Archivo de marzo de 2012

Mi no-maternidäd

Erika Irusta Rodríguez.

Vizcaína. Residente en Catalunya

No tengo hijos/as nacidos/as.

Llevo 3 años 1mes y 28 días deseando y tratando de ser madre.

Hace 3 años 1 mes y 28 días perdí a mi bebé a 4 semanas y 6 días de gestación.

Tengo 28 años 2 meses y 17 días.

Soy joven. Sí ¿y?

Estoy sana. Sí ¿y?

Estamos enamorados. Sí, mucho ¿y?

Disfrutamos de nuestra vida. Tenemos trabajos que nos gratifican. Vivimos en una preciosa casa en un pueblo de ensueño. Sí ¿y?

Comemos comida ecológica desde hace 4 años. Hacemos deporte y nuestras “necesidades espirituales” (que término más ostentoso) están cubiertas. Sí ¿y?

Reímos mucho. Nos amamos mucho. Disfrutamos de la vida por los 4 costados. Sí ¿y?

Estoy conectada con mi ciclo menstrual. Conozco al dedillo mi cuerpo de mujer. Sí ¿y?

Hemos escrito cartas a nuestra criatura soñada. Sí ¿y?

Hemos tomado complejos alimenticios, semillas  e historias varias. Sí ¿y?

En las pruebas somos un 10. En todo somos un 10. Soy una mujer 10 -eso dicen- Sí ¿y?

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.

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No me quedo embarazada y hemos cumplido todos los requisitos médicos y espirituales de los anuncios de fertilidad.

¿Enfadada?

ya

no.

Después de embarazos de familiares propagados como un maravilloso virus… después de amigas que repiten y tripiten maternidad… después de compañeras de maternidades-deseadas-pero-no-conseguidas que logran ser mamás… yo sigo aquí, sentada en el banquillo. Esperando a que una preciosidad de morritos de fresa y ojos grises me saque a bailar.

o no.

Esta es la espinosa parte que nunca me atrevo a escribir. Gracias al Facebook de almadedoula y a este link se ha abierto mi caja de Pandora.

¿Y si jamás de los jamases siento sus diminutos pies dentro de mi cuerpo? ¿Y si sus manitas nunca llegan a acariciar mi pecho, nutriéndose de mí? Y si… Y si… y por fin, ya no me rompo.

Hace un año estas cuestiones me mataban, me clavaban contra la fría y metalizada duda. Ahora, duele, pero se amortigua sabiendo que sea lo que sea no puedo ni debo controlarlo. Controlar su vida antes de que se haga carne es cruel. No me hubiera gustado llegar así a mis padres -yo fui una niña que aterrizó por sorpresa, impaciente hasta para venir a este mundo- Me gustaría que mis hijos/as llegasen cuando deseasen llegar. Porque yo no sería la misma si hubiese nacido 3 días antes o un año después. Pero si no llegan, también lo he de respetar, duela lo que duela – que duele mucho- Y eso no significa que sea una inútil y una fracasada, que os aseguro que es lo que una siente. Pues si en todo triunfo, si en el mundo masculino tengo un buen sitio y fue duro llegar hasta aquí ¿cómo puede ser que lo más natural no pueda “hacerlo”? Como si fuera sólo cosa mía… como si mi compañero no pintara nada y el nuevo ser tampoco… Así me muevo yo cuando no me siento, a mi rollo. Con mis dudas y mis culpas, mis pesquisas cogidas con pinzas y la rabia contenida por una sonrisa forzada que se estampa contra la cara de la doctor(a)

“si no es del útero, será un hijo/a del corazón” me digo, nos decimos mi pareja y yo. Es harto difícil adoptar pero es otro camino hacia la maternidad. Apasionado, intenso, lleno de dudas, temores… parecido (con sus diferencias) a la maternidad biológica.

Pero… no me quedo a gusto, porque mi deseo es sentirle/a dentro de mí. Así que sé que NO estoy preparada para adoptar. Pues una criatura (de la edad que sea) del corazón, necesita ser amado por lo que es no por lo que sustituye. Mi bisabuela Eulali tuvo dos nombres (Bitxuri y Eulalia) y hasta que no se casó con el abuelo Antonio, “el asturiano”, no tuvo el calor de una familia. Una mujer tan increíble fue abandonada en un hospicio a principios del siglo XX (no cuestiono a la madre pues siento que siempre hay razones). Nadie la adoptó como hija, sí como sirvienta. Fue devuelta porque el patrón murió. Devuelta… que palabra tan cruel… Ella nunca quiso saber de sus orígenes porque “nadie nunca la fue a buscar ni se preocuparon por ella”. Ella es motivo más que de sobra para saber que uno/a de “mis” pequeños/as será hijo/a del corazón pero al menos uno/a deseo que venga a través de mi cuerpo.

pero

y si ¿tampoco puede ser?

Pues me enfadaré mucho, mucho. Rabiaré. PERO

se pasará. Todo pasa. Deja huella pero pasa. Seguiré gestando proyectos de vida increíbles y los pariré, criaré y nutriré con todo mi cuerpo de mujer. Continuaré acompañando a las mujeres a vivirse con gozo y las acompañaré a vivir la maternidad que ellas desean vivir. Tal y como hago ahora. A veces tendré que apartarme porque me dolerá no ser la mamá. A veces me haré un ovillito en la cama esperando a que Alex recoja los restos del naufragio y me haga hueco en su regazo y me recuerde lo felices que somos, lo mucho que nos queremos y lo bien que lo hacemos.

Por el momento sigo con mi vida, tejiendo sueños, con cautela, pero sueños que me permiten poner nombres, imaginar gestos y peinar largos cabellos…

si no se hacen carne y hueso, sé que lloraré la pérdida de un gran deseo. Con el tiempo las lágrimas darán paso a las sonrisas y aunque, haya una cicatriz en mi cuerpo, seré una tía magnífica, una madrina amorosa y una viejecita amante de la vida venga en el formato que venga.

Mi pequeña peludita

A todas aquellas mujeres  compañeras de camino 

el sol de esta luna

Mis manos entre las tuyas. Mi cuerpo menudo entre tus brazos. Tus ojos en mí y mis labios, reflejo de tu juventud, dibujando un suspiro.

Así fuiste para mí. El chico de mi vida. Sol de mis días. Sabes que cuando nos vimos por primera vez, caí rendida ante ti

¿Lo sabes?

Llego a casa. Me miras como aquella primera vez. Hace tiempo que tus brazos no cubren mis nubes. Hueles a ti. A primavera tímida. A mí. Me clavas la pupila, tus gruesos labios se tuercen y con tu suavidad recién adquirida me preguntas en vacío:

¿Por qué no hablas de los padres? De nosotros, los hombres. Aquellos que como yo, hija, hemos sufrido y sufrimos lo que tú tanto combates.

Yo te veo cuando crees que no, aita. Escojo bien las palabras para hacerme entender pero no es, hasta esta mañana en la que la emoción me infla el pecho, que puedo hacerme carne a través de la palabra.

No hablo de vosotros porque pasé gran parte de mi vida hablando de ti y a través de ti. Olvidando a las mujeres, ocultando a esa mujer-origen que es mi madre. No tenía palabras para hablar sin obnubilación, sin estar enganchada a tu cadencia. No tenía el cuerpo para ser sincera conmigo, contigo y con los hombres de mi vida. Os puse en pilares de oro y rubíes. Deseaba recuperar mi espacio y el espacio que robé a las mujeres de mi vida. Por eso este silencio, que hoy, vengo a romper. Porque ya estoy aquí, junto a ti, junto a ella y junto a mí. Me siento completa y sé que soy una chica, una mujer. Lo sé y lo siento y además, me gusta, me maravilla y es desde aquí que deseaba escribirte a ti y a mis chicos.

Escucho esa canción que me cantabas, sí esa

¿cómo era?

“El cielo cruzándote los dedos,

la tierra acariciándote la espalda,

reflejos de oro el sol sobre tu pecho,

cubierto de inocencia y de deseo…”

Sí. Poco a poco me enamoré de ti. Poco a poco ese chico de 21 añitos dejó su mundo de papel  y luna para ser mi padre. De repente mis manos pequeñitas ocupaban todo tu cuerpo, te atrapé y no quisiste huir porque en mí, te encontraste tú.

Me diste la palabra bella. Prendiste de mi pelo el verbo dulce, la magia de las hadas. Me enseñaste el amor incondicional, más allá de las sombras, más allá del interés propio. Posaste sobre mi piquito el amor a lo bello. Bajo tu ala cobijaste mis miedos. Mulliste cada centímetro de mis sábanas cada vez que enfermaba. Diste cuerpo y alma a mi “devorador de pesadillas”…

Fuiste un gran padre. Sí, hubieron tormentas que amenazaron con rompernos pero, créeme es harto difícil sacarte de mis venas. De poder hacerlo, no lo hubiera hecho jamás. Ni aún con mil dolores renegaría de ti. Eres origen de estas manos frías que acarician el infinito, sabiendo que puedo llegar a él. Porque tú, me enseñaste que sólo debía obedecer a mi deseo. Creíste en mí aún cuando pensaba que estaba sola. En la oscuridad más tediosa, mostrabas tu presencia aún sin buscarlo… sin quererte allí.

Ya llegó el tiempo de las cerezas para nosotros. El sol nos revuelve el pelo.

Mientras bebes de mi sonrisa, pienso en lo bello que te veías aquel 28 de diciembre…

niño de miel… siempre serás mi chico…

“y el silencio se convirtió en sonido

por vernos para siempre tan unidos”

16 añitosCanción:Poco a poco me enamoré de ti