el baúl de las madres

¿¡Dónde están que no las veo!?

¿Las dejamos marchar? ¿Nos dejaron llegar?

Hablo de nuestras madres, de las mujeres que nos gestaron, de las que nos parieron, de las que nos criaron (que no tienen porque ser las tres en una)…

Observo continuamente que algo aquí está oculto o, quizás ocultado. Pocas hablamos de nuestras madres y más pocas aún hemos reconocido su lugar en nuestra historia de vida.

Que conste que yo no me siento una iluminada por haber llegado a situar a mi señora madre en el justo lugar que le corresponde. Ha sido un largo proceso de tinieblas y de mucho dolor, que sé bien que hicimos entre las dos y que me niego, ahora, a contabilizar los pasos de la una y de la otra. La cuestión es que andamos y que nos encontramos. Quizás por poco tiempo, quizás a veces con más espacio para ver en mi pupila su pupila…

Quizás fue la humildad de saberme hija de una mujer, más allá de hija de una madre… porque mi madre, Ana Rosa Rodríguez Ruiz, es ante todo mujer. El amor con un hombre, mi padre, mi venida al mundo y su consentimiento de albergarme en su vientre, le hizo madre. Sin embargo antes de que yo llegara y después de mi llegada mi madre era y es mujer.

Ella tiene sus deseos aún ocultos por miedo a no ser la madre que la sociedad o yo esperaba, pero ¿es esto cierto? sinceramente, no lo sé. De nuevo, vuelvo a hablar por ella como hace toda hija que cree tener derecho de decir sobre su madre lo que desea o no. Estoy muy cansada de mostrar, ante mi y ante el mundo, a mi madre como una sufridora del patriarcado, como una mujer anulada que me transmitió un rol de mujer que no me gusta. Esto no es cierto. Mi madre, que es mujer, me dio el mundo y al mundo como dice Mª Milagros Rivera Garretas. Ella fue y es garante de mi libertad, tejiéndola desde el silencio y cuidando de cada detalle para que yo fuera quién soy en realidad.

Podrás pensar que esto sólo lo hizo mi madre pero estoy segura de que la tuya también lo hizo. Siente bien y mírate en el espejo ¿qué gesto vive en ti? Ella es el único origen. Los destinos son varios, en cambio el origen existe y es uno. Nosotras mismas somos las que lo obviamos porque  duele, sin embargo sin volver a él, no hay camino real  fructífero, sólo ilusión.

Cuando se habla de crianza consciente, amorosa, siento que no es completa ni posible sin reconocer a nuestra madre. Y por reconocer no hablo de amar a la madre – como explica Luisa Muraro en El Orden simbólico de la Madre-  pues hay casos en lo que amar cuesta tanto… Hablo de saber de dónde venimos para ser conscientes de hacia a dónde vamos. Esta elección del camino es responsabilidad nuestra y no hay evolución más allá del patriarcado si continuamos creyéndonos hijas del vacío. Si nuestras madres siguen en el baúl, amordazadas porque su voz nos hace girones el alma, nosotras no seremos quienes realmente somos. Nuestras niñas han de poder ver que sus madres de carne y hueso están, que tienen su lugar. Es posible que no sean como soñamos pero ¿son ellas cómo soñaron? ¿somos, a caso nosotras, como soñamos?¡Cuánto dolor trae la ilusión y la falta de aceptar quiénes somos y quiénes son ellas!

Muchas nos enseñaron abnegación y sacrificio y, aunque cambiemos las formas, hoy lo repetimos. Muchas de ellas no se sabían ni sentían mujeres, eran la “madre de” y la “esposa de”. Esto algunas tratamos de desaprenderlo pero, de manera inconsciente, lo reproducimos de nuevo.

Yo nací de una mujer en cuerpo de mujer, sin embargo me hice mujer al reconocer mujer a mi madre y al relacionarme con la Otra para ser la mujer que sólo yo puedo ser. Sin patrones que me limiten, desdibujen o amputen el deseo que nace de mis entrañas y que se asoma a mis manos para ser dado a luz día sí y día también.

Para ser quién soy he de hundir mi dedo en el ombligo y conectar con las emociones que me llevan a esa mujer de ojos claros, que es mi madre. Sin este recorrido sólo soy una teórica de la vida, una soñadora de tiempos perdidos. Yo sueño con los pies en la tierra, bien hundidos, donde mis raíces son honradas sean largas y húmedas o negras y retorcidas. Mi dedo en el ombligo me lleva a ella y, sin ella, YO no sería.

 

7 comentarios para “el baúl de las madres”

  • ¡Gracias, Erika! Tú no serías sin ella y ella no sería la mujer que es sin ti. En el feminismo de hace tiempo combatimos para que el ser mujer y el ser madre no fueran lo mismo, y esto está ganado. Pero sin ser mujer no se puede ser madre. Entre una hija y la mujer que era su madre antes de concebirla hay una atracción fuerte como la gravedad.
    Me gusta tu idea de honrar las raíces porque es honrarte a ti.

  • almadedoula dice:

    Gracias Milagros! gracias a las mujeres feminsitas de otras generaciones, nosotras las jóvenes podemos continuar el legado. Cada cual desde su sentir-se mujer. REconcoer la geneología es el fundamento…
    Gracias!!!

  • Laura dice:

    Gracias Erika:
    Me ha removido un montón leer este post. Ahora estoy enfadada con mi madre y siento esperanza al ver una hija que honra a la suya. Me ha gustado leerte.
    Un abrazo

  • almadedoula dice:

    Laura
    como dice Victoria Sau para amar a la madre verdadera antes una ha de odiar a la impostora, a la patriarcal. La rabia tiene sentido y, bajo mi sentir, se ha de poder msotrar ante una para identificar y dar forma…
    Honro a mi madre porque pude detestarla y distinguir
    abrazo intenso
    Erika

  • Monica dice:

    Agradezco de verdad este texto.
    Llegué por casualidad a tu blog y te leo de vez en cuando. Me siento a veces muy identificada, y otras simplemente disfruto de las imágenes que evocas o aprendo de tu sentir.
    Sin embargo este post en concreto me remite a cosas que recién acabo de empezar a reconocer, y me falta tanto por procesar. En ello estoy, día a día, sin saber muy bien a veces por dónde llevar tanto material oculto… Mencionas a Victoria Sau y a Luisa Muraro, ¿podrías recomendar algún libro en concreto que nos ayude a orientarnos a las que todavía estamos tratando de diferenciar el conflicto de las raíces? Gracias, y gracias por mostrar todo lo que compartes en este blog.
    Un abrazo

    Mónica

  • almadedoula dice:

    Me alegra y me llena, Mónica que sientas lo qe escribí en ti. Gracias por dejarte rozar pues este tema cuesta mucho…
    Luisa Muraro escribió “El orden simbólico de la madre” y está ya descatalogado. Es una lástima pero creo que se re-editará con nuevos apuntes. En sí el pensamiento político de la diferencia de la librería de las mujeres de Milán tiene como base el reconocer el lugar simbólico y real a la madre real y simbólica. Quizás saber algo más de los estudios del Master de Duoda (que curso) te oriente: http://www.ub.edu/duoda/
    y http://www.raco.cat/index.php/DUODA

    Por otro lado el libro de “madres e hijas” de Christiane Northrup es inspirador …

    Es tirar del hilo y comenzar a tejer :) )

  • Monica dice:

    Genial, estoy poniéndome al día en cuanto a la Librería de las mujeres de Milán -que no conocía- y el feminismo de la diferencia. Creo que voy a intentar hacerme con “El orden simbólico de la madre”. Gracias :)

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