mi cuerpo, mi templo

Empiezo por el principio y traigo lo que ahora siento. Me miro en el espejo y comparto, con quien me quiera sentir, la historia de mi cuerpo.

Mi cuerpo (es decir yo, porque sin cuerpo no sería quien soy) tiene 27 años 6 meses y 12 días. Yo ,he vivido tantos años ajena a mi cuerpo que hasta hace unos meses creía que mi “yo” y mi cuerpo íbamos por separado. Esta incultura del cuerpo me llevó a apalearlo, romperlo, desfigurarlo, desdeñarlo, intoxicarlo, violarlo y regalarlo. Sí, creyendo que mi mente, mi espíritu y mi cuerpo tenían caminos propios y diferenciados me dejé caer, me perdí en el encanto de “cultivar la mente y el espíritu”, dejando atrás la materia orgánica que me permite ser en este mundo.

Mi cuerpo habla y mi cuerpo-yo- narra las historias de una niña esbelta, que al llegar a la ciudad de alcantarilla, comenzó a engordar de la pena. Una niña de 5 años esbelta pasó a ser  una niña de 9 años gordita que se convertiría, años más tarde, en una adolescente con un desorden alimenticio consciente. Y digo bien al decir consciente, pues fui muy consciente de lo que hacía y el porqué. Yo deseaba ser aprobada. No aspiraba a ser querida, pero sí que deseaba dejar de ser ridiculizada y observada con sorna. Con ser invisible podía conformarme, así que comencé por lo más visible de mi: el cuerpo. Cierto es que con ello, también vino la adaptación al medio de mis principios y mi mente. Necesitaba ser una más y ser tan diferente me paralizaba cada noche de domingo. Sí, decidí ser delgada y lo conseguí. Rápidamente las cosas cambiaron. La cuestión fue que yo, destruyendo mi apetito, conseguía tomar el control de mi autoestima. Era un asesinato prolífico y así se lo hice saber a mi terapeuta.  A ella le pedí que avisara a mi madre y a ella le conté la premeditación de mi inconsciente manifestado. Cuando quise, volví a comer sólo que esta vez las emociones no me llevaban a comer para protegerme de lo de afuera, sino que ahora la nada era la mejor porción.

No, no me jacto de esto. Pero ya no me culpo. Sobre mi cuerpo disociado en espíritu y materia, lancé un órdago y creí ganar. Nada más lejos de la realidad. A partir de ahí, mi cuerpo paso de ser de mis padres a de desconocidos. no sólo hablo de novietes, también de amigas sibilinas, profesoras socarronas y por supuesto, de la medicina y sin dudarlo del medio social. Erika ya no era tan gorda, ni tan fea, ni tan empollona ni tan rara. Erika ya podía ser aceptada. Todo esto a cambio de romperse en silencio, con el disimulo que una preciosa pre-puber ha de aprender. Juraría que hasta mi abuela me miró con otros ojos…

Este comienzo-pues no es más que el comienzo-lo sentí como fruto envenenado durante muchos años. Es ahora cuando puedo verlo como un acto de acercamiento a la realidad corporal. Por entonces, sin ser consciente de ello, mi Cuerpo me decía que por separado no podíamos ir y que lo que había en mi era exactamente lo que él reflejaba. No me siento culpable por haberme privado de comer, haberme intoxicado o haberme regalado a manos torpes. Todo esto formaba parte del inculto culto al cuerpo y yo, necesitaba de este aprendizaje.

Ahora bien, sin culto al cuerpo -consciente- no hubiera sido capaz de amar cada centímetro de esta perfección que me trae y me lleva en el mundo. Me explico:

A sabiendas de no tener un cuerpo de anuncio, siempre cultivé mi mente. Tanto que podría hablar de vigorexia mental. Después pasé al culto espiritual y me quedé levitando sin saber donde habitaba. La evidencia lo gritaba, habitas en un cuerpo de mujer y además no es cualquier cuerpo es TU cuerpo -Imaginaos lo doloroso que fue descubrir que por ser mujer tendría que vivir con mis marcadas caderas y mis finos antebrazos- Fueron los dolores de regla los que me hicieron volver al cuerpo. Fue mi cuerpo el que aulló y el que me mostró su belleza, en los momentos en los que mi mente descansaba de sus arduos ejercicios.

Ahora con esta edad descubro el amor por el ejercicio. Sentir cómo mis músculos palpitan me llena el cuerpo de gozo. Mi cuerpo, el que me habla de placer, me susurra desde lo más profundo de mi útero qué deseo y cómo lo deseo. Mi sagrado cuerpo nunca me guardó rencor porque sabía que él y yo éramos uno. Mi cuerpecito me besó cada cicatriz y se doblegó con dulzura cada vez que, yo sola, decidía romperme en pedazos.

Este cuerpo mío que venero y rindo culto es el mismo cuerpo en el que mis hijos/as habitarán si yo- y ellos/as lo deseamos  y por ello he de saber, desde ahora, que es mi templo sagrado. De él nacerán porque él se abrirá, derramado, a la flor de la Vida- Muerte. Mi ser no es posible sin éste, mi cuerpo. Por ello YA me amo. Por ello YA me cultivo. Porque al romper con el patriarcado y sus cultos-incultos, vuelvo a la materia con la mirada llena de agradecimiento y las manos preñadas de caricias para éste, mi templo. La tiranía del culto a la mente y el culto al cuerpo termina en mi. Vive por fin el culto a la Vida que soy en el esplendor de mi ser hecho carne.

13 comentarios para “mi cuerpo, mi templo”

  • Caro dice:

    Dios mío, Erika :)

    Voy a tener que esforzarme si quiero dejarte un comentario, porque me has dejado sin palabras.

    Me recuerda al post que hace unos días escribió Nohemí, a los que ha escrito Ile, Louma o yo misma, acerca del mismo tema. Y creo que es algo muy hermoso. Ser capaz de sincerarse con una misma, y luego contárselo al mundo, porque con suerte, alguien más que lo lea le puede dar pie a atreverse a hacer lo mismo, y sentirse después mucho mejor. Liberado de una prisión. Nuestros cuerpos físicos de mujer libran duras batallas desde que nacemos, practicamente. Siempre en busca de la aceptación de los demás…

    Un millón de gracias por tu reflexión BELLA mujer :)

  • anna dice:

    Dulce amiga, tu sinceridad, tu sabiduría, me encantan…..creces de forma tan bella y tan consciente. Te mando un gran abrazo para celebrar como eres. Estoy segura que seras una mama bellísima de dentro hacia fuera, de abajo hacia arriba y al revés.
    un beso bella Erika. Sinceramente, anna.

  • Con la piel de gallina Erika, gracias por compartirlo! Un beso, Myriam.

  • Siluvene dice:

    … he aplaudido.

  • Muchas gracias por compartir tus sentires. Yo aún no soy capaz de amar mi cuerpo como sé que merezco y leerte reconciliada me da esperanzas que algún día sea posible también para mí.
    Abrazos de carne y hueso!

  • Susi dice:

    Érika, yo creo que me quedaré un ratito temblando de emoción. Con qué precisión eres capaz de contar y transmitir algo tan impreciso!!

  • Madi dice:

    Y ole con ole. Sí señora, y es que hay que perder para saber qué se gana. A mí me pasa que una carrera o un baile hace que me aprecie más como soy y no como me hubiera gustado ser, porque en nuestros “defectos” somos únicos.

  • almadedoula dice:

    cada arruga de mi piel, cada pliegue es hermana..hermano de vuestros gestos…. de vuestro cuerpo de Mujer.
    Me costó quitarme el sabor de boca, algo amargo, que me dejó el miedo a desnudarme tan brutalmente ante vosotras… ante mi familia que me lee…
    Los fantasmas del “respeto” vinieron a visitarme sólo que sabía que el único respeto del que soy profesa es del respeto a mi misma y a lo que dictan mis entrañas. Con lo que, desnudarme, así, para vosotras… ha sido un placer.
    abrazo intenso
    Erika

  • Amamadoula dice:

    El vello erizado y las lágrimas rodando… Valentía y amor se unen en este escrito, reflejo de tu alma de mujer, de tu alma de doula.
    Gracias por compartir esta parte íntima de tu vida, es un placer para mí conocerte así y espero, en breve, compartir también un abrazo.
    Con Amor

  • Un placer descubrirte a través de siluvene. Me han emocionado tus palabras, o mejor dicho, tu actitud. Un beso,
    Ana.

  • Esta vez pude contener las lágrimas… Es verdad lo que dice Caro, cada una que escribe sobre este tema – sale del closet, se desnuda – puede motivar a otras mujeres a emprender el camino de amarse a sí misma :) Acabo con una gran sonrisa, Erika, me encanta cuán circular quedó el escrito, como empezaste en ti misma y luego de un largo camino volviste a casa…

    Yo también me repito esa frase constamente, desde que comencé a hacer yoga hacia los 18: Mi cuerpo es mi templo y desde que soy mamá lo es mucho más.

    Abrazos!

    Louma

  • almadedoula dice:

    llego tarde pero llego. Ante todas, con mi sombrero en mano, me inclino y os sonrío. Me sentís desnuda y me amáis como muestra mi carne… por ello gracias… desde lo más profundo de mi suave pellejo

  • susana moo dice:

    Qué hermosa reflexión. U oración a la mujer que eres, que somos.

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