Yo, mujer

Cómo se llena la boca al hablar de igualdad y de libertad. Cómo nos garantizan que el mundo ya comprende la cuestión femenina. Hoy, con las lágrimas corriendo por mis mejillas, me pregunto qué carajo es la cuestión femenina. Yo sólo entiendo de la causa de la humillación y abuso hacia la parte mayoritaria de la población: las mujeres.

“¡uau Erika! ¿qué te ha pasado? ¿dónde se ha ido la dulzura?” La dulzura sigue aquí para el momento que sea  necesaria porque lo que ahora vengo a compartir, a mi rincón, es la realidad enfocada desde la perspectiva de la mujer despierta. Ningún ser humano y menos aún mujer (en todas sus edades y condiciones sociales) ha de permitirse ignorar lo que ocurre con sus hermanas y con ella misma.

Hace unos días traje a mi mente algo que, cuando era pequeña, le decía a mi padre:

“aita, no sé que haría si perteneciera a una minoría oprimida y maltratada. Sin duda me rebelaría. No podría soportar ver cómo las injusticias suceden una detrás de otra sin que nadie diga basta. Si yo fuera uno de ellos… no sé lo que haría, pero sin duda algo haría”

Cuánta premonición… Hasta hace un tiempo no caí en la cuenta de que ya pertenecía a un pueblo oprimido (y ahora no hablo de cuestiones políticas de los vascos y el resto del mundo). No se trataba de una minoría, como dije, sino de una inmensa mayoría, porque pertenezco al pueblo de las mujeres, pueblo oprimido y explotado por encima de razas, religiones y estatus económico. En esto estamos todas igual de jodidas (entiendo que esto es la igualdad??). Alguna hermana me dirá “pero estamos mucho mejor que hace 20o años” Por supuesto que sí, pero no avanzamos con el tempo adecuado. Porque lo que ahora ocurre en occidente es la invisibilización de nuestra desigualdad. Con la idea de salir a trabajar fuera de casa solucionamos todo. Pero ¿qué ocurre de puertas para dentro? ¿qué sigue pasando con nuestra sexualidad? ¿qué hay de cómo vivimos nuestros embarazos y nuestros partos? Seguimos creyendo que nuestro cuerpo es sucio. Seguimos claudicando ante dietas milagrosas con la idea de ser aceptadas y así amadas, porque sin un hombre ¡estamos incompletas! y más tarde ¡sin hijos no seremos mujeres al 100%!.

Hermanas ¿os suena de algo esta historia?

En nuestro propio país se mutilan niñas, se las obliga  a casarse con hombres más mayores que ellas, se las desalienta a seguir con sus estudios, se les habla de su cuerpo y mente como algo sucio… claro alguien dirá: “ya, pero son las inmigrantes” Acabáramos, ¿no son acaso nuestras hermanas también? Os invito a ver fotos o documentales sobre **niñas mutiladas. Algunas diréis “no hace falta, qué mal gusto” y yo, queridas, os diré que ¡SI QUE HACE FALTA! Hemos de dejarnos emocionar por la locura, por la atrocidad de este patriarcado GLOBAL. De este modo cogeremos el coraje que tenemos como mujeres lobo y aullaremos para proteger a nuestra manada. África ya no queda tan lejos hermanas, África está en nuestros barrios y en ellos viven pequeñas que serán mutiladas sino se ayuda a su familia a tomar conciencia.

Pero esto sin duda es más sencillo para nosotros, los occidentales, que para otras culturas, porque nos encanta señalar con el dedo y etiquetar a los demás, sobre todo si son “negritos”. Pero ¿qué hay de la violencia machista (aquella fruto del patriarcado) en los diferentes ámbitos de nuestro día a día? La violencia obstétrica (entre las demás que existen) es aquella que muchas habéis padecido al haber sido rajadas, olvidadas, anuladas, tocadas al disponeros a hacer algo tan viejo, natural y mágico como parir. Todo esto en pro de la salud y el desarrollo médico. Muchas mujeres relatan estos episodios como violaciones y, permitidme que os diga que, para mi, lo son.

Y ¿qué hay de los abusos a niñas? ¿cuántas somos? ¿cuántas aún calláis, hermanas? Yo hablé después de años de silencio, pánico y culpa. Lo hice para que mi voz diera voz a otras niñas, adolescentes, mujeres. ¿Mi delito? ser niña, ser de esa mayoría declarada “patrimonio de la humanidad” de la que todos pueden hacer uso y disfrute. En el juicio nadie se cuestiona cómo se siente esa niña, cómo se recompondrá la muñequita rota… algún día… si es que algún día puede juntar las piezas del macabro puzzle…

Escribo desde la emoción más intensa. Escribo desde la Voz de mi Útero. La Diosa sabe que todo lo que hago es por y para mis hermanas. No me importa si alguna de vosotras me siente agresiva, no simpatiza, cree que exagero. Yo sigo en la brecha, porque como le dije a mi padre:

“Si yo fuera uno de ellos… no sé lo que haría, pero sin duda algo haría”

Bien, soy una de ellas y ya sé lo que voy a hacer: dar voz, caminar firme, respirar sin miedo, sentirme digna, preservar mi poder y ofrecer mis brazos para acoger a cada hermana en el momento que me necesite.

Esta es mi promesa de Vida.

¿Cuál es la tuya, hermana?

**Sobre la mutilación femenina:

**Gran Re-evolución:

5 comentarios para “Yo, mujer”

  • ¡¡¡Así se habla!!! Completamente de acuerdo Erika, me has emocionado… Beso y comparto!

  • Nadia dice:

    Para mí el problema más gordo que tiene la mujer occidental es creerse que ha ganado la partida al machismo. “No quieres que te margine com a una mujer? ok, pues sé un hombre”. Tenemos el síndrome de estocolmo y a la que se atreva a rechistar se la señala como machista, se la acusa de querer volver a encerrarnos a todas en casa.
    En otras culturas ellas son víctimas de la falta de medios y nosotras tenemos tantísimos que nos traiciona la vanidad.
    Sigue en ello Erika!

  • Mara Luquero dice:

    A mi también me has emocionado e inspirado. Lo que se me ocurre es tan largo que aquí no cabe, pero cuando lo termine lo compartiré contigo. Solo decir que aún no hay igualdad, por mucho que se le llene la boca a cualquiera. Ni aquí ni en ningún sitio hay igualdad.

  • Erika, eres un MUJER increible…. <3

  • Ella dice:

    Cuánto daño sigue haciéndonos el sistema patriarcal…está tan interiorizado que muchas veces incluso nos descubrimos a nosotras mismas cometiendo micromachismos sin apenas darnos cuenta de que, por pequeños que sean, algún día terminarán volviéndose en nuestra contra.

    Pero no, no…ni mijita, diría mi madre.

    No necesitamos ser protegidas, somos mujeres independientes y libres y por suerte hoy estamos conociendo las verdades ocultas sobre NOSOTRAS, esas grandes mujeres que durante siglos hemos sido prácticamente invisibles.

    Por eso, sigamos por este camino, luchando, por recuperar NUESTROS derechos y privilegios.

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