yo salía más o menos tranquila por la puerta y ella estaba sentada esperando, nerviosa.. triste. Los ojos castaños clavados en el suelo y la sonrisa perdida en el pañuelo. La Vida nos ha acariciado y nos hemos clavado la pupila “¡pero qué haces aquí!” ” ¡siempre te encuentro cuando más te necesito!” … y el día ha tomado el color del cariño sentido. El gris perla de la mañana se ha perdido en nuestros bolsillos.

Esta mujer tan especial llegó a Barcelona para acompañar a su hermana en un posparto llenito de miedos, de sombras puntiagudas, de silencios rotos… Dejó todo lo que allá tenía para cuidar de la pequeña de la casa.

Cada vez que la miro me maravillo del Amor tan puro entre mujeres, entre hermanas… Su apoyo fue fabuloso ya que “la pequeña” retomó su Poder y comenzó a caminar por su propio pie. Re-encontró a su diosa en compañía de aquella mujer con la que, hace tiempo ya, compartió cálido útero y pecho amante.

¡ai *laztana!

Ahora ella mira melancólica el reloj y suspira. Me gusta mucho abrazarla, porque cuando lo hago, siento el latido de una mujer poderosa, dulce, cálida…fuerte! … ella… hace tiempo que se le olvidó de quién es.

Caminamos juntas. Tomamos una infusión. Hablamos de allá y de acá. Retomamos nuestro acento bilbaíno y reimos…. mucho. Huele a yodo, a hierba, a salitre… huele a nuestra Tierra. Como ella, es acogedora, maternal, amorosa, fuerte, sentida pero ambas olvidaron que son perfectas en su naturalidad, en su calidez y fortaleza a la hora de Amar.

Hace un par de horas que nos despedimos. Su sonrisa tímida y plena sigue grabada en mi mente. Ella me mira y me dice “eres mi ángel. Siempre apareces cuando necesito un abrazo” y yo, ruborizada, no me atrevo a decirle “el ángel eres tú, que con el aire que se cuela entre tus pestañas, me devuelves a Casa, al útero de nuestra manada” .

…a Yolanda

*laztana: expresión , en euskera, que puede traducirse como “amante” “cariño” . Modo tierno en el que las mujeres de la casa llaman a sus pequeños. Para mi una de las palaras más bonitas que jamás me hayan dicho.

¡oh Pandora!

Hace días prometí compartir lo que aprendí con Cristina Alonso en el taller de Luna Maya, he tardado el tiempo necesario para poder traducirlo…para tener la capacidad de dibujarlo a través de las palabras sin dejarlo manco, sin perturbar la esencia.

Aprendí a amar a mi niña Erika, la niña que se perdió en los surcos de mi ombligo, la niña triste que olvidó pedir ayuda “por si las moscas”… Conecté con ella a través de un gran proscrito en mi cuerpo: mi abdomen.

Situado entre mis pequeños pechos y mis marcadas caderas, habita el “innombrable” de piel tersa y suave. Desde muy pequeña aprendí a olvidarle. Siempre bajo camisetas anchas o vestidos de “campana” aprendí a no tocarle, a guardarme de él… a almacenar en él mi dolor sin pulir, mis penas sin aclarar…

[miro los puntos suspensivos que se van dibujando al teclear y no sé cómo continuar]

Mi abdomen… está aquí, integrándome..estuvo allí, desintegrando mi felicidad ficticia. ¡Almacené tantos miedos y vergüenzas en él!

Aquel día, al tocarle, la Caja de Pandora saltó por los aires… estaba frío, inherte… pertenecía a otra mujer..quizá dejó de existir durante veinti-tantos años… dolía… muchos pinchazos le daban aspecto de no-muerto, lo único que me hacía saber que estaba ahí era el ardor de su silencio.

Mi barriguita redonda…aquella que siempre he cubierto. La que nunca dejé acariciar. La que siempre oprimí y maldije de cara al espejo. La que no me hacía “perfecta”…

Allí en mi abdomen se encontraba Erika sin limar, Erika sin mimar, Erika sin razón… la niña que desconocía que ya era una mujer…la mujer que no reconocía que compartía espacio con una niña temerosa… Juntas en mi panza.

La caja de emociones, la joya de la autoestima… el “yo soy” en su máximo esplendor me mostraba que ya era el momento de bucear en mi mar. Comencé por el ombligo y ya me puse a temblar.Esta puerta al mundo de mi madre, a la unión única entre dos cuerpos, me sacudió por completo. Mi ombligo, el epicentro de mi esencia femenina, me tragaba hacia el centro..y dolía… porque yo lo rechazaba. Quería salir corriendo ¿Por qué? porque él es la firma en el contrato de la Vida, de esta vida. Sello perpetuo con mi madre… con mi linaje femenino, del que tantas veces habré huido.

Ahora siento que el centro de éste, mi cuerpo, guarda pena y contento. Es como subir al desván a revolver entre los “trastos viejos”. De repente te encuentras con la muñeca que te hacía llorar, con el perrito que se “comía los fantasmas” a la hora de irte a dormir… De repente …te encuentras.

Y aquí comienza todo de nuevo, pero con un sabor diferente, pues estoy completa. Reaparecen los titubeos, los pinchazos… pero ahora los puedo acariciar, los puedo aceptar e incluso liberar.

No negaré que en estos días la rabia y la angustia se han quedado a tomar el té, pero tengo espacio para conversar y dejarlas partir. Dos compañeras de viaje que seguían ahí sin que tuviera noticia de ello.

He aprendido que en el abdomen, una mujer, guarda una vida entera. Que en su abdomen se crea la Vida. Es el baúl del Gran Tesoro. Y la Vida necesita  de un espacio amplio y bello para poder desarrollarse en su máximo esplendor. Es momento de adentrarse, empaparse  e integrar cada parte de nuestro Cuerpo para Ser, para amarnos y gozar amando…

¡Todo esto guardado en esta barriga!

Por fin, hoy Pandora puede sentarse y contemplar su reflejo. La caja se queda vacía… Es más que una promesa.

sombras

En esta luna llena contacté con mi Sombra. Viaje a través del tiempo y regresé a los días de desconcierto.. de dolor visceral..de miedo irracional. La densidad en la que creía no vibrar más, me atrapó y me hizo bucear… no ha sido agradable. Ha sido doloroso porque me resistí a creer que lo que estaba viendo seguía habitando en mi.

Ahora mismo escribo desde la conmoción, en busca de respuestas que sé que están en mi interior. Mi Hades es oscuro y gélido. A veces brotan llamas de hiel y cubren las ciénagas de mis emociones… es la cara oculta de mi Ser. La parte de la moneda que creí conservar más pulida, más cuidada. Pero aún queda conocer más allá del allá. Y sólo cuando cuentas con una Luz potente puedes adentrarte en la oscuridad más acuciante.

En compañía de la luna llena nadé en la soledad de mis noches, pude ver a la bestia… y observé que está herida.que sigue necesitando Amor..compañía… mi pequeña niña herida se transforma en un azote…una plaga de sapos y culebras…

El gran dolor no viene de nadar en mis profundidades sino de haberme creído que no existían en mi por más tiempo. De rechazarme el valor humano de errar… de valorar desde la prepotencia “yo no puedo caer en esto”. Al aceptar y digerir ,la Luz penetra en mi. La luna me muestra con claridad las heridas del alma y no me permite escapar. Cuanto antes lo vea antes terminará… antes comprenderé y dejare marchar…

Mi mente me cuestiona y me dice ¿por qué compartes esto en el blog? Porque soy humana. Porto Luz pero traigo mi Sombra. El día necesita de la noche para ser quién es. También porque aquello que me hizo girar mis pies y cambiar de camino fue pensar en todas vosotras, en vuestros hijos… en los hijos que un día vendrán… Pensé en un nanosegundo “te debes a la Vida, no lo olvides nunca. Ya no es momento de vacilar” y tomé la decisión de hacer lo que sentía. Es cierto que me debo a la Luz, al Amor, a la Vida en todas sus expresiones… y es porque la vida se expresa de diferentes maneras que he de vivirla para caminar… sabiendo… conociendo mis profundidades para permitir que los demás alcancen las suyas y no se hundan…

A veces me asusto al verme tan humana…tan errática.. pero sé que quién cultiva el amor incondicional es humano también..y por ende su sombra es parte de su calidez. A veces a mi mente racional le gusta imaginarme como un ángel pero la realidad es benévola pues siempre me muestra que soy un ser humano..con todo lo que esto conlleva.. con la intensidad que esta experiencia comporta.

Camino de vuelta a la Luz y siento que ya no soy la que era. Mi bestia ha mostrado sus vergüenzas y esto nos ayuda a intimar y a amarme a mi, tanto como amo a los demás.

Gracias por sentirme tan cerca y por inspirarme en esta noche oscura del alma