Archivo de la categoría ‘libertad femenina’

Furia en mi cuerpö de mujer

NO

NO

NO

Digo que no. Cuando quiero y como quiero.

Lo digo desde el calor sofocante de mi cuerpo crispado.

No.

No ¿a qué?

No renuncio a mi rabia. Estoy harta de contener mi rabia, de sentirme culpable por mi rabia, de imaginarme menos “femenina” a costa de mi rabia. Mi rabia, sólo mía, es uno de mis motores. Y es posible, que en mi cuerpo, sea el motor más determinante.

Techado de virtudes, la mujer, esa mujer que soy yo en toda su plenitud, siente tentaciones de esconderse cuando se le incendian las mejillas ante el estupor y los temblores de decir:

NO!

de aullar

“vete con tu madre”

mis virtudes “femeninas” se creen menguar cuando me cago en absolutamente en todo lo que detesto Cuando la ponzoña se desborda y yo, me niego a tragar, observo que la feminidad de postal no admite mis límites. Mi acción necesita de la rabia para moverse y removerse, para cambiar , para actuar PORQUE sólo ella, la rabia, me indica que lo que ocurre es intolerable y he de actuar de inmediato para que cambie. Tantas veces oigo que las mujeres estamos por encima de la rabia, por encima de la violencia, por encima de la agresividad… me quedo atónita ante tal castración “positiva”. No diré “tenemos derecho a ser violentas” porque me parece absurdo reivindicar algo que es obvio (además que no creo que la violencia como medio para vivir plenamente) pero sí diré que la agresividad (diferente a violencia) es algo nuestro como es “suyo”. No conozco a una sola mujer que no arda ante determinadas situaciones sólo que sí conozco a muchas que lo niegan, lo reprimen y después enferman. La culpa esa losa que nos oprime y esa losa a la que nos entregamos devotamente, nos limita, nos corta en pedacitos y nos mal dibuja para acomplejar a las que no son tan virtuosas como nosotras, las que mascamos la rabia a golpe de colorete y tartita de fresas con nata.

no

no

me niego rotundamente a no permitirme ser tal y como soy, a no dar espacio a cada una de mis emociones, porque todas son valiosas y superfluas a la vez. Todas tienen su momento y todas están fuera de lugar. Todo depende, pero TODO es válido en mi cuerpo. La rabia con la que escribo estas palabras me permite dibujarme tal y como estoy: con el ceño fruncido, los labios apretados, la comida a medio digerir las ganas de quemar la casa y Janis Joplin a todo volumen. Soy jodidamente yo. De manera primal, zarandeo mi angustia y la escupo con la mejor de las intenciones: mostrarte, mostraros, mostrarme en la plenitud del momento cambiante. Reivindico el estado natural de mi ser mujer. Ahora mismo estoy harta, llena de cólera y disfruto de estos instantes. Sólo en estos momentos soy tan instintiva. Sin paños calientes, dejo que fluya lo que ahora hay.

Por el río no siempre pasan bellos nenúfares, también flotan ratas muertas … el río no juzga, lo lleva, lo deja ser….

Así estoy yo ahora. En- rabi-etada. No como una chiquilla sino como toda una mujer. Una mujer de “pechos en pecho” que aúlla y no teme la furia de su cuerpo. Esta furia es la que me ha permitido ponerme en mi lugar tantas veces y desde ahí, poner en su lugar a cada tipo y cada tipa que se haequivocado conmigo…  Esta furia es voz fuerte y ronca que me cuida de no ser manoseada por la mentira, la sumisión o la culpa.

Mi amada rabia… hazme tuya

 

 

 

Un día para recordar

 

Camino, abandono la postura erguida del Hombre para adoptar la postura flexible y abierta de la Mujer que soy. La húmeda tierra mulle mis sueños, las copas de los árboles me susurran sortilegios al oído. Hoy es un día en el que, como en los últimos días, busco refugio y amparo en la profundidad del bosque.

El aparato patriarcal cae de bruces y el estruendo de su golpe nos sacude de pies a cabeza. Vivimos tiempos de cambio, de cambio necesario porque hemos de conectar con lo que somos en realidad. Cada mujer y cada hombre podrán verse en el espejo de la necesidad para tomar conciencia de su deseo. Esto va a doler dicen algunos, yo digo que llevamos tiempo labrando un camino. Muchas lunas son las que han pasado desde que las mujeres hemos decidido conscientemente andar nuestro Camino de (re) vuelta. Cada día hay más mujeres repensándose así mismas, permitiéndose sentir la magnitud de su sabiduría y sembrando semillas. Cada una de estas mujeres, cada una de estas salvajes hacen posible que este mundo albergue fuerza, valor, color y sabor.

Muchas de ellas están en oficinas y otras tantas en sus hogares, una gran mayoría crea con sus manos hilos que unen a las unas con las otras en infinita relación. Algunas se nombran y etiquetan, otras simplemente caminan en sentido del viento, unas pocas tejen nuevas palabras para darse sentido en el absurdo del estado del bienestáN.

Todas ellas son hijas de su tiempo pero en especial hijas de sus madres. Madres de las que han podido renegar mil y una veces pero a las que siempre acuden en sus ruegos finales, como si el Instinto les llevará, sin premeditación ni alevosía, a los orígenes de su Cuerpo.

Por todas las hijas y por todas las madres y por todas las hijas y por todas las madres va este canto de reconocimiento. Porque el mundo nunca dependió de los hombres ni de su sistema deformado de valores sin cuerpo, el mundo siempre fue, es y será nuestro. Nosotras cada día, con cada gesto, hacemos posible la Vida. Algunas la conciben, otras la gestan, otras la paren y todas la criamos.

Mucha veces nos enfadamos y nos señalamos. Bueno, hay derecho a la rabieta, pero que no nos dure mucho tiempo. ¿Creo que el cambio depende de la mujer? No lo sé, simplemente SIENTO que  soy responsable de mi Cuerpo y Sabiduría de mujer y, como Guardiana de los Misterios, vivo para preservar, compartir y transmitir lo que todas sabemos. No hay poder que nos corte ni medida que nos pretenda si cada una nos paramos y observamos, sin velos, la perfección de nuestro Cuerpo. Redondo, suave, perfilado, mullido, terso… En cada uno de sus rincones se alberga la mayor de las inspiraciones. De ellas nos nutrimos para crear lo que realmente queremos que nazca en este mundo. Somos capaces del milagro de la Creación. No es necesario ser beata para poder, para cabalgar por nuestro monte de Venus a horcajadas…

Somos únicas

y es por nosotras que el planeta palpita,

y es por nosotras que la risa continúa allende los páramos desolados de las guerras…

y es por y para nosotras el trino del mirlo que anuncia la primavera de un gran día en el que todas nosotras despertemos del letargo y pintemos de nuestros colores el mundo que nos es propio por parido, por criado y por defendido con uñas y dientes de leona.

Mis pies caminan enérgicos por la cuesta, mi perra salta alegre y yo… sonrío. Confío porque sé que nuestro día a día hará de este triste lunes un lunes nuevo, un lunes nuestro, una promesa de verano a finales del otoño que cambiará el curso de nuestro salvaje río.

A todas vosotras, mis hermanas. A todas las mujeres de este planeta.

el baúl de las madres

¿¡Dónde están que no las veo!?

¿Las dejamos marchar? ¿Nos dejaron llegar?

Hablo de nuestras madres, de las mujeres que nos gestaron, de las que nos parieron, de las que nos criaron (que no tienen porque ser las tres en una)…

Observo continuamente que algo aquí está oculto o, quizás ocultado. Pocas hablamos de nuestras madres y más pocas aún hemos reconocido su lugar en nuestra historia de vida.

Que conste que yo no me siento una iluminada por haber llegado a situar a mi señora madre en el justo lugar que le corresponde. Ha sido un largo proceso de tinieblas y de mucho dolor, que sé bien que hicimos entre las dos y que me niego, ahora, a contabilizar los pasos de la una y de la otra. La cuestión es que andamos y que nos encontramos. Quizás por poco tiempo, quizás a veces con más espacio para ver en mi pupila su pupila…

Quizás fue la humildad de saberme hija de una mujer, más allá de hija de una madre… porque mi madre, Ana Rosa Rodríguez Ruiz, es ante todo mujer. El amor con un hombre, mi padre, mi venida al mundo y su consentimiento de albergarme en su vientre, le hizo madre. Sin embargo antes de que yo llegara y después de mi llegada mi madre era y es mujer.

Ella tiene sus deseos aún ocultos por miedo a no ser la madre que la sociedad o yo esperaba, pero ¿es esto cierto? sinceramente, no lo sé. De nuevo, vuelvo a hablar por ella como hace toda hija que cree tener derecho de decir sobre su madre lo que desea o no. Estoy muy cansada de mostrar, ante mi y ante el mundo, a mi madre como una sufridora del patriarcado, como una mujer anulada que me transmitió un rol de mujer que no me gusta. Esto no es cierto. Mi madre, que es mujer, me dio el mundo y al mundo como dice Mª Milagros Rivera Garretas. Ella fue y es garante de mi libertad, tejiéndola desde el silencio y cuidando de cada detalle para que yo fuera quién soy en realidad.

Podrás pensar que esto sólo lo hizo mi madre pero estoy segura de que la tuya también lo hizo. Siente bien y mírate en el espejo ¿qué gesto vive en ti? Ella es el único origen. Los destinos son varios, en cambio el origen existe y es uno. Nosotras mismas somos las que lo obviamos porque  duele, sin embargo sin volver a él, no hay camino real  fructífero, sólo ilusión.

Cuando se habla de crianza consciente, amorosa, siento que no es completa ni posible sin reconocer a nuestra madre. Y por reconocer no hablo de amar a la madre – como explica Luisa Muraro en El Orden simbólico de la Madre-  pues hay casos en lo que amar cuesta tanto… Hablo de saber de dónde venimos para ser conscientes de hacia a dónde vamos. Esta elección del camino es responsabilidad nuestra y no hay evolución más allá del patriarcado si continuamos creyéndonos hijas del vacío. Si nuestras madres siguen en el baúl, amordazadas porque su voz nos hace girones el alma, nosotras no seremos quienes realmente somos. Nuestras niñas han de poder ver que sus madres de carne y hueso están, que tienen su lugar. Es posible que no sean como soñamos pero ¿son ellas cómo soñaron? ¿somos, a caso nosotras, como soñamos?¡Cuánto dolor trae la ilusión y la falta de aceptar quiénes somos y quiénes son ellas!

Muchas nos enseñaron abnegación y sacrificio y, aunque cambiemos las formas, hoy lo repetimos. Muchas de ellas no se sabían ni sentían mujeres, eran la “madre de” y la “esposa de”. Esto algunas tratamos de desaprenderlo pero, de manera inconsciente, lo reproducimos de nuevo.

Yo nací de una mujer en cuerpo de mujer, sin embargo me hice mujer al reconocer mujer a mi madre y al relacionarme con la Otra para ser la mujer que sólo yo puedo ser. Sin patrones que me limiten, desdibujen o amputen el deseo que nace de mis entrañas y que se asoma a mis manos para ser dado a luz día sí y día también.

Para ser quién soy he de hundir mi dedo en el ombligo y conectar con las emociones que me llevan a esa mujer de ojos claros, que es mi madre. Sin este recorrido sólo soy una teórica de la vida, una soñadora de tiempos perdidos. Yo sueño con los pies en la tierra, bien hundidos, donde mis raíces son honradas sean largas y húmedas o negras y retorcidas. Mi dedo en el ombligo me lleva a ella y, sin ella, YO no sería.