historia de una golondrina

Han pasado muchos días, seguramente los necesarios para que, de nuevo, broten las ganas de compartir pedacitos de mi… retales de mi alma…

Hoy mis palabras nacen para Alejandro mi compañero de Camino, mi dulce amante (está en la misma sala pero no sabe que hablo de él). Hoy, aquí, en su pueblo natal, con su familia puedo ver a un gran hombre con ojos brillantes y firmes manos. Hoy, le miro y me admiro de poder compartir algo más que susurros y pisadas en la arena…

Ais! no sé que me pasa pero hoy estoy melancólica. Quizás todo comenzó al darme cuenta de que gracias a él estoy aquí, pudiendo abrirme como una flor en plena primavera

¿Sabéis? una vez fui una gris golondrina que se escondía de la luz del sol. Me gustaba creer que la lluvia era mi hogar y, quizás durante un tiempo, así debió ser. Pero él llegó a mi oscuro rincón y colgó una estrella de color naranja centelleante. Me recogió en sus manos y me sonrió desde su desnudez y ahí, justo ahí, está mariposa comenzó a nacer.

Este lunes rodeada de bellas mujeres con sus maravillosos compañeros, me paré a pensar. Ahí estaba él, rodeado de niños y cachorros, jugando alegre y no pude evitar emocionarme al sentir que él es el padre que “nuestros” hijos buscan… que mi Ser anhela…

¡Qué afortunada soy! a mi lado Camina un intrépido aventurero, un divertido pirata… un tierno mago, un loco argonauta…

“pájaros en la cabeza ¡y a volar!”…. sí, así es mi precioso Cóndor. Surca los cielos para mostrar la primavera de la Vida a esta golondrina…

Sin él no habría doula, sin él no habría veranos en febrero… sin él sería menos yo.

Gracias a él me re- encontré conmigo.

Alejandro, te amo, mi fiel Amigo

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