luna roja

Estoy en mi cuarto día de regla. Mi precioso cuarto día del ciclo. Me encuentro como una diosa replegada en mi trono que, poco a poco, vuelve a levantar la cabeza y a clavar sus intenciones en el mundo exterior. Estoy feliz porque por fin mis ciclos son como los de antes, como los de hace más de un año. Como cuando confiaba en mi y mis capacidades para albergar vida.

Llevo más de un año utilizando la copa menstrual y apenas dos meses utilizando compresas de algodón ecológico lavables. Me siento feliz porque siento que me cuido. Algunas personas podrán pensar que comparar artilugíos no es dedicación, quizás consumismo. Pero en mi caso lo vivo como una acción de mimo y atención. Como sea, llevo dos meses exactos prestando total atención a mi abdomen y a mi útero. En este tiempo he sabido lo que se siente al ser una diosa despierta y orgullosa. En apenas dos meses siento haber recuperado el camino andado, torpemente, a oscuras.

Si miro hacia atrás me veo triste y apenada por no ser la primera de la clase en tener la regla. Muchas de mis compañeras se sentían avergonzadas o molestas por ser las “elegidas” . En cambio yo rezaba porque ocurriera. ¿Por qué? porque mi amatxu no tenía la regla (le quitaron el útero al nacer yo) y yo me hice la idea de que esto era genético. Puede resultar gracioso pero no lo es en absoluto. Nunca crecí con una mujer que menstruara y para mi las compresas y tampones eran tesoros ocultos. Mi madre me hablaba mucho del periodo y lo que transmitía no era negativo pero tampoco muy optimista. Hablaba de lo que a ella le dolía cada mes cuando era” joven”. Lo que realmente me chocaba era poder entrever en su pupila el dolor de la pérdida de sus lunas…de sus ciclos.

Finalmente el 9 de abril de 1996 vino mi primera regla. Lo recuerdo de una manera tan especial… Amatxu se puso feliz y yo me sentí tan tan aliviada (era fértil! tenía útero! no era congénito!). Recuerdo sentirme importante, valiosa. Me sentía como la portadora de un gran secreto. Ahora lo recuerdo y sonrío de nuevo. La sensación fue la de estar bendecida, la de tener la oportunidad de ser lo que mi madre ya no podía ser más: mamá (desde entonces hasta el 3 de diciembre de 2008 pasó mucho tiempo para sentirme capaz de cumplir mi sueño de ser madre).

Y bien ¿qué hago aquí recordando todo esto? pues nada más ni nada menos que hacer mi pequeño homenaje a la menstruación. Compartir que hasta hace algún tiempo yo también pasé a verla como un “estado alterado” del que hay que huir. La primera sensación de nueva diosa quedó sepultada por precauciones agoreras y por píldoras anticonceptivas. Es más, comencé a tomar la píldora con 17 años y dejé de hormonarme a los 23. Digamos que apenas sí he vivido mis ciclos ovulatorios. Me privé de ellos por ignorancia y por miedo. Y ahora que los recupero, no hay mes que no me sienta más sabia…más plena…más hembra (me gusta esta palabra..es muy mamífera!).

Ahora que siento a mis ovarios y a mi útero como el gran motor de mi cuerpo femenino, sé que afronto la Vida de un modo diferente. Me descubro coqueteando con mi imagen en el espejo y contemplando, gustosa, el ancho de mis caderas. En momentos como ahora (4º día del ciclo) me siento fuerte y demoledora. Destructiva y vehemente.  Cada mes aprendo más del refinamiento de mis  capacidades. De apreciar el valor de vaciar para poder llenar de lo que es necesario..de lo que es prioritario..PARA MI. Y es que la Diosa habla desde el útero. Ella se manifiesta con todo su esplendor en cada uno de los diferentes ciclos. Ella cambia. Ella danza libre. Ella soy Yo.

Ahora necesito silencio. El cuerpo me pide de nuevo recogimiento. He salido un momento de mi preciosa cueva para expresar mi agradecimiento a la Madre Diosa. Tomo aire fresco y vuelvo a mi. Me abrazo…me mimo..me S.I.E.N.T.O.

Un comentario para “luna roja”

  • Ojalá todas nos lo tomaramos igual! Creo que yo fui la primera de mi clase en tener la regla…. tenía 10 años y me traumatizó un poco… me daba mucha vergüenza y cada vez que me venía me encontraba fatal… Siempre pensé que me podría haber venido más tarde y así disfrutar más de mi niñez.

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