Archivo de junio de 2011

el baúl de las madres

¿¡Dónde están que no las veo!?

¿Las dejamos marchar? ¿Nos dejaron llegar?

Hablo de nuestras madres, de las mujeres que nos gestaron, de las que nos parieron, de las que nos criaron (que no tienen porque ser las tres en una)…

Observo continuamente que algo aquí está oculto o, quizás ocultado. Pocas hablamos de nuestras madres y más pocas aún hemos reconocido su lugar en nuestra historia de vida.

Que conste que yo no me siento una iluminada por haber llegado a situar a mi señora madre en el justo lugar que le corresponde. Ha sido un largo proceso de tinieblas y de mucho dolor, que sé bien que hicimos entre las dos y que me niego, ahora, a contabilizar los pasos de la una y de la otra. La cuestión es que andamos y que nos encontramos. Quizás por poco tiempo, quizás a veces con más espacio para ver en mi pupila su pupila…

Quizás fue la humildad de saberme hija de una mujer, más allá de hija de una madre… porque mi madre, Ana Rosa Rodríguez Ruiz, es ante todo mujer. El amor con un hombre, mi padre, mi venida al mundo y su consentimiento de albergarme en su vientre, le hizo madre. Sin embargo antes de que yo llegara y después de mi llegada mi madre era y es mujer.

Ella tiene sus deseos aún ocultos por miedo a no ser la madre que la sociedad o yo esperaba, pero ¿es esto cierto? sinceramente, no lo sé. De nuevo, vuelvo a hablar por ella como hace toda hija que cree tener derecho de decir sobre su madre lo que desea o no. Estoy muy cansada de mostrar, ante mi y ante el mundo, a mi madre como una sufridora del patriarcado, como una mujer anulada que me transmitió un rol de mujer que no me gusta. Esto no es cierto. Mi madre, que es mujer, me dio el mundo y al mundo como dice Mª Milagros Rivera Garretas. Ella fue y es garante de mi libertad, tejiéndola desde el silencio y cuidando de cada detalle para que yo fuera quién soy en realidad.

Podrás pensar que esto sólo lo hizo mi madre pero estoy segura de que la tuya también lo hizo. Siente bien y mírate en el espejo ¿qué gesto vive en ti? Ella es el único origen. Los destinos son varios, en cambio el origen existe y es uno. Nosotras mismas somos las que lo obviamos porque  duele, sin embargo sin volver a él, no hay camino real  fructífero, sólo ilusión.

Cuando se habla de crianza consciente, amorosa, siento que no es completa ni posible sin reconocer a nuestra madre. Y por reconocer no hablo de amar a la madre – como explica Luisa Muraro en El Orden simbólico de la Madre-  pues hay casos en lo que amar cuesta tanto… Hablo de saber de dónde venimos para ser conscientes de hacia a dónde vamos. Esta elección del camino es responsabilidad nuestra y no hay evolución más allá del patriarcado si continuamos creyéndonos hijas del vacío. Si nuestras madres siguen en el baúl, amordazadas porque su voz nos hace girones el alma, nosotras no seremos quienes realmente somos. Nuestras niñas han de poder ver que sus madres de carne y hueso están, que tienen su lugar. Es posible que no sean como soñamos pero ¿son ellas cómo soñaron? ¿somos, a caso nosotras, como soñamos?¡Cuánto dolor trae la ilusión y la falta de aceptar quiénes somos y quiénes son ellas!

Muchas nos enseñaron abnegación y sacrificio y, aunque cambiemos las formas, hoy lo repetimos. Muchas de ellas no se sabían ni sentían mujeres, eran la “madre de” y la “esposa de”. Esto algunas tratamos de desaprenderlo pero, de manera inconsciente, lo reproducimos de nuevo.

Yo nací de una mujer en cuerpo de mujer, sin embargo me hice mujer al reconocer mujer a mi madre y al relacionarme con la Otra para ser la mujer que sólo yo puedo ser. Sin patrones que me limiten, desdibujen o amputen el deseo que nace de mis entrañas y que se asoma a mis manos para ser dado a luz día sí y día también.

Para ser quién soy he de hundir mi dedo en el ombligo y conectar con las emociones que me llevan a esa mujer de ojos claros, que es mi madre. Sin este recorrido sólo soy una teórica de la vida, una soñadora de tiempos perdidos. Yo sueño con los pies en la tierra, bien hundidos, donde mis raíces son honradas sean largas y húmedas o negras y retorcidas. Mi dedo en el ombligo me lleva a ella y, sin ella, YO no sería.

 

por ti, Habiba

La ausencia de tu cuerpecito me hace temblar

Tus manos ya no acarician mi cara con esa dulzura tan tuya, mi niña

tan nuestra, mi lucero…

tan de mi y de ti, pequeña flor del desierto.

El mundo que te doy es el mismo mundo que nos quita, mi niña

¡Qué diminuto se hace mi cuerpo ante la inmensidad de tu ausencia!

Mis pechos nutren tu alma, mi lucero

allá donde estés, mi flor del desierto…

Si yo fuera Habiba, si yo fuera la madre que vela la cama vacía… la de los brazos faltos de la cadencia de su peso y ronroneo… si yo fuera ella, mi alma de poetisa quedaría muda… rota… marchita.

Porque no soy ella y porque soy la otra que siente y padece de lejos, de cerca, desde el rincón de la observadora…pero sólo de la que ve lo que puede y quiere, la que llena su cama de sueños y golondrinas, porque soy yo y no ella ni otra, mis palabras más puras se ponen a sus pies. Para que nutran y acaricien su ser, para que su voz de madre cobre vida en el cuerpo de cualquier mujer.

Porque Habiba podría ser Yo y quizás ella, por mi, daría hoy su voz.

TODAS SOMOS HABIBA

pariendö letras

Reviso y me atasco. Respiro y sigo caminando sin embargo creo que es momento de parar y mirar, perder la mirada en todo lo acontecido y reflexionar…

¿me acompañas?

No encuentro las palabras que nombren lo que se cuece en mi y sin ellas estoy perdida, temo no encontrar el modo de dibujarme y que tú, compañera, no puedas verme tal y como me siento esta noche de primavera …

Miro los libros recién paridos en la estantería y tomo conciencia de que viví está gestación sin tiempo, de lejos, con prisas y con la entrega de la hoja, que en el buen otoño, se deja caer… Leo a mis compañeras y algo palpita en mi, sin duda cada una vivimos una preñez bien diferente… Mismo bebé, distintas mamás y mil tonalidades para este sentir de parir letras tejidas de una en una … de cien en cien…

Después de estos meses estando allá y no acá, vuelvo a mi, a Casa, aturdida, con ganas, pero aturdida… Qué diferente soy de la que fui y cuánto más diferente seré mañana…

¿hermana, a ti te ocure como a mi?

Hace una semana tome la decisión de sentarme aquí a escribir, de manera perenne con miedo a resultarme “caduca”. Gracias a los acontecimientos acepto el reto de poner palabra a mi innombrable más denso y también al más intenso y, porqué no, al más íntimo y al divertido también.

He tomado la firme decisión de parir escritos en lugar de hijos e hijas de carne y miel.

¿sabes qué, amiga?

me siento completa al entregarme a mi y a las teclas y a los cuadernillos y a las servilletas de papel. Por primera vez

he

seguido

soñando

y me he creído libélula en mi propia nebulosa.

me siento.

ni bien ni mal, siento cada vello de mi piel erizarse al reconocer el camino a andar.

¿qué pasó con la maternidad?

te lo c.o.n.f.i.e.s.ö:

soy madre de letras y susurros en retales de papel

mis descendientes se diluyen con la lluvia aún siendo inmortales

así gesto yo, así nutro yo

a mi desde mi,

soy mi propia madre y mi propia hija… es el reflejo de la trinidäd, porque la Diosa que habita en mi útero me dicta al oído y yo, por fin, acepto…

Gracias a las 14 hadas y al duende que han sido pacientes y que, sin saberlo y quizás sin quererlo, me han ayudado a parirme sin tapujos. Este hijo de las 15+1 será mi primogénito y hermano mayor de muchos otros …

Gracias…. infinitas, gracias

las 15 autoras somos,

Enric Boix, diseñador