Archivo de diciembre de 2011

Muriéndome

Me voy a morir. Como tú, cualquier día de éstos mi cuerpo parará. Cualquier día…

Hoy, corriendo, he sentido que mi mortalidad, lejos de ser mi mayor temor, es lo único que garantiza mi libertad así como mi compromiso con la vida.

Son días en los que vuelvo a sentarme en zazen. Hacía un año y medio que no iba al dojo, que no practicaba acompañada sintiendo ser una parte del Todo. La primera vez en mi vida que acepto volver al lugar del que me fui. El miedo nunca me permitió dar la vuelta sobre mis pasos. Hasta ahora, que sé que sentada en zazen… soy. Antes recuerdo que iba a causa de mi idilio nipón, me sentía cómoda atendiendo al detalle del presente pero en mí había intención, la sed de la que busca que siempre conduce a la insaciabilidad y a la apatía. Fueron varias cosas las que me llevaron a abandonar, aunque nunca dejé de sentarme en zazen. Inspirada por las palabras de mi madre que ,ante una crisis ella me dijo que “lo único que necesitas para vivir es una mente fuerte” y removida por una amiga de facebook que sin querer quererlo me hizo ver lo que cuidaba a mi *sangha, decidí -como ya he dicho- volver. Esta vez, sentada, he visto cómo se desvanecían mis intenciones. Sin provecho. Sin interés. Sentarme por sentarme.

Agotada de tanta intelectualidad derivada del máster, harta de tanto conocimiento literario, desbordada de tantas ideas he decidido vaciarme. Me he cansado de seguir enferma. La occidentalitis me estaba devorando. La neurosis de esta sociedad no puede ni debe sobrepasarme. El miedo, el gran aliado de los “poderosos” va saliendo de mi cuerpo. No hay espacio para él porque yo lo decido, por el simple hecho de que asumo que soy mortal ¿qué pretendo preservar en mis manos fuertemente agarradas? Lo que estimo no puede ser abarcado, ni medido, ni ordenado. Esta vida que me atraviesa merece ser vivida y vivir ,sólo puede hacerse desde la dignidad. No hay lecciones a dar. Estoy abandonando el hábito de pensar y no actuar. Todo tiene su pensamiento y su acción justa.

No es sencillo estar sentada manteniendo una postura. No es sencillo dejar que los pensamientos me atraviesen y no ir corriendo a desmenuzarlos y revolcarme en ellos. Cuando se ha adquirido un vicio, dejarlo implica esfuerzo, voluntad y la compañía de quiénes vivieron y viven este proceso. El ser humano, hombre y mujer, vive fuera de su normalidad. Quizás vive de un modo infra-normal. De manera enfermiza se cree todo lo que pasa por su mente y actúa, si se decide, guiado por la voz de sus fantasmas. El miedo… a morir sólo se padece cuando una/o se dibuja inmortal. Esta mentira nos lleva a la locura. Basta con mirar sobre qué se basa esta sociedad. Evitar la muerte a costa de la vida de otros/as, es el cimiento de esta enferma civilización.

Mientras vivas, vive. Cuando toque morir, muere. No hay más. El resto son vueltas de cabeza que nos llevan a enloquecer. Creamos estúpidas teorías para justificar nuestra mente enferma. Cuando comas, come. Cuando leas el blog, lee el blog. No es necesario nada más. Ni invertir en cursos, ni estudiar doctas carreras. La sabiduría se descubre cuando nos dejamos penetrar por la vida. Ésta no se alcanza, porque ésta ya está dentro de nosotras/os. Nadie viene a traérnosla por Navidad. Es una revolución interior que cambia todo lo que toca. Es en relación con las/os otras/os cuando extendemos la revolución. Sin la comunidad no somos, pero sin ser en mí, la comunidad no Es.

Me voy a morir…algún día. Ahora que estoy viva, vivo. Todo lo que aquí y ahora acontece es algo más, valioso en su justa medida, pero también pasará. Esto no es la Vía de “los/as elegidos/as” es la Vía humana, que hemos de retomar si de vivir se trata.

 

 

Para mí, la práctica de zazen es de igual valor que ducharme o comer. Gracias a este año y medio “fuera” he aprendido a darle el valor que merece. Si te interesa, mi dojo es éste: Dojo Zen Barcelona

*Sangha: comunidad de personas que se sientan en zazen acompañadas por un/a maestro/a Zen

Maestro Taisen Deshimaru