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a mis mujeres

Vallejo de Orbó (Palencia), origen de mis mujeres

mi madre no tiene útero. lo perdió sin poder despedirse. al partir él le regaló su Vida y por él ella pudo criarme, seguir aquí conmigo… viva.

el útero de mi madre me acunó a mi, me dio su calor para venir a la Vida y aunque no pudo parirme (fue por cesárea), pudo parir a mi madre…. como noble gesto de despedida.

mi abuela no tiene útero. en él crecieron mi madre y mi tía. hace pocos años un ginecólogo le recomendó que era mejor “quitarlo” porque ya no servía…

el útero de mi abuela guardaba, en sigilo, los recuerdos de infancia de todas las mujeres de la familia.

mi tía tiene útero. conoce el calor mamífero de los intensos días. brotaron lágrimas amargas. pocas veces fue comprendida.

el útero de mi tía, hace muy poquito tiempo, parió a una fuerte princesita.

yo tengo útero. palpita con intensidad noche y día. a veces me duele ver esta “casita” vacía.

mi útero es mi fiel consejero. le pinto soles y lunas. sabemos que contiene mis sueños. es mi guía.

nacida la princesa, mi tía y yo decidimos, en un pacto sin palabras… sin tiempo, alumbrar los sordos vacíos de mi abuela… de mi madre

nuestros 3 úteros palpitantes cubren de rosas los vientres de nuestras mujeres.

somos un linaje. una manada. y confío en que mi hija mantenga el pacto con todas nosotras: sus raíces de trigo y miel

punto y aparte

no sé por dónde empezar tengo el cuerpo arremolinado, hecho un nudo y vengo llena de furia. Pero de furia sana , de ésa que destruye para construir desde cero… ésa que trae viento fresco, que mueve la tierra desde dentro para que las semillas olvidadas recobren la Vida que una vez alguien les prometió tener.

huelo a sudor. nunca me permito oler a mi. y hoy, después de sentirme “poco femenina”, he vuelto a husmear mi cuerpo y a sentirme yo misma. Una mujer única, completa, un animal instintivo que tiene ganas de cuidar, de amar ,de subir y bajar… de mucho llorar… de gozar, de sonreir y de no preocuparse por nada.. sólo ocuparse.. ocupar su lugar

estoy harta, los huesos me duelen de tanto machacarme con ideas que no son mías, con culpas que no comprendo, con perdones que ya no debo. la salvaje está llena de sangre y cansada de vivir a 2 metros bajo la tierra del asfalto más sórdido.

conmigo se levantan las hermanas del Este, allá llegan las del Oeste, las de mi Norteña hacen ruido con sus pies y las de Sureña alzan su mirada a la luna… caminamos juntas. HASTA AQUÍ hemos llegado. Se acabaron los “no puedo” “no sé si seré capaz” “podré vivir de mis sueños?” “mi marido lo entenderá?” “si tengo éxito profesional , seré una mala mamá?”

SE ACABÓ

no tolero más mentiras. no pienso seguir tragando los escombros de una guerra que termina en sumisión, en embustes a punto de cruz. nos debemos a la Vida, hermanas. Ella nos cuida y nos alienta, nos mete el “bicho” de “cambiar lo raído por lo bello”. Somos las Creadoras, las destructoras de lo inútil. Parimos ideas, caricias y sonrisas en cada suspiro.

¿por qué he de seguir aquí desconfiando de mi?

SOY CAPAZ DE TODO LO QUE QUIERA

mi mujer primitiva me grita al oído. son gruñidos de pasión, huelen a tierra húmeda. el tiempo de las mujercitas ya no me vale. nadie me dirá cómo he de ser. llevo años, toda mi Vida siendo un pálido reflejo de lo que realmente soy. los perfumes y la laca de uñas no ha logrado cristianizar a mi salvaje.

a veces me gusta jugar a las señoritas pero no soy eso. soy mucho más. no quiero seguir participando. mis miedos no pueden seguir alimentando al fantasma que aúlla: “mujercita no serás capaz”.

me adapto a lo que sea, pero en ello va mi identidad. Soy más que una cara bonita, unas manos amables, una inteligencia apasionada. Soy una salvaje, mujer medular, rotunda como la Luna. la oscuridad es una de mis caras y es la que me pare al día siguiente.

con mi Vida hago lo que mi útero susurra. y SÍ, puedo vivir de ello. claro que sí. no hago mal a nadie. todo lo contrario, hago mucho bien siendo así. mujer hermana, consciente de mi espíritu rebelde.

a la REVOLUCIÓN os llamo a todas. a la revuelta de una en si misma. meterse dentro de una, gozarse y parirse a cielo abierto. puede ser que una piense “descarnada todo duele más” puede ser.. pero prefiero andar así, sintiendo con profundidad la misma Vida…

cuando este cuerpo alimente a los árboles, quiero que beban savia profunda, rotunda, sabrosa… los oropeles me quitarán sustancia y quiero recordarme como suculenta… llena de sal, de aceite, de colores puros…

no más buscar, no más callar. me encontré en el olor de mi piel, de mi sexo caliente… soy algo más que aquello que quise creer.

parte de ti, de ellas, de nosotras, de mi, parte de las mil partes del mandala rosado de nuestro útero

rabio de placer.

es un placer rabiar.

auténticamente mía

[va por ti hermana]

diosa sureña

Esta semana ha estado plagada de aprendizajes..tan profundos y tan esclarecedores que creo que voy a comenzar por el principio de los principios. O quizás voy a comenzar por lo último que me queda más “apretujaíto” aquí ,en la garganta, y así sale más fácil :)

Este jueves fui a un tablao flamenco, a una preciosa iniciativa en el corazón del barrio de Gràcia de Barcelona* . Fui muy ilusionada y la cuestión es que la ilusión aumentó con cada quejío. En el tablao aparecieron dos mujeres jóvenes, una al cante y la otra, al baile (entre tres fantásticos hombres). Dos mujeres que, al atenuarse la luz, se dejaron ver como diosas. Mil hormigas comenzaron a zapatear sobre mi vientre y las lágrimas brotaron nuevas… limpias.

Mi relación con el flamenco es curiosa. Siempre hemos estado unidos aún sin saberlo… aún sin quererlo. Es el día de hoy que mi padre me recuerda cuando era muy muy pequeña zapateando por toda la casa con la falda recogida. Y esta claro que si fuera una niña sureña tendría sentido pero allá, en mi querida norteña sin influencia andaluza por ningún lugar, era caso curioso. Él siempre dice que se lo debió de traer de la mili, allá en Almería. El caso es que al conocer a Alex (mi fiel compañero de vida y gaditano desde “shico”) sentí caer el velo de mi fachada fría y retomé el contacto con la esencia infantil que me llevaba al sur… que me dejaba fluir fuerte y rotunda, sensual y llena de pasión.

El contacto de los pies con el suelo, los brazos acariciando el aire, la mirada preñada de emociones… la falda, torbellino de colores que ilumina el polvo del camino… danza ancestral de mujeres fuertes y amantes.

¡Ah! ¡la diosa sureña!  con su rotunda fragilidad, con su amor colorido… Ahora, que comparto sangre con ella ,me siento más plena que nunca. Mi nueva madre, mi hermana, las nuevas primas, tías, amigas y abuela que la Vida me ha dispuesto en el Camino me hacen conectar con la esencia de una mujer que huele a azahar, a jazmín… a la primera rosa. Todas ellas son una representación pura de la pasión de la diosa. Confío en que todas ellas se saben bellas, pues el brillo peculiar de sus ojos, ese brillo del sol perenne me dice que la fuerza de sus corazones se manifiesta en cada gesto.

¡Ay mi mujer sureña!

Me emociono al contemplar a Alex. Él se acuno, durante 9 hermosas lunas, en el vientre de una preciosa jerezana de 22 años. Y ahora ,mi madre del sur,  conserva el semblante de esa diosa de olivo, siempre erguida y con la mirada clavada en el sentimiento. Me pregunto qué sienten las hijas del sol, qué es lo que las mantiene siempre preñadas de esperanza aún en las tinieblas. Me siento agradecida de formar parte de ellas y de traerles el color de la luna de mi amada norteña.

La diosa anida en nosotras de tantas maneras que llega a fusionarse y a mostrarnos mil y un colores con los que pintar el cielo.

Los golpes del tacón contra el suelo me llevan allá, que no es a otro lugar que al centro de mi útero. En mi, la diosa se viste de gitana y sale a pasear con la luna llena. Cuando pisa un tablao, al compás de  unas palmas, sin pedir permiso (como sólo ella hace) avanza rotunda y me convierte en fuego. No niego que mi razón suda y se retuerce, pero ella lo sabe hacer tan bien que, al final, la yegua desbocada se siente bella en su propia naturaleza.

Va por vosotras mis hermanas

* Bar Caliu C/ Torrent de l’Olla 38- 40 (todos los jueves flamenco)

a ti

Mi dulce ángel

¿Cuándo llegarás a casa? Hoy es un día extraño, de esos en los que el sol juega al escondite y las noticias son raras, frías… En días como hoy pienso en ti. En lo que me gustaría saber que ya estás aquí, con nosotros, en Mi. Recuerdo haberte prometido esperar, respetar tu ritmo pero a veces, mi Vida, las mamás somos impacientes. En tu caso tu mamá es muuuuuy impaciente. Quizá ésta es una de tus grandes enseñanzas. Es más, no me atrevo a dudarlo ni por un momento…

Pero ¿sabes? cuando te escribo te siento cerca y así puedo estar más en calma…más en mi. Durante estos 13 meses me he preguntado muchas cosas. Sé que me has sentido ausente mucho tiempo, porque, laztana, he estado zambullida en mis miedos. En cambio otros días, los más cercanos, he estado presente. Ahora mientras tecleo el ordenador me da algo de pudor compartir nuestra conversación con el resto de personas, pero siento que es bonito compartir un sentimiento tan íntimo y real. Sabes que soy así, me gusta abrir mi Corazón y dejarlo palpitar…

No dejo de buscarte nombres aún sabiendo que tú harás la elección. Cuento los meses y bueno, de nacer ¡ya sería para el año entrante! Debe ser increíble sentirte jugar en mi barriga. Sentirte más cerca si cabe y desechar así los fantasmas que, en las oscuras noches, me susurran que nunca vendrás. A veces les creo y me vuelvo gris. Tu papá me tiene que abrazar y cuando lo hace , clava su pupila en mis ojos llorosos, y siento que los fantasmas no tienen razón. Entonces sonrío y vuelvo aquí a sentirme…a sentirte. De momento nuestra unión es a través de las palabras. Como fue en su tiempo con tu padre… Como ha sido siempre en mi Vida…las palabras me acunan y de ellas naces para oler tu piel.

Ultimamente hago planes y trabajo en preciosos proyectos. Pero aún así mi proyecto número uno eres tú. Hace un tiempo traté de olvidarme de ello porque me hacía mucho daño pero al hacerlo perdí el rumbo y el sentido. Y acabé llorando de nuevo (sí, amatxu es muuuy sensible!). Al final volví a mi y reconocí que pase lo que pase tú eres nuestra prioridad y que en eso consiste Amar sin condiciones.

Oh corazón! cuánto estoy aprendiendo en este Camino. Aparecen las luces y las sombras con una potencia sin igual. Por fin he aprendido a no desistir porque jamás insistí en algo que “no saliera a la primera”. Ahora soy una mujer incansable que ejercita la Fe día a día. Por primera vez he comenzado a tomar conciencia de mi cuerpo y por fin me siento integrada. Voy paso a paso pero sin duda es un camino necesario. Yo sé que tú necesitas que estemos Presentes. Que nos necesitas puros y dispuestos a re-conocer la magia en el mundo. Lo sé.. desde pequeña lo sabía… pero vida jamás imaginé que sería así el Viaje. En días como hoy me entran las ganas de suplicarte. De pedirte que vengas. Pero la Voz de mi interior me dice que será cuando tenga que ser. Que no debo forzar absolutamente nada. Que confiar es el único Camino… Y yo… hago caso a esa Voz.

Creer que soy capaz está siendo un aprendizaje tan tan demoledor. Jamás creí que costara tanto transformar un pensamiento negativo en otro positivo. Pero ¡mírame haciendo “alquimia mental”! Sin duda estoy feliz de la mujer en la que me estoy convirtiendo. Me siento real y con ello vulnerable. Pero así es como una es fuerte, verdad? reconociendo sus puntos sensibles, no?

Ay bebé! no te voy a engañar. Sé que sabes todo antes que yo porque estás en un estado de conciencia superior. Pero es cierto que si te escribo ahora es porque quiero influir en cierto modo. Difícil no sucumbir a mantener el control. Pero sí, lo sé, el control es una ilusión!

Como sea mi ángel, me gustaría tanto tanto sentirte aquí dentro… Sea como sea sólo quería hablarte, ponerte cara con estas palabras y repetirte, en susurros, que te amo y que siempre estará mi vientre para acogerte y mecerte…

Siempre tuya

mamá

pd: suenan campanillas en el Cielo. Gling Gling Gling

luna roja

Estoy en mi cuarto día de regla. Mi precioso cuarto día del ciclo. Me encuentro como una diosa replegada en mi trono que, poco a poco, vuelve a levantar la cabeza y a clavar sus intenciones en el mundo exterior. Estoy feliz porque por fin mis ciclos son como los de antes, como los de hace más de un año. Como cuando confiaba en mi y mis capacidades para albergar vida.

Llevo más de un año utilizando la copa menstrual y apenas dos meses utilizando compresas de algodón ecológico lavables. Me siento feliz porque siento que me cuido. Algunas personas podrán pensar que comparar artilugíos no es dedicación, quizás consumismo. Pero en mi caso lo vivo como una acción de mimo y atención. Como sea, llevo dos meses exactos prestando total atención a mi abdomen y a mi útero. En este tiempo he sabido lo que se siente al ser una diosa despierta y orgullosa. En apenas dos meses siento haber recuperado el camino andado, torpemente, a oscuras.

Si miro hacia atrás me veo triste y apenada por no ser la primera de la clase en tener la regla. Muchas de mis compañeras se sentían avergonzadas o molestas por ser las “elegidas” . En cambio yo rezaba porque ocurriera. ¿Por qué? porque mi amatxu no tenía la regla (le quitaron el útero al nacer yo) y yo me hice la idea de que esto era genético. Puede resultar gracioso pero no lo es en absoluto. Nunca crecí con una mujer que menstruara y para mi las compresas y tampones eran tesoros ocultos. Mi madre me hablaba mucho del periodo y lo que transmitía no era negativo pero tampoco muy optimista. Hablaba de lo que a ella le dolía cada mes cuando era” joven”. Lo que realmente me chocaba era poder entrever en su pupila el dolor de la pérdida de sus lunas…de sus ciclos.

Finalmente el 9 de abril de 1996 vino mi primera regla. Lo recuerdo de una manera tan especial… Amatxu se puso feliz y yo me sentí tan tan aliviada (era fértil! tenía útero! no era congénito!). Recuerdo sentirme importante, valiosa. Me sentía como la portadora de un gran secreto. Ahora lo recuerdo y sonrío de nuevo. La sensación fue la de estar bendecida, la de tener la oportunidad de ser lo que mi madre ya no podía ser más: mamá (desde entonces hasta el 3 de diciembre de 2008 pasó mucho tiempo para sentirme capaz de cumplir mi sueño de ser madre).

Y bien ¿qué hago aquí recordando todo esto? pues nada más ni nada menos que hacer mi pequeño homenaje a la menstruación. Compartir que hasta hace algún tiempo yo también pasé a verla como un “estado alterado” del que hay que huir. La primera sensación de nueva diosa quedó sepultada por precauciones agoreras y por píldoras anticonceptivas. Es más, comencé a tomar la píldora con 17 años y dejé de hormonarme a los 23. Digamos que apenas sí he vivido mis ciclos ovulatorios. Me privé de ellos por ignorancia y por miedo. Y ahora que los recupero, no hay mes que no me sienta más sabia…más plena…más hembra (me gusta esta palabra..es muy mamífera!).

Ahora que siento a mis ovarios y a mi útero como el gran motor de mi cuerpo femenino, sé que afronto la Vida de un modo diferente. Me descubro coqueteando con mi imagen en el espejo y contemplando, gustosa, el ancho de mis caderas. En momentos como ahora (4º día del ciclo) me siento fuerte y demoledora. Destructiva y vehemente.  Cada mes aprendo más del refinamiento de mis  capacidades. De apreciar el valor de vaciar para poder llenar de lo que es necesario..de lo que es prioritario..PARA MI. Y es que la Diosa habla desde el útero. Ella se manifiesta con todo su esplendor en cada uno de los diferentes ciclos. Ella cambia. Ella danza libre. Ella soy Yo.

Ahora necesito silencio. El cuerpo me pide de nuevo recogimiento. He salido un momento de mi preciosa cueva para expresar mi agradecimiento a la Madre Diosa. Tomo aire fresco y vuelvo a mi. Me abrazo…me mimo..me S.I.E.N.T.O.

túnel del tiempo

Escribo desde la urgencia, desde el sentimiento dolorido. Comparto mi angustia porque si no la manifiesto quizás se pierda la esencia entre tanto razonamiento.

Mi nacimiento fue por cesárea y lo cierto es que nunca me paré a ver un video sobre ésta. He visto y veo miles de partos fisiológicos y me conmueven de manera sobrehumana. Pero nunca, jamás, me paré a ver uno sobre cesáreas. Sí que tengo mucha información sobre ella, sí que tengo una importante idea formada sobre ella, pero nuna me paré a mirar. Quise creer que era porque no coincidía pero en realidad acabo de saber que la estaba evitando.

Ahora mismo he ido a youtube y he clickado en un video sobre cesárea respetada. Bien, en el momento que he visto la gran herida, y en especial, al bebé arrancado del vientre de su madre  me he puesto a temblar. Mil sentimientos indescriptibles se han apoderado de mi cuerpo y, sin darme cuenta, he  parado la reproducción. Mi mano automáticamente ha dado al stop. Ahora mismo estoy muy revuelta. Siento un gran vacío en la boca de mi estómago. Acabo de descubrir que el sentimiento de “no pertenencia”, de sentirme continuamente “arrancada de mis raíces” sin saber nunca cuáles son, nació conmigo aquel 28 de diciembre. Tomo conciencia de que acabo de dar con una piedra importante en mi Camino y que he de amarla tal y como Es para dejarla ser… para comprenderla

La herida de la cesárea la lleva marcada mi madre en su vientre, en su alma… y  yo que me creí libre de su sombra, descubro que vino conmigo. Aún con todo lo que sé mi cuerpo continua descompuesto. Si me dejo fluir tengo la sensación de abuso. Es como si pudiera sentir las manos de un hombre extraño separándome de lo que más quiero…

¡ay vieja amiga! ¡estabas conmigo y no advertí tu presencia!

Sé que en esta Vida ambas debíamos pasar por este aprendizaje y que ,si ahora se me muestra  la oscuridad, es porque tengo la Luz suficiente para iluminarla. Pero antes de poder poner Luz debía ver hacia donde alumbrar y ahora sé que queda un rincón muy profundo por mimar, limpiar y dejar marchar.

fruto de los dioses

Hoy en el tren he tenido más que tiempo para reflexionar (he estado 1 hora parada entrevías por falta de suministro en la catenaria). Estaba leyendo el libro “Partería Espiritual” de Ina May Gaskin. En él una compañera de Ina May, Cara, escribe lo siguiente:

” Una y otra vez, he visto que la mejor manera de sacar un bebé afuera es acariciándote y abrazándote con tu esposo. Esa vibración amorosa y sexy es lo que mete al bebé ahí dentro, y es lo que también lo saca fuera”

Esta preciosa reflexión va acompañada de una foto tierna y sensual entre un papá y una mamá en trabajo de parto.

Leer esto y ver la fotografía me ha hecho estremecerme de placer. He podido visualizarme en esa situación. Siendo acariciada dulcemente por mi compañero entre ráfaga y ráfaga (tomo las palabras de Ina May para denominar a las contracciones, pues ráfaga dibuja un oleaje que es lo que son al fin y al cabo: olas de energía) He comenzado a sentir la sensualidad de sentirse amada y deseada en un momento tan mágico. A maravillarme de la continuidad de  la bella danza que nos lleva, 9 meses antes, al momento en el que nos encontramos ahora: el alumbramiento.

Y algo en mi ha hecho clik.

Si venimos del amor entre dos cuerpos, dos almas, dos seres divinos en Unidad ¿no es acaso este amor el que nos va a impulsar hacia afuera? Sí, Michel Odent nos habló de casos (bastantes) en los que tras asistir el papá al parto éste huía (bien enfermando, bien no entrando en casa, bien abandonando a la familia). Nos explicó cómo antiguamente en el parto no entraban hombres porque ver a su mujer desatada, mamífera salvaje, provocaba un “desajuste” muy potente. El objeto sensual y misterioso de deseo se convertía en una fiera, en un ser plagadito de fluidos y torsiones imposibles. Y aquí es dónde ahora mismo me paro y pienso:

¿no será que nunca hemos podido mostrarnos al mundo como la mujer salvaje , sensual y desinhibida que somos? ¿es posible que hayamos permitido dibujarnos como aniñadas damiselas con aire de pícaras consentidas? Puede ser que el hombre pierda su líbido al comprobar que desconoce una parte potentísima de su compañera. Que a algunos hombres ver a una yegua descontrolada les asuste por miedo a no poder controlarla. Puede ser que nos hayamos creído que parir es un acto racional que se ejecuta a toque de abanico y pestañeo.

Ahora bien (voy reflexionando sobre la marcha) los machos de otras especies no están en los partos. Si bien las hembras procuran que los machos no se acerquen por miedo a que las crías sean dañadas por el resto de machos adultos (con las crías fuera de plano hay disponibilidad de procrear y establecer nueva manada con nuevos genes). Esto es que si no están no es porque “alucinen” con lo “animales” que se vuelven sus compañeras. Además de que ellos se encargan de los depredadores…

Bien, vuelvo a los mamíferos que mejor conozco (o eso creo).

Siento que el estereotipo de mujer planteado en nuestra civilización patriarcal es el que remueve inconscientemente a estos hombres y les hace querer salir corriendo (tras el parto). Ya que en un parto, la mujer, si se lo permite a ella misma y el entorno es seguro para “dejarse ir”,  toma contacto con su cerebro primitivo, con el linaje milenario de las mamíferas. De tal manera que se transforma (yo creo que más que transformarse se permite manifestarse tal y como es) en una mujer potente, instintiva, terrenal, mística, sensual, sexual, carnal, etérea. Es la mismísima representación de Gaia. Manifiesta su divinidad por cada centímetro de piel, por cada mililitro de flujo.

Claro está, muy pocas mujeres saben de su naturaleza divina y además muy pocas lo integran en su día a día, por lo que muy pocos hombres han mirado a los ojos de la Diosa que reside en su compañera. Si éstas se permitieran vivir su diosa, si éstos buscaran esa mirada, siento que ningún hombre huiría, sino que decidiría quedarse para toda su eternidad al lado de este mágico ser.

Con esto no quiero decir que los hombres no sepan mirar, que las mujeres no podamos vivir bajo nuestra condición natural. Es más,si me dejo fluir, siento que muchos de ellos saben de nuestro linaje de diosas antes que nosotras. Son esos momentos en los que se preguntan cómo puede ser que nos amen tanto. Cómo es posible que nuestra sonrisa les atrape irremediablemente. Que nuestra mirada les haga cambiar de rumbo…

Yo siento que en el fondo todos y todas sabemos quiénes somos en realidad. Que el embarazo es un momento trascendental para tomar conciencia de nuestras raíces divinas, si no hemos podido hacerlo antes. Y que, una vez que nos descubrimos como diosas y dioses, podemos dar la bienvenida a nuestros hijos e hijas acompañados del mismo Amor que los invocó aquella tarde de verano.

Termino con una frase de Ina May:

“A un hombre le hace bien ver a su dama ser valiente mientras ella tiene a su bebé… lo inspira”

Añado: inspiración… divina.

ya he vuelto a Casa

Llevaba días (sincerándome, casi una temporada) sintiendo que algo no andaba bien. Que algo estaba siendo forzado. No daba con la clave y me estaba agobiando. algo, algo, algo… y hoy di con ello. ¿El veredicto final? había perdido la humildad. Algo tan sencillo se pierde con mucha facilidad. Y es que tanto cariño y apoyo a una la desbordan y, su ego, acaba alimentándose de musarañas y quimeras de papel celofán.

He pasado estos últimos días adorando a mi ombligo y por eso el dolor ya comenzaba a palpitar. Mi cuerpo no me tolera devaneos con la superficialidad y en seguida comienzan los mareos, los “ays” y los “quita que no puedo”.

En mi Vida existen pocas personas que me hagan regresar al Aquí y Ahora de manera instantánea. Una de ellas, hoy ,me ha permitido ver más allá. Me ha recordado algo que sabía pero que estaba dejando de practicar. O quizás que había comenzado a hacer que practicaba pero que no creía.

Sus palabras, aquí:

“ciertamente cada vez creo que creemos menos en las mujeres”

y se hizo el Silencio en mi. Sí, últimamente he dejado de lado mi profunda Fe en la Esencia Femenina. Mi ego se ha entretenido colgando artículos, difundiendo información, reuniendo sonrisas y abrazos y, debajo de todo esto, la causa de mi Ser para con mis hermanas, para conmigo, se ha estado cubriendo de palabras..de polvo.

Me recuerdo centrada y en Mi, creyendo en que Todo es perfecto tal y como es. Miro hacia atrás y siento que me comprometí con el “no hacer”, con el dejar Ser… amar sin juicio y aportar Luz desde cualquiera de las esquinas donde me encontrara.. y siento que mi compromiso se ha visto solapado por escarceos de mi ego.

Sin duda alguna creo en la Mujer, en nuestra capacidad innata para hacer y dejar de hacer. Pero, durante un lapso de tiempo, me he dejado ir al lado técnico del que habla de la mujer sin sentirse una con ella, de la que le  ”deja hacer” porque “así son,¿ verdad?”… perdida en “ser profesional” cuando en verdad la profesión y la persona se funden en Unidad.

Comprendo que este proceso de reflexión es un regalo. Que para encontrar mi lugar he de probar otros sillones. Pero yo me quedo con mi cojín (zafu), sentada en una esquinita del cuarto. Sintiendo que Todo Ser es mágico. Que yo acompaño y que, si hay protagonistas, son la Vida misma y su proceso encarnado.

¡Qué alegría volver a Casa! vuelvo a sentir que esta piel es mi piel, que esta sonrisa es mi sonrisa y que mi alma, de nuevo, vuelve a ser el de una doula.

gracias Inma por tu invitación a la reflexión… gracias

hermanas

Esta mañana me he encontrado con una mujer muy especial. Es norteña, como yo. Es más, es de al lado de mi pueblo de origen. Es una mujer muy especial (lo dije ya, pero quiero que quede bien marcado). Ella no es mamá, pero es hija y una grandísima hermana. La Vida nos marca encuentros en los que ella siempre necesita de una sonrisa y en los que yo necesito de unos brazos acogedores. Así que… esta mañana..nos hemos encontrado.

Yo salía más o menos tranquila por la puerta y ella estaba sentada esperando, nerviosa.. triste. Los ojos castaños clavados en el suelo y la sonrisa perdida en el pañuelo. La Vida nos ha acariciado y nos hemos clavado la pupila “¡pero qué haces aquí!” ” ¡siempre te encuentro cuando más te necesito!” … y el día ha tomado el color del cariño sentido. El gris perla de la mañana se ha perdido en nuestros bolsillos.

Esta mujer tan especial llegó a Barcelona para acompañar a su hermana en un posparto llenito de miedos, de sombras puntiagudas, de silencios rotos… Dejó todo lo que allá tenía para cuidar de la pequeña de la casa.

Cada vez que la miro me maravillo del Amor tan puro entre mujeres, entre hermanas… Su apoyo fue fabuloso ya que “la pequeña” retomó su Poder y comenzó a caminar por su propio pie. Re-encontró a su diosa en compañía de aquella mujer con la que, hace tiempo ya, compartió cálido útero y pecho amante.

¡ai *laztana!

Ahora ella mira melancólica el reloj y suspira. Me gusta mucho abrazarla, porque cuando lo hago, siento el latido de una mujer poderosa, dulce, cálida…fuerte! … ella… hace tiempo que se le olvidó de quién es.

Caminamos juntas. Tomamos una infusión. Hablamos de allá y de acá. Retomamos nuestro acento bilbaíno y reimos…. mucho. Huele a yodo, a hierba, a salitre… huele a nuestra Tierra. Como ella, es acogedora, maternal, amorosa, fuerte, sentida pero ambas olvidaron que son perfectas en su naturalidad, en su calidez y fortaleza a la hora de Amar.

Hace un par de horas que nos despedimos. Su sonrisa tímida y plena sigue grabada en mi mente. Ella me mira y me dice “eres mi ángel. Siempre apareces cuando necesito un abrazo” y yo, ruborizada, no me atrevo a decirle “el ángel eres tú, que con el aire que se cuela entre tus pestañas, me devuelves a Casa, al útero de nuestra manada” .

…a Yolanda

*laztana: expresión , en euskera, que puede traducirse como “amante” “cariño” . Modo tierno en el que las mujeres de la casa llaman a sus pequeños. Para mi una de las palaras más bonitas que jamás me hayan dicho.

¡oh Pandora!

Hace días prometí compartir lo que aprendí con Cristina Alonso en el taller de Luna Maya, he tardado el tiempo necesario para poder traducirlo…para tener la capacidad de dibujarlo a través de las palabras sin dejarlo manco, sin perturbar la esencia.

Aprendí a amar a mi niña Erika, la niña que se perdió en los surcos de mi ombligo, la niña triste que olvidó pedir ayuda “por si las moscas”… Conecté con ella a través de un gran proscrito en mi cuerpo: mi abdomen.

Situado entre mis pequeños pechos y mis marcadas caderas, habita el “innombrable” de piel tersa y suave. Desde muy pequeña aprendí a olvidarle. Siempre bajo camisetas anchas o vestidos de “campana” aprendí a no tocarle, a guardarme de él… a almacenar en él mi dolor sin pulir, mis penas sin aclarar…

[miro los puntos suspensivos que se van dibujando al teclear y no sé cómo continuar]

Mi abdomen… está aquí, integrándome..estuvo allí, desintegrando mi felicidad ficticia. ¡Almacené tantos miedos y vergüenzas en él!

Aquel día, al tocarle, la Caja de Pandora saltó por los aires… estaba frío, inherte… pertenecía a otra mujer..quizá dejó de existir durante veinti-tantos años… dolía… muchos pinchazos le daban aspecto de no-muerto, lo único que me hacía saber que estaba ahí era el ardor de su silencio.

Mi barriguita redonda…aquella que siempre he cubierto. La que nunca dejé acariciar. La que siempre oprimí y maldije de cara al espejo. La que no me hacía “perfecta”…

Allí en mi abdomen se encontraba Erika sin limar, Erika sin mimar, Erika sin razón… la niña que desconocía que ya era una mujer…la mujer que no reconocía que compartía espacio con una niña temerosa… Juntas en mi panza.

La caja de emociones, la joya de la autoestima… el “yo soy” en su máximo esplendor me mostraba que ya era el momento de bucear en mi mar. Comencé por el ombligo y ya me puse a temblar.Esta puerta al mundo de mi madre, a la unión única entre dos cuerpos, me sacudió por completo. Mi ombligo, el epicentro de mi esencia femenina, me tragaba hacia el centro..y dolía… porque yo lo rechazaba. Quería salir corriendo ¿Por qué? porque él es la firma en el contrato de la Vida, de esta vida. Sello perpetuo con mi madre… con mi linaje femenino, del que tantas veces habré huido.

Ahora siento que el centro de éste, mi cuerpo, guarda pena y contento. Es como subir al desván a revolver entre los “trastos viejos”. De repente te encuentras con la muñeca que te hacía llorar, con el perrito que se “comía los fantasmas” a la hora de irte a dormir… De repente …te encuentras.

Y aquí comienza todo de nuevo, pero con un sabor diferente, pues estoy completa. Reaparecen los titubeos, los pinchazos… pero ahora los puedo acariciar, los puedo aceptar e incluso liberar.

No negaré que en estos días la rabia y la angustia se han quedado a tomar el té, pero tengo espacio para conversar y dejarlas partir. Dos compañeras de viaje que seguían ahí sin que tuviera noticia de ello.

He aprendido que en el abdomen, una mujer, guarda una vida entera. Que en su abdomen se crea la Vida. Es el baúl del Gran Tesoro. Y la Vida necesita  de un espacio amplio y bello para poder desarrollarse en su máximo esplendor. Es momento de adentrarse, empaparse  e integrar cada parte de nuestro Cuerpo para Ser, para amarnos y gozar amando…

¡Todo esto guardado en esta barriga!

Por fin, hoy Pandora puede sentarse y contemplar su reflejo. La caja se queda vacía… Es más que una promesa.