diosa sureña

Esta semana ha estado plagada de aprendizajes..tan profundos y tan esclarecedores que creo que voy a comenzar por el principio de los principios. O quizás voy a comenzar por lo último que me queda más “apretujaíto” aquí ,en la garganta, y así sale más fácil :)

Este jueves fui a un tablao flamenco, a una preciosa iniciativa en el corazón del barrio de Gràcia de Barcelona* . Fui muy ilusionada y la cuestión es que la ilusión aumentó con cada quejío. En el tablao aparecieron dos mujeres jóvenes, una al cante y la otra, al baile (entre tres fantásticos hombres). Dos mujeres que, al atenuarse la luz, se dejaron ver como diosas. Mil hormigas comenzaron a zapatear sobre mi vientre y las lágrimas brotaron nuevas… limpias.

Mi relación con el flamenco es curiosa. Siempre hemos estado unidos aún sin saberlo… aún sin quererlo. Es el día de hoy que mi padre me recuerda cuando era muy muy pequeña zapateando por toda la casa con la falda recogida. Y esta claro que si fuera una niña sureña tendría sentido pero allá, en mi querida norteña sin influencia andaluza por ningún lugar, era caso curioso. Él siempre dice que se lo debió de traer de la mili, allá en Almería. El caso es que al conocer a Alex (mi fiel compañero de vida y gaditano desde “shico”) sentí caer el velo de mi fachada fría y retomé el contacto con la esencia infantil que me llevaba al sur… que me dejaba fluir fuerte y rotunda, sensual y llena de pasión.

El contacto de los pies con el suelo, los brazos acariciando el aire, la mirada preñada de emociones… la falda, torbellino de colores que ilumina el polvo del camino… danza ancestral de mujeres fuertes y amantes.

¡Ah! ¡la diosa sureña!  con su rotunda fragilidad, con su amor colorido… Ahora, que comparto sangre con ella ,me siento más plena que nunca. Mi nueva madre, mi hermana, las nuevas primas, tías, amigas y abuela que la Vida me ha dispuesto en el Camino me hacen conectar con la esencia de una mujer que huele a azahar, a jazmín… a la primera rosa. Todas ellas son una representación pura de la pasión de la diosa. Confío en que todas ellas se saben bellas, pues el brillo peculiar de sus ojos, ese brillo del sol perenne me dice que la fuerza de sus corazones se manifiesta en cada gesto.

¡Ay mi mujer sureña!

Me emociono al contemplar a Alex. Él se acuno, durante 9 hermosas lunas, en el vientre de una preciosa jerezana de 22 años. Y ahora ,mi madre del sur,  conserva el semblante de esa diosa de olivo, siempre erguida y con la mirada clavada en el sentimiento. Me pregunto qué sienten las hijas del sol, qué es lo que las mantiene siempre preñadas de esperanza aún en las tinieblas. Me siento agradecida de formar parte de ellas y de traerles el color de la luna de mi amada norteña.

La diosa anida en nosotras de tantas maneras que llega a fusionarse y a mostrarnos mil y un colores con los que pintar el cielo.

Los golpes del tacón contra el suelo me llevan allá, que no es a otro lugar que al centro de mi útero. En mi, la diosa se viste de gitana y sale a pasear con la luna llena. Cuando pisa un tablao, al compás de  unas palmas, sin pedir permiso (como sólo ella hace) avanza rotunda y me convierte en fuego. No niego que mi razón suda y se retuerce, pero ella lo sabe hacer tan bien que, al final, la yegua desbocada se siente bella en su propia naturaleza.

Va por vosotras mis hermanas

* Bar Caliu C/ Torrent de l’Olla 38- 40 (todos los jueves flamenco)

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