el sol de esta luna

Mis manos entre las tuyas. Mi cuerpo menudo entre tus brazos. Tus ojos en mí y mis labios, reflejo de tu juventud, dibujando un suspiro.

Así fuiste para mí. El chico de mi vida. Sol de mis días. Sabes que cuando nos vimos por primera vez, caí rendida ante ti

¿Lo sabes?

Llego a casa. Me miras como aquella primera vez. Hace tiempo que tus brazos no cubren mis nubes. Hueles a ti. A primavera tímida. A mí. Me clavas la pupila, tus gruesos labios se tuercen y con tu suavidad recién adquirida me preguntas en vacío:

¿Por qué no hablas de los padres? De nosotros, los hombres. Aquellos que como yo, hija, hemos sufrido y sufrimos lo que tú tanto combates.

Yo te veo cuando crees que no, aita. Escojo bien las palabras para hacerme entender pero no es, hasta esta mañana en la que la emoción me infla el pecho, que puedo hacerme carne a través de la palabra.

No hablo de vosotros porque pasé gran parte de mi vida hablando de ti y a través de ti. Olvidando a las mujeres, ocultando a esa mujer-origen que es mi madre. No tenía palabras para hablar sin obnubilación, sin estar enganchada a tu cadencia. No tenía el cuerpo para ser sincera conmigo, contigo y con los hombres de mi vida. Os puse en pilares de oro y rubíes. Deseaba recuperar mi espacio y el espacio que robé a las mujeres de mi vida. Por eso este silencio, que hoy, vengo a romper. Porque ya estoy aquí, junto a ti, junto a ella y junto a mí. Me siento completa y sé que soy una chica, una mujer. Lo sé y lo siento y además, me gusta, me maravilla y es desde aquí que deseaba escribirte a ti y a mis chicos.

Escucho esa canción que me cantabas, sí esa

¿cómo era?

“El cielo cruzándote los dedos,

la tierra acariciándote la espalda,

reflejos de oro el sol sobre tu pecho,

cubierto de inocencia y de deseo…”

Sí. Poco a poco me enamoré de ti. Poco a poco ese chico de 21 añitos dejó su mundo de papel  y luna para ser mi padre. De repente mis manos pequeñitas ocupaban todo tu cuerpo, te atrapé y no quisiste huir porque en mí, te encontraste tú.

Me diste la palabra bella. Prendiste de mi pelo el verbo dulce, la magia de las hadas. Me enseñaste el amor incondicional, más allá de las sombras, más allá del interés propio. Posaste sobre mi piquito el amor a lo bello. Bajo tu ala cobijaste mis miedos. Mulliste cada centímetro de mis sábanas cada vez que enfermaba. Diste cuerpo y alma a mi “devorador de pesadillas”…

Fuiste un gran padre. Sí, hubieron tormentas que amenazaron con rompernos pero, créeme es harto difícil sacarte de mis venas. De poder hacerlo, no lo hubiera hecho jamás. Ni aún con mil dolores renegaría de ti. Eres origen de estas manos frías que acarician el infinito, sabiendo que puedo llegar a él. Porque tú, me enseñaste que sólo debía obedecer a mi deseo. Creíste en mí aún cuando pensaba que estaba sola. En la oscuridad más tediosa, mostrabas tu presencia aún sin buscarlo… sin quererte allí.

Ya llegó el tiempo de las cerezas para nosotros. El sol nos revuelve el pelo.

Mientras bebes de mi sonrisa, pienso en lo bello que te veías aquel 28 de diciembre…

niño de miel… siempre serás mi chico…

“y el silencio se convirtió en sonido

por vernos para siempre tan unidos”

16 añitosCanción:Poco a poco me enamoré de ti

 

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2 comentarios para “el sol de esta luna”

  • Andoni dice:

    Se traban entre si las lágrimas en mi ojos, todas luchan por ser la primera en desprenderse por mis mejillas… La saliva por mi garganta tapona a forma de dique la salida a mi angustiada y seca boca…

    Una vez hace de esto muchos años, tantos que ni la memoria viva en mi recuerda, quisiera precisar el momento donde mi alma y cuerpo eran uno, le pedí al buen Dios que me diera pruebas de su existencia, que me mandase un rayito de esperanza para seguir tirando en este mundo roto de dolor y antesala del propio infierno…

    Pedí luz y me mando un Ángel, desde el día de tú concepción a la de los tiempos infinitos mi AMOR en ti por siempre…
    Tú Padre un eterno enamorado de ti Ángel mio

  • Alba dice:

    Y yo lloro al ver vuestra entrega de amor…Cuanta dulzura! Cuanto amor… Y re-descubro a mi Erika, por enesima vez, y las palabras que os unen.

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