¡oh Pandora!

Hace días prometí compartir lo que aprendí con Cristina Alonso en el taller de Luna Maya, he tardado el tiempo necesario para poder traducirlo…para tener la capacidad de dibujarlo a través de las palabras sin dejarlo manco, sin perturbar la esencia.

Aprendí a amar a mi niña Erika, la niña que se perdió en los surcos de mi ombligo, la niña triste que olvidó pedir ayuda “por si las moscas”… Conecté con ella a través de un gran proscrito en mi cuerpo: mi abdomen.

Situado entre mis pequeños pechos y mis marcadas caderas, habita el “innombrable” de piel tersa y suave. Desde muy pequeña aprendí a olvidarle. Siempre bajo camisetas anchas o vestidos de “campana” aprendí a no tocarle, a guardarme de él… a almacenar en él mi dolor sin pulir, mis penas sin aclarar…

[miro los puntos suspensivos que se van dibujando al teclear y no sé cómo continuar]

Mi abdomen… está aquí, integrándome..estuvo allí, desintegrando mi felicidad ficticia. ¡Almacené tantos miedos y vergüenzas en él!

Aquel día, al tocarle, la Caja de Pandora saltó por los aires… estaba frío, inherte… pertenecía a otra mujer..quizá dejó de existir durante veinti-tantos años… dolía… muchos pinchazos le daban aspecto de no-muerto, lo único que me hacía saber que estaba ahí era el ardor de su silencio.

Mi barriguita redonda…aquella que siempre he cubierto. La que nunca dejé acariciar. La que siempre oprimí y maldije de cara al espejo. La que no me hacía “perfecta”…

Allí en mi abdomen se encontraba Erika sin limar, Erika sin mimar, Erika sin razón… la niña que desconocía que ya era una mujer…la mujer que no reconocía que compartía espacio con una niña temerosa… Juntas en mi panza.

La caja de emociones, la joya de la autoestima… el “yo soy” en su máximo esplendor me mostraba que ya era el momento de bucear en mi mar. Comencé por el ombligo y ya me puse a temblar.Esta puerta al mundo de mi madre, a la unión única entre dos cuerpos, me sacudió por completo. Mi ombligo, el epicentro de mi esencia femenina, me tragaba hacia el centro..y dolía… porque yo lo rechazaba. Quería salir corriendo ¿Por qué? porque él es la firma en el contrato de la Vida, de esta vida. Sello perpetuo con mi madre… con mi linaje femenino, del que tantas veces habré huido.

Ahora siento que el centro de éste, mi cuerpo, guarda pena y contento. Es como subir al desván a revolver entre los “trastos viejos”. De repente te encuentras con la muñeca que te hacía llorar, con el perrito que se “comía los fantasmas” a la hora de irte a dormir… De repente …te encuentras.

Y aquí comienza todo de nuevo, pero con un sabor diferente, pues estoy completa. Reaparecen los titubeos, los pinchazos… pero ahora los puedo acariciar, los puedo aceptar e incluso liberar.

No negaré que en estos días la rabia y la angustia se han quedado a tomar el té, pero tengo espacio para conversar y dejarlas partir. Dos compañeras de viaje que seguían ahí sin que tuviera noticia de ello.

He aprendido que en el abdomen, una mujer, guarda una vida entera. Que en su abdomen se crea la Vida. Es el baúl del Gran Tesoro. Y la Vida necesita  de un espacio amplio y bello para poder desarrollarse en su máximo esplendor. Es momento de adentrarse, empaparse  e integrar cada parte de nuestro Cuerpo para Ser, para amarnos y gozar amando…

¡Todo esto guardado en esta barriga!

Por fin, hoy Pandora puede sentarse y contemplar su reflejo. La caja se queda vacía… Es más que una promesa.

4 comentarios para “¡oh Pandora!”

  • Alba D. dice:

    Bien! Bien! Te aplaudo querida Erika, te aplaudo…

  • Anahi dice:

    Hola princesa Erika, qué bonitas palabras, qué bonitos sentimientos… me alegro mucho mucho por ti… y el camino continúa…
    Un abrazo
    Anahi

  • Luz Viudes dice:

    Hablando de reencontrar a la niña interior, reconocerla y hacer las paces con ella, mimarla y acompañarla… Como sabes, estoy leyendo el libro de Angela Boto “Concebir un hijo, un camino de trasformación y de creación” y justo etoy en ese momento. La importancia de reconocer y sanar a nuestro niño interior para poder ser madres y padres con plenitud. Te copio un trocito… “Para acceder a toda la riqueza del niño divino es obligatorio atravesar los terrenos del otro niño, el que necesita atención”.
    Estoy en ese camino también… reconocimiento, aceptación, amor..
    Abracito cálido!!
    Luz

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