el ángel de la casa

Un cuarto propio y 500 libras decía la gran Virginia Woolf. Una mujer necesita esto, cómo comienzo, para poder escribir. Para poder dedicarse a SU trabajo.

Pero, cuándo una tiene un cuarto propio y algo parecido a un sueldo mínimo para seguir haciendo carne su sueño llamado trabajo ¿qué ocurre? ¿Qué sucede cuando ese cuarto propio es un cuarto del hogar familiar que comparte con pelusas, ropa por doblar, una perra mimosa y un gato juguetón? ¿Y cuando una ve ese cuarto como anexo a la terraza, pegado a la cocina, lugar de encuentros y desencuentros que le hacen sentir que de propio tiene lo que la cordura al cuco? Por no hablar de las 500 libras, que si ya son un potosí en el siglo XXI no queráis saber cuánto era en 1927. Pero sin más quejas, pongamos que una tiene algo así como un cuarto propio y una manutención mensual… ¿Qué hace esa una? ¿Qué hago yo?

Pues yo hago angustias. Tejo desesperos y lucho contra la fantasma que la gran Virginia -últimamente me acompaña mucho- llamó “el Ángel de la Casa”. Dice de ella

 *Ella era quien solía obstaculizarme mi trabajo, metiéndose entre el papel y yo, cuando escribía reseñas de libros.  Ella era quien me estorbaba [...] La describiré con la mayor brevedad posible.Era intensamente comprensiva. Era intensamente encantadora. Carecía totalmente de egoísmo. Destacaba en las difíciles artes de la vida familiar . Se sacrificaba a diario. Si había pollo para comer, se quedaba con el muslo [...]

Así es ella. Ocurre que, 81 años después, este Ángel sigue vivo en el cuerpo de una joven de 28 años, con carrera universitaria, alumna magistra y trabajadora por cuenta propia. Esta maldita fantasma es la que toma mi cuerpo y me culpabiliza por desatender “mis tareas”. Me susurra, cada día, como buena dama

“Querida la casa está un poquito desordenada ¿Por qué no la adecentas un poco? Total es tu lugar, trabajas en casa y es tu templo”

o

“Piensa en qué harás hoy para comer y qué harás para cenar. Has de sacar partido a las ricas verduras de la cooperativa. No os podéis mantener con comida cocinada por otros. No eres una burguesa”

también sigue con

“Cuida a Lola (perra) y Taisen(gato). Déjales que jueguen alborotados. Ya escribirás luego ¿De verdad que es todo tan importante?

y mi favorita

“Alex sí que trabaja, querida, él va a una oficina y tiene un buen puesto. Tú has de ayudarle a que esté cómodo a la vuelta. Seguro que te sobra tiempo entre tanto folio y tecla”

Es increíble el nivel de brumas que nublan mi sentido día tras día. Pierdo energía, valentía y tibieza por escuchar a esa mujer que todo lo mima, todo lo nutre, todo lo limpia… Pienso en mi madre, pienso en mi suegra, pienso en las madres de tantas mujeres que conozco y veo en ellas trabajo y dedicación por su hogar. Bien por ellas. De corazón ¿les gusta? Quizás sí, quizás no. Está bien en ellas si ellas lo entienden así, pero yo no me siento feliz ocupándome de todo. Mi cabeza bulle entre tanta nueva idea. Me asalta un nuevo taller al ir hacia el baño, una mejora en la web bajando las escaleras, un mínimo detalle para que funcione esta parte de la investigación al entrar a calentar el té… no puedo dejarlo escapar entre cazuelas y plumeros. No porque no sea digna para ello sino porque me distrae, no lo deseo. Siento llamaradas de pasión por cada idea que brota en mis labios al leer a Virginia, Doris, Luce, Emily … tanto ya nombrado por estas grandes madres y tanto camino por recorrer que no me apetece hacer algo suculento y creativo con las espinacas.

Pero claro mi Ángel de la Casa utiliza la culpa y la comparación. Me hace creer que soy una adolescente consentida que nada sabe de la vida. Me incita a pensar que estoy equivocada por desear más tiempo y más espacio en exclusiva para mí. Por ello cuando termino de trabajar no me deja ver una película, salir a dar un paseo o tumbarme en el sofa. Me prohíbe divagar y sólo me permite “caprichos”- así los llama- si mientras hago algo por mi hogar.

Virginia confiesa que le costó acabar con ella. Yo, gracias a su reflexión y su vida, he aprendido a nombrar e identificar esa angustia que me envuelve los riñones y me congela los pies cada mañana, recién me levanto. Ayer tomé una decisión que no le gustó nada. Decidí no ser madre -no aún- Después de haberme desnudado en este bitácora me di cuenta de que, en cierto modo este deseo atendía a un deseo no cumplido y a un deseo de mi angelical fantasma. Decidirlo, me costó menos de lo que creía aunque ella  quiso someterme a guantazos de moralidad “¿Qué dirán de ti las mujeres? Tanto hablaste de los dones de la maternidad y ahora ¿los rehusas? ¿Dónde ha quedado la perfección del cuerpo materno?” … No la escuché. Es más, sus gritos fueron los que me llevaron a tener más clara mi posición. Clavé, así, mis quejas en el portal de “su” templo:

Deseo cuidar a Erika, darle espacio y ayudarle a crecer. Deseo que tenga un cuarto realmente propio, que gane 500 libras por su trabajo y que pueda moverse con desenvoltura desde su cuerpo de mujer.

Ha sido aquí donde la guerra ha comenzado. Esta mañana me encontraba relajada. He pensado en dormir hasta tarde, ir a por cupcakes, almorzar leyendo a Virginia y ver una película. No caí en el silencio del Ángel de la Casa. Como una confiada chiquilla he ido haciendo cada una de mis labores cuando de repente, y sin previo aviso, he estallado en mil pedazos. El aire, la luz, sus palabras, las mías, mi saliva, el frío todo, absolutamente todo, me ha herido de muerte. Temblando como una hoja quebrada he gritado “Te necesito. No puedo estar solita”  mientras me agarraba a Alex. No quería estar sola, sin él, en casa porque de lo contrario ella volvería y me atacaría con armadas ordas de vacíos, aullidos y gemidos de las miles de mujeres “decentes” que habitaron mi cuerpo. Ella, inescrutable y decente, como una dama victoriana, me miraba desde la esquina de la escalera. “Sólo es cuestión de tiempo el volver a estar la una con la otra” debía estar pensando. Por suerte, he podido nombrarla a viva voz. He caído redonda en los brazos de Alex y le he explicado que Virginia la llamaba “el Ángel de la Casa” y que ella era la que me decía, cada día, que yo era la señora de mi casa y que de mí dependía que ésta fuera un hogar como dios manda. Él me ha comprendido. Él me ha dado opciones. Él me ha ayudado a ganarla en esta primera batalla. No me voy a engañar, sé que aún no la he matado pero creedme que al menos, ya dí el primer paso: darle un nombre y saber que yo, como mujer, no la pertenezco.

*Pese a que me envanezco de que por fin lo maté, debo decir que la lucha fue ardua, duró mucho tiempo, tiempo que yo hubiera podido dedicar a aprender gramática griega, o vagar por el mundo en busca de aventuras. Pero fue una verdadera experiencia, una experiencia que tuvieron que vivir todas las escritoras de aquellos tiempos. Entonces dar muerte al Ángel de la Casa formaba parte del trabajo de las escritoras.

 

 

* Virginia Woolf, Profesiones para la mujer, ensayo de 1931


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6 comentarios para “el ángel de la casa”

  • anna dice:

    ufff! a mi me la has clavado pero…con el añadido de la maternidad como tarea de buena mujer :) …ahí estamos…un abrazo linda…..

  • myriam moya dice:

    brillante, diste con el dedo en la llaga, o al menos en la mía, algo más yo tenía un cuarto propio que desapareció tras la maternidad por necesidades del guión (espacio-temporal), también desaparecieron las 500 libras, ahora recién salida del puerperio mi Ángel de la casa y yo tenemos una conversación pendiente, ya te cuento

  • Magia dice:

    ¿Así que así es como se llama?
    ¿Ángel?
    Quizá ahora que la conozco por su nombre pueda enviarla de vuelta a su casa…
    Abrazos recuperando espacios

  • Paula dice:

    muy bueno!!!…yo llamo a la mía “maripili”…y poco a poco va callando…según yo voy sonriendo y respirando hondo cuando veo la casa “patas arriba”…pero tuve y tengo que hacer de todo para que no me boicotee: dejarme crecer los pelos de todas partes, reconciliarme con la nevera medio vacía, con la cartera medio vacía, con el estómago medio vacío, con mis canas, con mi madre, con mi suegra y con las pelusas que juegan al escondite cada vez que ventilo…y mi pareja tuvo que aprender a no esperar que yo fuera su madre y a quererme tal cual…los perros ayudaron mucho; me enseñan cada día que nada permanece (ni los cojines en los sillones, ni la colcha en el sofá, ni el edredón estirado sobre la cama, ni el suelo de la cocina sin gotas de agua de su bebedero, etc.) y que uno se puede divertir entre el caos aparente…y hasta ser feliz! un beso enorme y gracias por inspirarme…hoy te he dedicado la jornada y está siendo un placer…!

  • crisalida dice:

    Angel de la Casa o Patron familiar firmemente arraigado en mis genes generacion tras generacion. Efectivamente utiliza la culpa y la comparacion. Me viene como anillo al dedo. No estoy sola. Yo puedo con Maripili. Mila esker laztana ;)

  • Maica dice:

    Ay Erika! que bien escrito está este artículo! Ha captado mi atención desde el primer momento y lo he leido casi sin parpadear! Cuanta razón tienes… Ahora puedo poner nombre a esa voz que me recuerda que tengo que irme a casa, que mi deber es estar en casa cuando llevo demasiado tiempo por ahi. No sabía de donde procedía, y tu articulo me ha ayudado a esclarecerlo. Gracias!

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