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Mi no-maternidäd

Erika Irusta Rodríguez.

Vizcaína. Residente en Catalunya

No tengo hijos/as nacidos/as.

Llevo 3 años 1mes y 28 días deseando y tratando de ser madre.

Hace 3 años 1 mes y 28 días perdí a mi bebé a 4 semanas y 6 días de gestación.

Tengo 28 años 2 meses y 17 días.

Soy joven. Sí ¿y?

Estoy sana. Sí ¿y?

Estamos enamorados. Sí, mucho ¿y?

Disfrutamos de nuestra vida. Tenemos trabajos que nos gratifican. Vivimos en una preciosa casa en un pueblo de ensueño. Sí ¿y?

Comemos comida ecológica desde hace 4 años. Hacemos deporte y nuestras “necesidades espirituales” (que término más ostentoso) están cubiertas. Sí ¿y?

Reímos mucho. Nos amamos mucho. Disfrutamos de la vida por los 4 costados. Sí ¿y?

Estoy conectada con mi ciclo menstrual. Conozco al dedillo mi cuerpo de mujer. Sí ¿y?

Hemos escrito cartas a nuestra criatura soñada. Sí ¿y?

Hemos tomado complejos alimenticios, semillas  e historias varias. Sí ¿y?

En las pruebas somos un 10. En todo somos un 10. Soy una mujer 10 -eso dicen- Sí ¿y?

.

.

.

No me quedo embarazada y hemos cumplido todos los requisitos médicos y espirituales de los anuncios de fertilidad.

¿Enfadada?

ya

no.

Después de embarazos de familiares propagados como un maravilloso virus… después de amigas que repiten y tripiten maternidad… después de compañeras de maternidades-deseadas-pero-no-conseguidas que logran ser mamás… yo sigo aquí, sentada en el banquillo. Esperando a que una preciosidad de morritos de fresa y ojos grises me saque a bailar.

o no.

Esta es la espinosa parte que nunca me atrevo a escribir. Gracias al Facebook de almadedoula y a este link se ha abierto mi caja de Pandora.

¿Y si jamás de los jamases siento sus diminutos pies dentro de mi cuerpo? ¿Y si sus manitas nunca llegan a acariciar mi pecho, nutriéndose de mí? Y si… Y si… y por fin, ya no me rompo.

Hace un año estas cuestiones me mataban, me clavaban contra la fría y metalizada duda. Ahora, duele, pero se amortigua sabiendo que sea lo que sea no puedo ni debo controlarlo. Controlar su vida antes de que se haga carne es cruel. No me hubiera gustado llegar así a mis padres -yo fui una niña que aterrizó por sorpresa, impaciente hasta para venir a este mundo- Me gustaría que mis hijos/as llegasen cuando deseasen llegar. Porque yo no sería la misma si hubiese nacido 3 días antes o un año después. Pero si no llegan, también lo he de respetar, duela lo que duela – que duele mucho- Y eso no significa que sea una inútil y una fracasada, que os aseguro que es lo que una siente. Pues si en todo triunfo, si en el mundo masculino tengo un buen sitio y fue duro llegar hasta aquí ¿cómo puede ser que lo más natural no pueda “hacerlo”? Como si fuera sólo cosa mía… como si mi compañero no pintara nada y el nuevo ser tampoco… Así me muevo yo cuando no me siento, a mi rollo. Con mis dudas y mis culpas, mis pesquisas cogidas con pinzas y la rabia contenida por una sonrisa forzada que se estampa contra la cara de la doctor(a)

“si no es del útero, será un hijo/a del corazón” me digo, nos decimos mi pareja y yo. Es harto difícil adoptar pero es otro camino hacia la maternidad. Apasionado, intenso, lleno de dudas, temores… parecido (con sus diferencias) a la maternidad biológica.

Pero… no me quedo a gusto, porque mi deseo es sentirle/a dentro de mí. Así que sé que NO estoy preparada para adoptar. Pues una criatura (de la edad que sea) del corazón, necesita ser amado por lo que es no por lo que sustituye. Mi bisabuela Eulali tuvo dos nombres (Bitxuri y Eulalia) y hasta que no se casó con el abuelo Antonio, “el asturiano”, no tuvo el calor de una familia. Una mujer tan increíble fue abandonada en un hospicio a principios del siglo XX (no cuestiono a la madre pues siento que siempre hay razones). Nadie la adoptó como hija, sí como sirvienta. Fue devuelta porque el patrón murió. Devuelta… que palabra tan cruel… Ella nunca quiso saber de sus orígenes porque “nadie nunca la fue a buscar ni se preocuparon por ella”. Ella es motivo más que de sobra para saber que uno/a de “mis” pequeños/as será hijo/a del corazón pero al menos uno/a deseo que venga a través de mi cuerpo.

pero

y si ¿tampoco puede ser?

Pues me enfadaré mucho, mucho. Rabiaré. PERO

se pasará. Todo pasa. Deja huella pero pasa. Seguiré gestando proyectos de vida increíbles y los pariré, criaré y nutriré con todo mi cuerpo de mujer. Continuaré acompañando a las mujeres a vivirse con gozo y las acompañaré a vivir la maternidad que ellas desean vivir. Tal y como hago ahora. A veces tendré que apartarme porque me dolerá no ser la mamá. A veces me haré un ovillito en la cama esperando a que Alex recoja los restos del naufragio y me haga hueco en su regazo y me recuerde lo felices que somos, lo mucho que nos queremos y lo bien que lo hacemos.

Por el momento sigo con mi vida, tejiendo sueños, con cautela, pero sueños que me permiten poner nombres, imaginar gestos y peinar largos cabellos…

si no se hacen carne y hueso, sé que lloraré la pérdida de un gran deseo. Con el tiempo las lágrimas darán paso a las sonrisas y aunque, haya una cicatriz en mi cuerpo, seré una tía magnífica, una madrina amorosa y una viejecita amante de la vida venga en el formato que venga.

Mi pequeña peludita

A todas aquellas mujeres  compañeras de camino 

una Nueva Maternidad ya está llegando…

“Quizás el primer libro sobre crianza escrito no por psicólogos, ni pediatras ni gurús, sino por madres”

fruto de los dioses

Hoy en el tren he tenido más que tiempo para reflexionar (he estado 1 hora parada entrevías por falta de suministro en la catenaria). Estaba leyendo el libro “Partería Espiritual” de Ina May Gaskin. En él una compañera de Ina May, Cara, escribe lo siguiente:

” Una y otra vez, he visto que la mejor manera de sacar un bebé afuera es acariciándote y abrazándote con tu esposo. Esa vibración amorosa y sexy es lo que mete al bebé ahí dentro, y es lo que también lo saca fuera”

Esta preciosa reflexión va acompañada de una foto tierna y sensual entre un papá y una mamá en trabajo de parto.

Leer esto y ver la fotografía me ha hecho estremecerme de placer. He podido visualizarme en esa situación. Siendo acariciada dulcemente por mi compañero entre ráfaga y ráfaga (tomo las palabras de Ina May para denominar a las contracciones, pues ráfaga dibuja un oleaje que es lo que son al fin y al cabo: olas de energía) He comenzado a sentir la sensualidad de sentirse amada y deseada en un momento tan mágico. A maravillarme de la continuidad de  la bella danza que nos lleva, 9 meses antes, al momento en el que nos encontramos ahora: el alumbramiento.

Y algo en mi ha hecho clik.

Si venimos del amor entre dos cuerpos, dos almas, dos seres divinos en Unidad ¿no es acaso este amor el que nos va a impulsar hacia afuera? Sí, Michel Odent nos habló de casos (bastantes) en los que tras asistir el papá al parto éste huía (bien enfermando, bien no entrando en casa, bien abandonando a la familia). Nos explicó cómo antiguamente en el parto no entraban hombres porque ver a su mujer desatada, mamífera salvaje, provocaba un “desajuste” muy potente. El objeto sensual y misterioso de deseo se convertía en una fiera, en un ser plagadito de fluidos y torsiones imposibles. Y aquí es dónde ahora mismo me paro y pienso:

¿no será que nunca hemos podido mostrarnos al mundo como la mujer salvaje , sensual y desinhibida que somos? ¿es posible que hayamos permitido dibujarnos como aniñadas damiselas con aire de pícaras consentidas? Puede ser que el hombre pierda su líbido al comprobar que desconoce una parte potentísima de su compañera. Que a algunos hombres ver a una yegua descontrolada les asuste por miedo a no poder controlarla. Puede ser que nos hayamos creído que parir es un acto racional que se ejecuta a toque de abanico y pestañeo.

Ahora bien (voy reflexionando sobre la marcha) los machos de otras especies no están en los partos. Si bien las hembras procuran que los machos no se acerquen por miedo a que las crías sean dañadas por el resto de machos adultos (con las crías fuera de plano hay disponibilidad de procrear y establecer nueva manada con nuevos genes). Esto es que si no están no es porque “alucinen” con lo “animales” que se vuelven sus compañeras. Además de que ellos se encargan de los depredadores…

Bien, vuelvo a los mamíferos que mejor conozco (o eso creo).

Siento que el estereotipo de mujer planteado en nuestra civilización patriarcal es el que remueve inconscientemente a estos hombres y les hace querer salir corriendo (tras el parto). Ya que en un parto, la mujer, si se lo permite a ella misma y el entorno es seguro para “dejarse ir”,  toma contacto con su cerebro primitivo, con el linaje milenario de las mamíferas. De tal manera que se transforma (yo creo que más que transformarse se permite manifestarse tal y como es) en una mujer potente, instintiva, terrenal, mística, sensual, sexual, carnal, etérea. Es la mismísima representación de Gaia. Manifiesta su divinidad por cada centímetro de piel, por cada mililitro de flujo.

Claro está, muy pocas mujeres saben de su naturaleza divina y además muy pocas lo integran en su día a día, por lo que muy pocos hombres han mirado a los ojos de la Diosa que reside en su compañera. Si éstas se permitieran vivir su diosa, si éstos buscaran esa mirada, siento que ningún hombre huiría, sino que decidiría quedarse para toda su eternidad al lado de este mágico ser.

Con esto no quiero decir que los hombres no sepan mirar, que las mujeres no podamos vivir bajo nuestra condición natural. Es más,si me dejo fluir, siento que muchos de ellos saben de nuestro linaje de diosas antes que nosotras. Son esos momentos en los que se preguntan cómo puede ser que nos amen tanto. Cómo es posible que nuestra sonrisa les atrape irremediablemente. Que nuestra mirada les haga cambiar de rumbo…

Yo siento que en el fondo todos y todas sabemos quiénes somos en realidad. Que el embarazo es un momento trascendental para tomar conciencia de nuestras raíces divinas, si no hemos podido hacerlo antes. Y que, una vez que nos descubrimos como diosas y dioses, podemos dar la bienvenida a nuestros hijos e hijas acompañados del mismo Amor que los invocó aquella tarde de verano.

Termino con una frase de Ina May:

“A un hombre le hace bien ver a su dama ser valiente mientras ella tiene a su bebé… lo inspira”

Añado: inspiración… divina.

ya he vuelto a Casa

Llevaba días (sincerándome, casi una temporada) sintiendo que algo no andaba bien. Que algo estaba siendo forzado. No daba con la clave y me estaba agobiando. algo, algo, algo… y hoy di con ello. ¿El veredicto final? había perdido la humildad. Algo tan sencillo se pierde con mucha facilidad. Y es que tanto cariño y apoyo a una la desbordan y, su ego, acaba alimentándose de musarañas y quimeras de papel celofán.

He pasado estos últimos días adorando a mi ombligo y por eso el dolor ya comenzaba a palpitar. Mi cuerpo no me tolera devaneos con la superficialidad y en seguida comienzan los mareos, los “ays” y los “quita que no puedo”.

En mi Vida existen pocas personas que me hagan regresar al Aquí y Ahora de manera instantánea. Una de ellas, hoy ,me ha permitido ver más allá. Me ha recordado algo que sabía pero que estaba dejando de practicar. O quizás que había comenzado a hacer que practicaba pero que no creía.

Sus palabras, aquí:

“ciertamente cada vez creo que creemos menos en las mujeres”

y se hizo el Silencio en mi. Sí, últimamente he dejado de lado mi profunda Fe en la Esencia Femenina. Mi ego se ha entretenido colgando artículos, difundiendo información, reuniendo sonrisas y abrazos y, debajo de todo esto, la causa de mi Ser para con mis hermanas, para conmigo, se ha estado cubriendo de palabras..de polvo.

Me recuerdo centrada y en Mi, creyendo en que Todo es perfecto tal y como es. Miro hacia atrás y siento que me comprometí con el “no hacer”, con el dejar Ser… amar sin juicio y aportar Luz desde cualquiera de las esquinas donde me encontrara.. y siento que mi compromiso se ha visto solapado por escarceos de mi ego.

Sin duda alguna creo en la Mujer, en nuestra capacidad innata para hacer y dejar de hacer. Pero, durante un lapso de tiempo, me he dejado ir al lado técnico del que habla de la mujer sin sentirse una con ella, de la que le  ”deja hacer” porque “así son,¿ verdad?”… perdida en “ser profesional” cuando en verdad la profesión y la persona se funden en Unidad.

Comprendo que este proceso de reflexión es un regalo. Que para encontrar mi lugar he de probar otros sillones. Pero yo me quedo con mi cojín (zafu), sentada en una esquinita del cuarto. Sintiendo que Todo Ser es mágico. Que yo acompaño y que, si hay protagonistas, son la Vida misma y su proceso encarnado.

¡Qué alegría volver a Casa! vuelvo a sentir que esta piel es mi piel, que esta sonrisa es mi sonrisa y que mi alma, de nuevo, vuelve a ser el de una doula.

gracias Inma por tu invitación a la reflexión… gracias

hermanas doulas

Me late el corazón muy fuerte. Se han reunido algunas lágrimas en mi garganta. Aún con todo me siento capaz y fuerte para aullar como loba de la manada. Hermanas somos Unidad y llegadas a este despertar, en la aurora de un nuevo día, os pido abandonar los prejuicios, las ideas preconcebidas, los pensamientos disgregadores… Nosotras que sabemos lo que es sentir de “manera peculiar” (que sabemos que no es otra cosa que sentir sin piedad),nosotras que somos blanco de la sorna del que no quiere/no puede ver más allá, nosotras que compartimos cama con nuestra Luz y nuestra Sombra ¿por qué dejamos germinar el juicio entre nosotras?

Si una doula no juzga, si una doula respeta y está en Presencia, si una doula se funde con la Vida y fluye ¿por qué marca territorio y delimita fronteras? Ser doula es más que trabajar como doula. A mi sentir es una filosofía, un hacer de Vida y por tanto está integrado en mi respirar, en mi mirada, en mis buenos y no tan buenos días… en guardia 24h 365 días al año. Siempre Presente o cuanto menos siempre en busca de la Presencia. Y es desde aquí donde escribo estas letras. ¿Por qué tanta lejanía entre las lobas de esta manada? Una vez que nos reconocimos mujeres-salvajes, una vez que comulgamos con la magia de nuestra Madre Gaia, retomamos las armas de Atenea y lanzamos flechas entre nuestras hermanas… Yo no tengo hermanas ni hermanos. No biológicamente hablando. Aún con todo sé que en una misma familia existen las peculiaridades. A veces crean roces.. otras, momentos tiernos pero si aquello que nos molesta y agrada de los demás es un reflejo nuestro ¿qué nos está exponiendo la Vida en estas distensiones?

Escribo desde el Amor y no me cuesta aparcar mis miedos de ser o no aprobada por este gesto. Siento que es hora de aullar juntas, de encauzar nuestra labor (única en cada caso) y aprender de esta experiencia de co- creación. En España las doulas estamos aún por conocer y re-conocer, no es casual que la Vida nos presente esta maravillosa oportunidad de presentarnos al mundo (aunque sea una y otra vez). Tenemos la oportunidad de actuar tal y como somos, desde el Amor y la Presencia. Desde la compañía y la empatía. Esto sólo nos aportará coherencia con nuestra práctica..con nuestra vida.

Yo aparco mis miedos de no ser suficiente, de novata, de que sean mejor que yo, de que no me dejen pasar… los aparco todos y cada uno porque sólo me van a paralizar. Yo sé firmemente que la Vida quiere que estemos aquí, portegiéndola y acompañándola. Así que nada horroroso va a pasar. Y si pasara la manada responderá. Todas somos manada y lo único que puede disolverla es ella misma. Confiemos en nuestro sentir de mujer, nuestro palpitar de doula…

Algunas dirán que soy una loba joven, que los espolones son un grado. Bien, venero a mis compañeras las lobas de “edad” pero sé que la juventud es aire fresco que ayuda a mirar al cielo y a comenzar a aullar.

AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!

el nacimiento de esta mujer

Cuando era pequeña apenas si tenía amigas. En verdad apenas si tenía amigos en general… apenas si me comunicaba con los niños de mi edad. Siempre en mi cuarto, contaba con mi fabulosa imaginación. Allí aprendí el valor del silencio… y también sentí el punzante frío de “no saber ser una niña de mi edad” y  de “estar condenada” a mi única compañía.

Lo cierto es que hasta hace muy poco no sentí necesario contar con el apoyo de mujeres, no sólo de mi edad, sino de cualquier  condición. Aún ahora me es difícil explicar que nunca padecí ese vacío hasta que no supe que el calor femenino me era necesario. Sólo lo aprecié cuando me vi rodeada de unas 65 mujeres que, me miraban sonrientes, cuando hice mi presentación: “ejem… mi nombre es Erika y desde pequeña supe que mi vida estaba unida a la maternidad…bebés…” Sí, fue mi llegada a la formación de doulas. Aterricé de lleno en el Corazón de la Mujer. Amanecí rodeada de diosas de todos los colores y tonalidades, de úteros amorosos y de corazones ardientes… Entre ellas, desperté como Mujer.

Aún recuerdo cómo tomé conciencia de que hasta entonces no había sentido mi verdadero Ser femenino. Siempre me había comportado como el niño que nunca fui, como la compañera competitiva que diseñé y, en especial, como la amante “desalmada” que copié del mundo del celuloide. Es decir, que nunca antes me había permitido conocer a esa mujer preciosa y cálida que residía en mi. ¡oh, cuántas veces, hasta entonces, me había mirado en el espejo sin reconocerme! ¡cuántos cambios de look para encontrarme! todo ese tiempo había sido un cliché, aunque mi alma seguía ahí, persistente, susurrándome cuál era el siguiente paso a dar… Gracias a Ella, pude entrar en el maravilloso universo de la Mujer-Feliz-de-Serlo.

El cambio fue de dentro hacia fuera. Poco a poco mis compañeras, como hadas del bosque, me fueron ayudando a verme en sus cristalinos ojos. En cada una de ellas vi retratadas mis cualidades y mis limitaciones. Todas ellas eran un mandala de embriagadores perfumes. No hubo ninguna de la que no aprendiera algo… Sin duda caí rendida a los pies de ese precioso Alma Grupal. Fueron ellas quienes me ayudaron a sanar y a re-nacer. Todas ellas fueron las doulas de mi propia gestación, de mi nacimiento e incluso de mi propia cuarentena. Asistieron al milagro de mi metamorfosis. Ellas lo provocaron con su Presencia amorosa.

Estoy segura de que muchas de ellas no saben cuánto me ayudaron a re-encontrarme, por eso siento que es momento de mostrarles que gracias a su naturalidad llegué a mi.

Sí. Ahora que me maravillo ante el espejo al ver la mujer que realmente Soy. Ahora que mi piel se estremece al abrazar a cada hermana. Ahora que sé que soy parte de la manada de lobas salvajes. Ahora que reconocí a mi madre como la fuente de Amor incondicional. Sí, Ahora, es el momento de que todas aquellas mujeres que, compartisteis abrazos, llantos y risas conmigo durante aquel tiempo, sepáis que siempre os he amado y que esta condición nunca cambiará. Que gracias a vuestra dulce savia pude llegar hasta aquí. Y que aceptéis estas palabras como ofrenda y homenaje.

A todas vosotras y a los frutos sagrados de vuestros vientres mi abrazo más dulce, más fogoso, más canalla, más risueño, más salvaje…

gracias, gracias, gracias

el espejo de esta doula

Pocas veces me he encontrado con alguna persona que me haya preguntado cómo es que soy doula pero aún no mamá. Pocas han sido, pero las ha habido. Reconozco que es un tema que nada más comenzar a formarme me ponía tensa y no me permitía fluir con mi realidad.

Cuando comencé la formación sentía que sería genial comprender  el mundo del maternaje y poder sanar mis cuestiones con mi madre. Comencé a formarme desde el aspecto de hija y de mujer. Supe que todas las que estábamos allí éramos hijas y qué este sería mi primer denominador común con mis compañeras- mamás.

Meses más tarde mi compañero y yo nos comprometimos con la Vida. Decidimos abrirnos a ella y días más depués supe que estaba embarazada. Ahí sentí que me equiparaba a mis compañeras- mamás, que por fin entraba en el mundo mágico de la maternidad sentida. Pero días más tarde el sueño cambió de color. Ocurrió que nuestro hijo decidió volver a Casa. Se fue de mi vientre..voló. Recuerdo sentirme expulsada del Paraíso. Mi mente me decía “ya no eres madre. nunca lo fuiste” …yo no podía dejar de reprimir mi dolor bajo una amarga sonrisa.

Pasaron días, semanas, meses y no conseguía comprender nada. Mi razón me explicaba historias de biología y física mecánica. Ella había amordazado a mi alma y mis lágrimas se habían quedado congeladas en algún lugar de mi útero.

Cada mes acudía a la formación y cada mes me sentía más rara. “No era mamá” pero ya “no era solamente hija” eso sí, seguía siendo mujer… Me encerré herméticamente para no molestar. Me encerré para no sentir.. no compartir el dolor. No recuerdo cuándo fue, pero recuerdo que fue una sensación liberadora el día que me reconocí como madre. Para mi mente racional no era posible, sin embargo en el momento que integré mi experiencia de vida como mujer embarazada algo hizo “clic”. Un Ser nos había elegido para ser su papá y su mamá durante un tiempo. Nos había elegido entre tantos, ése fue nuestro trato… alguien me amaba y me buscó para enseñarme a vivir el desapego y la fe a través de su corta estancia.. Entonces ahí…por fin.. me rompí. Lloré y pedí ayuda a mis compañeras..amigas..a mi madre. Les hablé del dolor de no comprender y de la frustración de no poder concebir. Pude rabiar en compañía y así, volví a un sitio en el que no recordaba haber estado pero que era parte de mi: mi Sombra Iluminada.

Me sentí ligera y me liberé de las etiquetas de “doula- mamá” o “doula- no mamá”. Asumí que la experiencia que la Vida me proponía era la de acompañar a la maternidad independientemente de la manera en la que se manifieste (embarazo, parto, posparto, pérdida, pre-concepción). Entendí que mi labor partía desde el Amor Incondicional hacia muchas mujeres que vivían la experiencia que yo tanto anhelaba. Comprendí que mi Camino consistía en caminar…

Ahora caigo en la cuenta de que el reflejo que ofrezco a las mamás es el reflejo de una mujer joven y vital. Su propio reflejo dibujado en mi cuerpo, en mi mirada… A través de mi ellas contemplan la mujer sonriente y amorosa que YA son. Y es esta la enseñanza- aprendizaje que ofrezco ahora como doula. Sé que cuando viva un embarazo de nuevo, cuando alumbre a mis hijos, cuando me enamore de sus ojos llenos de Luz mi reflejo cambiará. Será otro distinto pero igual de válido.

La Vida es muy sabia, tanto que a veces me atrevo a subestimarla. Mi aportación al mundo de la maternidad, ahora, es éste. Y es necesario que así sea. Sentirse feliz con el paso de una es el mejor comienzo para seguir caminando.

gracias Vida.

Gracias, gracias, gracias

el “no hacer” de la doula

Me siento frente al ordenador. Me siento de verdad, con los 6 sentidos calmados, receptivos. Escucho Ave María de Schubert y he encendido un delicioso incienso hecho a mano por una gran mujer. Huele a templo, mi casa se transforma en Templo. Quizás es que soy capaz de percibir mi hogar en su perfecta naturaleza sacra.

respiro. calmo a mis manos, pues les gusta correr por las letras de este teclado. respiro y me siento. ahora estoy sonriendo porque sé qué quiero compartir con vosotras. quiero hablar del “no hacer”. Sin embargo sé que no es escribiendo como vais a sentir la suave cadencia del Silencio inspirador.

Por favor, parad de leer.

Escuchad…. Ssssss….

pum, pum, pum

vuestros latidos…

mmmmm huele a magia, a vida, a luz…

Ssssssssssssssssssssss

Ahí, justo ahí está esa voz tan calma, tan profunda. si me permito puedo escucharla. si paro ella obra con total maestría. sólo he de “quitarme yo del medio” o quizás sólo he de volver a ser YO de nuevo.

sssssSSssssssssss

respiro

Conecto con mi Esencia. es suave y tenaz. siento hormigas por mi cuerpo. al principio apenas son 100 hormigas caminando por mi mano… después se convierten en mil…cien mil…

Luz dorada vibrando

¿os sentís?

ahí, en esta conexión mágica, divina reside el alma de una doula.

en el silencio sagrado, en la sonrisa inocente y cristalina…

Sabiduría fresca y renovada en cada exhalación …

desde ahí puedo estar en Presencia, en Armonía

puedo sentir la Vida y recibirla en Paz

“no hacer” “no interés” “no intención”

mushotoku

siento el suave “va y ven” de mi vientre..

como las olas.. como la brisa de la primavera que está por llegar

sí, ahora estoy conmigo y con vosotras, con el Todo y con la Nada

desde aquí el servicio es inmaculado.. el día a día se convierte en una aventura llena de sentido

en esto consiste el “no hacer” de una doula

gracias por acompañarme en este sentir, en este momento en el Aquí y Ahora

desde el principio del Principio

amatxuPienso en mi madre, muchas veces, muchas más que antes. Cada vez que estoy con una mamá ella viene a mi cabeza… a mi corazón.

¡Tanto tiempo evaluando mi relación con ella!

Recuerdo que de pequeña la cambiaba por una mujer imaginaria que vendía helados. Y ella, calladita, no me decía nada. Ahora me doy cuenta del valor de su silencio, del amargor de sus sentimientos al escuchar decir de los labios de su pequeña “sí, aita (papá en euskera) vámonos ya con Paca (la heladera de mis fantasías)”.

Si profundizo en el porqué de mi actitud distante con mi amatxu (mamá en euskera) llego hasta una sala de hospital:

Ella, con apenas 20 años, solita, vigilando un gotero. Dilatada de 8 centímetros sin ser consciente de ello, postrada en una camilla esperando una respuesta. Y bien, como las “aguas están sucias” le ofrecen esperar en compañía del gotero y la locura de sus pensamientos, o bien ir a quirófano a hacer una cesárea. Le advierten así: “tú verás lo que haces, pero si esperas la niña puede morir”. Y ahí, sin nadie más que yo (incomunicada y atacada con tanta oxitocina y tanto pavor corriendo por mis venas), elige cuidar de mi sea como sea. Así que, será cesárea.
Una cesárea con anestesia total y con un cirujano con ganas de irse a jugar al golf. Una dulce enfermera procura que al nacer mi madre me vea y me pueda tocar. Apenas si llega a decir “es igual que su padre”. A lo que le responde ella “mujer seguro que tiene algo tuyo” y mi madre suspira “sí… las orejas”.
Despierta y yo a su lado, la lactancia es genial y parece que todo ha merecido la pena. Pero días más tarde, después del alta, mi madre con unos dolores inenarrables se desploma en el cuarto de baño de mis aitites (abuelos en euskera) empapada en sangre… empapada en pena. Desde mis 8 días hasta mi primer mes, amatxu y yo vivimos la agonía de la separación. Ella con 20 años perdió su útero y casi la vida. El señor cirujano que tenía prisa por jugar su partido de navidad, dejó placenta en la matriz. Ésta se descompuso y perforó el útero de una sana y preciosa mujer de 20 años; mi madre.
A mi aita, con sus 21 añitos, se le escapaba el alma del cuerpo. Apenas unas horas antes le habían dicho que no contara con ella, que la habían perdido… Ahora ella estaba recuperándose… o eso intentó durante años, muchos…
De mi, mi amama (abuela en euskera) decía que lloraba todo el día, que sólo el contacto con su pecho me calmaba y que parecía una mujer sabia en un cuerpo muy chiquito…
Finalmente ella volvió a casa y juró no volver a separarse nunca de mi. Ella y él cosieron sus heridas, llevó mucho tiempo, mucha paciencia y mucho mimo. Ellos, un día, soñaron con ser padres de muchos hijos y la Vida procuró que fuera sólo uno.

[Mientras estoy escribiendo esto el nudo de mi garganta crece, pero a la vez se deshace... dulcemente, es más fácil de digerir...]

Y yo ¿qué hice yo? distanciarme de ella por miedo a perderla de nuevo. Es el día de hoy que sigo marcándole distancias para que no me duela perder la suavidad de su caricia, el calor de su pecho, la dulzura de sus ojos azules clavados en sus besos… ¡ay!
Hace unos meses, sentadas en la terraza de mi casa, hablamos de su pérdida. Del dolor de la culpa que cargaba desde bebé por creer que había sido yo la causa, que algo en mi estaba mal. Ella me miró y me habló su corazón “hija, si para que naciera un ser tan especial como tú tuviera que perder mi útero de nuevo, lo perdería mil veces más”. Y lloramos juntas, como nunca antes me había permitido hacer con esa gran mujer.
Sí, pienso en mi madre cada día. Cada vez que me cruzo con una mamá, cada vez que una mujer me pide cariño y apoyo. Y siento que gracias a todo lo que pasamos juntas estoy aquí, cuidando y apoyando a todas las mamás. Porque esta experiencia de Vida es la que necesitaba mi Ser para comprender que mi alma había venido a este mundo para ser doula.