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dejando las drogas

Me desbordan las ideas y las palabras se mueven estrepitosas, saltan a la pantalla y yo, las ordeno como puedo.. como quiero.. o quizás debería dejarlas ser.

Iba a escribir sobre un tema y de repente, en un post de última hora, he sentido que la inspiración requería atención particular y aquí estoy, haciendo caso al instinto humano de escritura.

Crisis! CRISIS! crisis! Pobreza! Destrucción del Estado de bienestar! Recortes! Paro! Miedo! Inseguridad! Trabajos basura! ERE!

STOP!!!! Paremos ya. Sí. Para hermana, para.

RESPIRA.

mmmmmmmmm

RESPIRA

Espanzúrrate en el sillón. Resopla por tus labios. Hazte un huequito confortable y permítete poner atención en lo que estás haciendo justo ahora. Leer este post ¿si? Bien. Lee el blog. Después lo otro. Mañana¿! relaja. Aquí y ahora. Respira. No te olvides de respirar.

Vivimos en un estado de miedo contagiado que está tocando los cimientos de nuestra psique. Vivimos rodeadas de negatividad y parece que una sonrisa perenne es un insulto de una ingenua arrogante que no se preocupa de lo que ocurre en el mundo occidental. El mundo es tal como tú eres. No lo dudes jamás. Tu mundo refleja lo que crees de él. Haz la prueba. Elige un color, tu color favorito. Siéntelo y decide por hoy pintar el día  de ese color. Nada de grises opacos o marrones destilados. No hay hueco hoy para los tóxicos de la negatividad. Por hoy, por ahora, haz la prueba. Verás que todo lo que ocurra hoy será placentero, lo vivirás de otro modo.

La adrenalina se contagia rápidamente, intoxica todo nuestro Cuerpo. Somos el animal en la cadena trófica que carece de depredador de otra especie y somos el que más adrenalina tiene. El ser humano occidental, en su “estado de bienestar”, vive con mayor tensión que una zebra en plena sabana. La adrenalina está diseñada para escapar de los depredadores y en nuestro cuerpo sólo ha de estar en tiempo reducido para que sea efectiva y no tóxica. El estado natural de la hembra humana es un estado oxitócico. La hormona oxitocina (hormona del amor) es la que ha de impregnar y guiar nuestro hacer y sentir diario. El calor en nuestro útero, nuestros riñones, nuestro torso y nuestros pechos es primordial para estar en armonía, en estado natural. Sin embargo la realidad es bien diferente, la adrenalina y su frío ocupan nuestro útero, paralizan nuestros riñones… congelan nuestros anhelos. Nos arrastra al vacío, a la duda, a la razón prestada… Comenzamos a hacer aquello que sentimos que no podrá ser bueno para nosotras ni para nuestro entorno, desarrollamos estrategias para sobrevivir porque vivimos en estado de alarma. Creemos que las leonas vendrán a devorarnos de un momento a otro porque así nos lo han dicho, así lo vemos en la televisión, así nos lo ha dicho nuestra prima que está pasando calamidades…

PERO si te paras, respiras ¿crees que es cierto? Realmente ves leonas sobre ti relamiéndose? Por leonas digo: Hacienda, paro, problemas financieros, embargos … Cuántas de ellas son reales y cuántas son imaginarias? No crees que si te quedaras únicamente con las reales podrías marcar una estrategia? Las estrategias permiten ser creativa. Facilitan mover energía y llenar de calor y color el día gris que te han pintado.

Escribo esto desde mi experiencia. En cada familia, como dice mi padre, cuecen habas. Cada cual tenemos nuestras leonas. La mía siempre es la economía familiar. Mi sensación de carencia siempre me ha devorado. La cuestión era que tuviera o no dinero siempre sentía que no tenía. Quizás para estos 5 minutos sí pero para mañana?! Me pasaba todo el día intoxicada de adrenalina y cortisol. Como todos los tóxicos una se vuelve adicta, así que yo generaba constantemente esa sensación de carencia. El asunto es que, hace poco, decidí desengancharme. Mi salud estaba debilitándose y mi relación de pareja iba haciéndose añicos, pequeños, diminutos pero pedazos al fin y al cabo ¿Cómo lo hice? Pare. Deje el hábito. ¿Síndrome de abstinencia? Claro. Además también me da por buscar sustitutos sin embargo respiro y pongo el freno. No os hablaré de que gracias a eso millones llegan a mí, ni situaciones de El Secreto, del que no opinaré sin una profunda conversación entre medio (hoy no será), en el que todo son Ferraris y casas de lujo. Lo que sí que os digo es que desde que he dejado el hábito de intoxicarme con historias de precariedad, carencias y pobreza, soy más feliz. Físicamente mi oxitocina vuelve a ocupar su lugar y su estado armónico. Mentalmente vuelvo a ser creativa, porque el miedo se ha ido y ya tengo espacio para dedicarme a lo que verdaderamente me gusta. Emocionalmente me siento feliz, plena. Esto no quita a que no llore o me enfade! la cuestión es que ahora lo vivo como algo más.

¿Mi economía ha mejorado? Os diré que desde hace 2 semanas mi familia y yo vivimos con un presupuesto de ¡40 euros!  Confieso que me daba apuro escribirlo pero deseo mostrar que, el mundo es tal y como tú eres. Quizás nuestras familias lean esto y se asusten, pero somos felices. No hay nada que temer. Y cuando haya algo, tendré la adrenalina necesaria para hacerlo frente, no la habré despilfarrado en lamentarme, aullar de angustia o maneras varias de intoxicarse el Cuerpo.

Ahora, escribiendo, me río. Pienso que en este “dejar las droga de la negatividad” sí que he hecho pequeñas cosas que, juntas, han hecho posible mi estado actual. Si os parece os las escribo, por si os sirven de inspiración o al menos por os te hacen sonreír.

Allá van:

1. Practico sexo conmigo cada mañana – un buen “arrechucho” que diría Ismael Serrano- (gran manera de hacer que la oxitocina corra por el cuerpo)

2. Voy al bosque. Cuando tengo “el mono” me voy al bosque con mi perra Lola

3. Corro. Tengo mucha energía, sobre todo en la fase dinámica de mi ciclo lunar, en vez de quemarme con mi fuego me voy a correr. Si es por el bosque mucho mejor!

4. Duermo abrazada a mi compañero, entre mi perra y mi gato. Colechar me hace sentirme segura y amada ¿quién teme así al lobo feroz?

5. Cocino. Soy “la Maga” de la cocina. Nutro y creo.

6. Escribo cada día 3 páginas. Sea de lo que sea.

7. Voy al cine sola (me saqué una tarjeta de socia apra que me saliera más barato)

8. Conecto con mi ciclo! Fundamental. Ya no me como la cabeza porque ya sé cómo funciono!

9. Creo talleres para mujeres y cuando los facilito me lleno de Luz y Confianza. Hago mi re-evolución junto a ellas. Me dan motivos para estar “limpia”

10. Escribo mi novela. Acepto el reto de hacer lo que tantas veces soñé. Así tengo algo menos por lo que lamentarme.

11. Abrazo a las personas que deseo

12. Canto sin tapujos ni vergüenzas

13. Visto la ropa que me da la gana. Dejo ir las “tendencias” y me dejo llevar por la energía del momento (de mi ciclo)

14. Cupcakes. Me llenan los sentidos, me endulzan la creatividad.

15. Hago el amor con mi compañero. Es una delicia tanta oxitocina por nuestros Cuerpos

16. Hablo con mi familia. Escucho los sabios consejos de mi madre. Río con mi padre. Aún en la distancia los siento en mí, porque mi cuerpo es su legado.

17. Sonrío. Dibujo una sonrisa y la contagio. Observo con curiosidad a las personas del ferrocarril.

18. Descanso. Si estoy cansada paso de fustigarme. Me relajo pues mi Cuerpo es sabio

19. Quedo con personas que amo. Me ayudan a estar fuerte y si me caigo…

20. Pido ayuda!! No somos animales solitarios. Nos necesitamos!

21. Disfruto de mi compañía

22. Juego. Mi niña es la reina de la oxitocina. La mimo, le canto, le bailo …

23. Escribo en este blog para compartir… porque sólo así siento que podemos hacer de nuestra Vida lo que realmente queramos de ella.

Porque Ella, la Vida, sólo desea ser vivida. Si no haces nada por Ella, ¿Qué puede hacer Ella por ti? Mímate. Vive en alegría para poder morir felizmente. Haz de tu vida lo que tratas de hacer de la vida de tus hijos. Cuida a tu niña interior.

Ahora me siento mucho mucho mejor. Al final tampoco he escrito sobre lo que pensaba! Por esto merece la pena vivir, por el placer de saber que todo tiene su lugar si así se permite.

¿Con qué color pintarás hoy?

 

 

Un día para recordar

 

Camino, abandono la postura erguida del Hombre para adoptar la postura flexible y abierta de la Mujer que soy. La húmeda tierra mulle mis sueños, las copas de los árboles me susurran sortilegios al oído. Hoy es un día en el que, como en los últimos días, busco refugio y amparo en la profundidad del bosque.

El aparato patriarcal cae de bruces y el estruendo de su golpe nos sacude de pies a cabeza. Vivimos tiempos de cambio, de cambio necesario porque hemos de conectar con lo que somos en realidad. Cada mujer y cada hombre podrán verse en el espejo de la necesidad para tomar conciencia de su deseo. Esto va a doler dicen algunos, yo digo que llevamos tiempo labrando un camino. Muchas lunas son las que han pasado desde que las mujeres hemos decidido conscientemente andar nuestro Camino de (re) vuelta. Cada día hay más mujeres repensándose así mismas, permitiéndose sentir la magnitud de su sabiduría y sembrando semillas. Cada una de estas mujeres, cada una de estas salvajes hacen posible que este mundo albergue fuerza, valor, color y sabor.

Muchas de ellas están en oficinas y otras tantas en sus hogares, una gran mayoría crea con sus manos hilos que unen a las unas con las otras en infinita relación. Algunas se nombran y etiquetan, otras simplemente caminan en sentido del viento, unas pocas tejen nuevas palabras para darse sentido en el absurdo del estado del bienestáN.

Todas ellas son hijas de su tiempo pero en especial hijas de sus madres. Madres de las que han podido renegar mil y una veces pero a las que siempre acuden en sus ruegos finales, como si el Instinto les llevará, sin premeditación ni alevosía, a los orígenes de su Cuerpo.

Por todas las hijas y por todas las madres y por todas las hijas y por todas las madres va este canto de reconocimiento. Porque el mundo nunca dependió de los hombres ni de su sistema deformado de valores sin cuerpo, el mundo siempre fue, es y será nuestro. Nosotras cada día, con cada gesto, hacemos posible la Vida. Algunas la conciben, otras la gestan, otras la paren y todas la criamos.

Mucha veces nos enfadamos y nos señalamos. Bueno, hay derecho a la rabieta, pero que no nos dure mucho tiempo. ¿Creo que el cambio depende de la mujer? No lo sé, simplemente SIENTO que  soy responsable de mi Cuerpo y Sabiduría de mujer y, como Guardiana de los Misterios, vivo para preservar, compartir y transmitir lo que todas sabemos. No hay poder que nos corte ni medida que nos pretenda si cada una nos paramos y observamos, sin velos, la perfección de nuestro Cuerpo. Redondo, suave, perfilado, mullido, terso… En cada uno de sus rincones se alberga la mayor de las inspiraciones. De ellas nos nutrimos para crear lo que realmente queremos que nazca en este mundo. Somos capaces del milagro de la Creación. No es necesario ser beata para poder, para cabalgar por nuestro monte de Venus a horcajadas…

Somos únicas

y es por nosotras que el planeta palpita,

y es por nosotras que la risa continúa allende los páramos desolados de las guerras…

y es por y para nosotras el trino del mirlo que anuncia la primavera de un gran día en el que todas nosotras despertemos del letargo y pintemos de nuestros colores el mundo que nos es propio por parido, por criado y por defendido con uñas y dientes de leona.

Mis pies caminan enérgicos por la cuesta, mi perra salta alegre y yo… sonrío. Confío porque sé que nuestro día a día hará de este triste lunes un lunes nuevo, un lunes nuestro, una promesa de verano a finales del otoño que cambiará el curso de nuestro salvaje río.

A todas vosotras, mis hermanas. A todas las mujeres de este planeta.

el baúl de las madres

¿¡Dónde están que no las veo!?

¿Las dejamos marchar? ¿Nos dejaron llegar?

Hablo de nuestras madres, de las mujeres que nos gestaron, de las que nos parieron, de las que nos criaron (que no tienen porque ser las tres en una)…

Observo continuamente que algo aquí está oculto o, quizás ocultado. Pocas hablamos de nuestras madres y más pocas aún hemos reconocido su lugar en nuestra historia de vida.

Que conste que yo no me siento una iluminada por haber llegado a situar a mi señora madre en el justo lugar que le corresponde. Ha sido un largo proceso de tinieblas y de mucho dolor, que sé bien que hicimos entre las dos y que me niego, ahora, a contabilizar los pasos de la una y de la otra. La cuestión es que andamos y que nos encontramos. Quizás por poco tiempo, quizás a veces con más espacio para ver en mi pupila su pupila…

Quizás fue la humildad de saberme hija de una mujer, más allá de hija de una madre… porque mi madre, Ana Rosa Rodríguez Ruiz, es ante todo mujer. El amor con un hombre, mi padre, mi venida al mundo y su consentimiento de albergarme en su vientre, le hizo madre. Sin embargo antes de que yo llegara y después de mi llegada mi madre era y es mujer.

Ella tiene sus deseos aún ocultos por miedo a no ser la madre que la sociedad o yo esperaba, pero ¿es esto cierto? sinceramente, no lo sé. De nuevo, vuelvo a hablar por ella como hace toda hija que cree tener derecho de decir sobre su madre lo que desea o no. Estoy muy cansada de mostrar, ante mi y ante el mundo, a mi madre como una sufridora del patriarcado, como una mujer anulada que me transmitió un rol de mujer que no me gusta. Esto no es cierto. Mi madre, que es mujer, me dio el mundo y al mundo como dice Mª Milagros Rivera Garretas. Ella fue y es garante de mi libertad, tejiéndola desde el silencio y cuidando de cada detalle para que yo fuera quién soy en realidad.

Podrás pensar que esto sólo lo hizo mi madre pero estoy segura de que la tuya también lo hizo. Siente bien y mírate en el espejo ¿qué gesto vive en ti? Ella es el único origen. Los destinos son varios, en cambio el origen existe y es uno. Nosotras mismas somos las que lo obviamos porque  duele, sin embargo sin volver a él, no hay camino real  fructífero, sólo ilusión.

Cuando se habla de crianza consciente, amorosa, siento que no es completa ni posible sin reconocer a nuestra madre. Y por reconocer no hablo de amar a la madre – como explica Luisa Muraro en El Orden simbólico de la Madre-  pues hay casos en lo que amar cuesta tanto… Hablo de saber de dónde venimos para ser conscientes de hacia a dónde vamos. Esta elección del camino es responsabilidad nuestra y no hay evolución más allá del patriarcado si continuamos creyéndonos hijas del vacío. Si nuestras madres siguen en el baúl, amordazadas porque su voz nos hace girones el alma, nosotras no seremos quienes realmente somos. Nuestras niñas han de poder ver que sus madres de carne y hueso están, que tienen su lugar. Es posible que no sean como soñamos pero ¿son ellas cómo soñaron? ¿somos, a caso nosotras, como soñamos?¡Cuánto dolor trae la ilusión y la falta de aceptar quiénes somos y quiénes son ellas!

Muchas nos enseñaron abnegación y sacrificio y, aunque cambiemos las formas, hoy lo repetimos. Muchas de ellas no se sabían ni sentían mujeres, eran la “madre de” y la “esposa de”. Esto algunas tratamos de desaprenderlo pero, de manera inconsciente, lo reproducimos de nuevo.

Yo nací de una mujer en cuerpo de mujer, sin embargo me hice mujer al reconocer mujer a mi madre y al relacionarme con la Otra para ser la mujer que sólo yo puedo ser. Sin patrones que me limiten, desdibujen o amputen el deseo que nace de mis entrañas y que se asoma a mis manos para ser dado a luz día sí y día también.

Para ser quién soy he de hundir mi dedo en el ombligo y conectar con las emociones que me llevan a esa mujer de ojos claros, que es mi madre. Sin este recorrido sólo soy una teórica de la vida, una soñadora de tiempos perdidos. Yo sueño con los pies en la tierra, bien hundidos, donde mis raíces son honradas sean largas y húmedas o negras y retorcidas. Mi dedo en el ombligo me lleva a ella y, sin ella, YO no sería.

 

por ti, Habiba

La ausencia de tu cuerpecito me hace temblar

Tus manos ya no acarician mi cara con esa dulzura tan tuya, mi niña

tan nuestra, mi lucero…

tan de mi y de ti, pequeña flor del desierto.

El mundo que te doy es el mismo mundo que nos quita, mi niña

¡Qué diminuto se hace mi cuerpo ante la inmensidad de tu ausencia!

Mis pechos nutren tu alma, mi lucero

allá donde estés, mi flor del desierto…

Si yo fuera Habiba, si yo fuera la madre que vela la cama vacía… la de los brazos faltos de la cadencia de su peso y ronroneo… si yo fuera ella, mi alma de poetisa quedaría muda… rota… marchita.

Porque no soy ella y porque soy la otra que siente y padece de lejos, de cerca, desde el rincón de la observadora…pero sólo de la que ve lo que puede y quiere, la que llena su cama de sueños y golondrinas, porque soy yo y no ella ni otra, mis palabras más puras se ponen a sus pies. Para que nutran y acaricien su ser, para que su voz de madre cobre vida en el cuerpo de cualquier mujer.

Porque Habiba podría ser Yo y quizás ella, por mi, daría hoy su voz.

TODAS SOMOS HABIBA

una Nueva Maternidad ya está llegando…

“Quizás el primer libro sobre crianza escrito no por psicólogos, ni pediatras ni gurús, sino por madres”

de cara, frente a mï

Si pudiera mirar más allá de la pasión de negar mi viento

si en algún momento mi cuerpo de mujer se abriera ante mí

y mi mente de incrédula pudiera ver lo bella que soy

quizás dejaría marchar a estos fantasmas..

que me dicen que no puedo dejarte marchar.

¿Cuántas veces te miras al espejo y no encuentras a quién buscabas? ¿De cuántas maneras giras tu perfil para poder aproximarte a esa idea que dibujas de ti bajo las sábanas?

Ser mujer, en mi, ha pasado y pasa por tantos colores que puede ser que un día explote en mil y un pétalos…

imprevisible,

inmanejable,

innegable,

incoherente,

insensata…

definiciones que hablan de lo que no soy para aproximarme un poco más a lo que soy

¿Por qué el “no” nos da más margen para definirnos? Puede ser porque no tengamos ni debamos tener etiquetas que nos hagan encajar y con ello, amputar el universo que somos. La matria que una es con o sin derecho de residencia.

Ahora, sola con Lola y Taisen (perra y gato), frente a una cámara, me atrevo a fijar la pupila y verme por el objetivo. Me da mucha vergüenza y no quiero sentir que la que mira soy yo, que la que desea mostrarse bella ante vosotras soy yo.. que yo también sé coquetear y también necesito de la autorización femenina para sentir la belleza de mi cuerpo joven.

Ser mujer, en mi, pasa por una aventura intensa sin fin y yo sola me repito: Erika, creo que esto es vivir…

*Escucho Little Life de Rachael Yamagata

canción de amor desesperHäda

Pez, como la negra pez. Y aunque nade a favor de la corriente, siento que me vuelvo a caer… dentro del bidón de alquitrán…

Esperanza, la última que se pierde y la que más duele al saberse perdida. Así mes tras mes, esperando a que crezcas en mi barriga…

Él y yo, yo y él ,más todos y todas los invitados e invitadas a este acto de concepción esperada… nos abrazamos y a veces nos gritamos… ponemos luz y otras, la quitamos… todo esto rodea tu llegada…

Fragilidad, es la palabra que dibujan mis lágrimas al chocar contra la almohada. El dolor no se amortigua por el viscolatex, no… es más, a veces creo que lo rebota y lanza de nuevo… para brotar una y otra vez…

Podría poner claridad pero estaría mintiendo. Sé lo que es adentrarme en mi densidad y salir empapada de hiel. No necesito renacer, pues ya nací una vez y ahora me queda el camino de la vida, aún por recorrer…

pensé, en que te llamo a la vida para ser mortal y que quizás tú no quieras serlo. pensé en que pienso demasiado y que quizás te agobie vivir dentro de una filosofa perdida… pensé y así comencé de nuevo a llorar…

sé que dentro de unos días la herida cerrará y dará paso a la luz pintada de verde esperanza. bucle sin fin del que quiero salir corriendo y al que me aferro como muerta a su último aliento…

bebé, ésta es la que también soy. no sé si la conoces, pero obsérvala bien, porque esta mujer frágil y oscura es también la que te acunará dulcemente cada noche y te pintará poemas cada día…  sé que cumples con tu tiempo y con tu misión, pero este hada de alitas rotas te pide que escuches su mensaje:

amor mío, mi útero te espera; mis pechos te aguardan y mis manos te anhelan …

ven, ven…ven…

A ti, quien está por venir

Mi amor verdadero

Enamorada de cada gesto, de cada palabra tejida con esmero… sedienta de sus miradas cristalinas…

Hace tiempo que descubrí el calor de la mujer, pero quizás es ahora cuando confirmo que sin su pasión, sin sus palabras tiernas y sin su escucha presente no podría ser la que soy: mujer al completo.

Me gesté en el cuerpo de una mujer y mi cuerpo se hizo femenino en su seno. Al llegar al mundo, desordené mi sentido ayudada por los vientos patriarcales… arribe a su puerto cuando me encontré rodeada de 60 mujeres enteras, a pedazos construidas… Gracias a ellas llegué a mi madre de nuevo. Confirmé mi genealogía de mujer y me sentí capaz de ubicarme en el mundo porque ya me había ubicado en mis pechos, en mis labios, en mis suaves curvas… en mi SAGRADO sexo.

Leyendo a Luisa Muraro y a las mujeres que forman parte de la Librería de Mujeres de Milán comprendo, en palabra descrita, lo que tantas veces he presentido. Una mujer necesita enamorarse ( hemos de recuperar esta palabra para nosotras) de su semejanta. Verse en y a través de los ojos de la mujer, que como ella vive en esas curvas y en este mundo patriarcal.

Desde que disfruto de la amistad de las mujeres me siento más yo. Es una yo que nunca antes había conocido y que me enamora en cada reflejo en el espejo. Aparece la “auténtica” cuando me dejo hacer en y por ellas… por mi…

Por ellas, por nosotras pido que volvamos a mirarnos a través de nuestras pupilas y que gocemos del placer de ser en la otra. Es el momento de volver a casa…

Yo abiertamente declaro que estoy enamorada de vosotras, mujeres de mis entretelas.

Recomendación libro: “No creas tener derechos” Librería de Mujeres de Milán

mi barquito de papel

Apenas si unas gotas de sangre. Apenas si un sentimiento extraño. Apenas si sentí tu llegada… No quieras saber, Amor, cuánto tiempo me toma entender tu partida.

Tengo un hilo de odio anudado alrededor de mi útero. Unos dedos temblorosos no quieren mostrar la angustia de no ser la madre que esperaba ser. Y a aquí hemos llegado Aram, a abrir mi alma para que pueda limpiar tu memoria y sentir todo el dolor de manera real no un “como si…”

Sólo te nombro abiertamente cuando he de ir a algún médico. Me preguntan por embarazos y entonces autómatamente les habló de ti. Te pongo más semanas dentro de mi cuerpo y respiro conmovida tratando de pasar a otro tema… Te cubro de emociones ya resueltas y sonrío… Hijo mío! cuánto teatro!

Viviste en mi  4 semanas y 5 días y si me apurara sabría las horas. Viniste un mes de diciembre, tu padre afirma que el día de mi cumpleaños. Llegaste a nosotros después de habernos comprometido a ser papás días antes y al saber de tu llegada, mi corazón no supo asimilar que la Vida nos hubiera escuchado con tanta premura. Lo primero que hice fue llamar a mis padres, mis primos, mi tía y mis abuelos. Compartí mi alegría con toda la familia y me sentí tan tan especial… Llegaste para unirnos y esa noche de enero tu padre y yo nos fuimos a dormir muy inquietos.

Apenas si pasó un día más y, aunque sangraba un poquito y me sentía cansada, me empeñaba en ir a trabajar. Entonces cuidaba de un bebé y no quería fallar a su madre ni que faltara el dinero en casa. Sin asimilar nada y con el estoicismo habitual decidí no descansar… Aquella noche te fuiste de mi… Recuerda aún, mi cuerpo, las grandes contracciones que me dobalaban sobre la cama. Tu padre confuso y yo diciéndole que era normal, mientras me agarraba el vientre pidiéndote que te quedaras conmigo…

Mi cuerpo ya sabía lo que ocurría, en cambio mi cabeza se perdía en justificar lo que estaba ocurriendo…

Por la mañana, muy prontito una odisea de ambulatorios y hospitales para llegar a decirme que ni se te veía en mi barriguita ni seguías presente en mis hormonas…. Recuerdo con todo mi dolor mirar a la médica en el pasillo (donde me comunicaron tu marcha) y decirle: “ah vale! entiendo. Me voy ya. Adiós”… Recuerdo como fui la mujer de hierro disimulando que mi corazón se había quebrado. Fui hacia donde tu padre y le pedí que me llevara lejos. Y allí, sólo ante él, me rompí… nos rompimos en mli y un llantos.

Aún siento esa rabia, esa angustia, ese vacío inexplicable y esa frustración tan amarga.

Escuché de todo pero nada me consolaba… Hice lo que sabía para volver a la Vida: sorberme los mocos y caminar erguida. Y así, así padecí un dolor punzante y gélido… el dolor de no reconocerte ante el mundo. Únicamente ante mi y en el silencio de las sábanas frías.

Ahora, Aram, te recuerdo dolorida. Sabiendo que hace 2 años me preparé para ser madre y no volviste… ninguno lo hizo. Sí, crecí mucho y aprendí mucho pero te engañaría si dijera que no te sigo llorando ni pidiendo que bajes de nuevo o que, al menos, baje alguno de tus hermanos…

Me convertí en ser espiritual, en ser racional, en ser pragmático, en ser alado… en todo y en nada. Te lloré ante mi madre y me sentí más en calma. Te lloré ante Anna y me sentí más humana. Te lloré ante tu padre y me sentí impotente porque ya no podía dejarte de llorar… Aquel 24 de septiembre te dejamos marchar con un barquito de papel en el mar. Me sentí más libre y liviana pero hoy siento que sigue habiendo una enorme carga en mi.

En seguida me apresuré en volver a ser mamá y, seguramente, si lo hubiera conseguido, no estaría ahora sintiendo este dolor tan agudo que es el que me produce re-andar el camino a sabiendas de que es la única manera para encontrar aquello tan perdido y tan necesario. Contigo, no pude dejar ir la pena. Contigo, no supe llorar y pasar el duelo desde el principio. Contigo, como con los demás, me llené la cabeza de ideas para alejarte de mi corazón y no sentir el frío vacío de tu marcha…

Aram, fuiste vida en mi vientre. Fuiste la savia y el gesto ardiente de dos seres que se aman con ternura. Aram, para el tiempo que estuvimos juntos sólo puedo decirte que no puedo seguir disimulando y que quiero sentir la sangre correr por mis dedos… Te reconozco como tal y te lloro sin tapujos. Hijo mío, el estoicismo y la fortaleza nunca me hicieron tanto mal.

…Confío en sentir, algún día, tu sonrisa…

Zeure Amatxo,

Erika

Yo amo a mi vulva

Mi sexo es mío. De nadie más.

Yo descubrí el placer cuando era muy pequeñita, creo que, como muchas niñas, investigué mi cuerpo hasta encontrar “la tecla”. Recuerdo que esto ponía nerviosos a mis padres y les entiendo muy bien. Mi madre, como muchas madres, se crió en un ambiente en el que “tocarse” era sucio, era malo, era el camino directo al infierno. Sé que la historia hubiera sido diferente si hubiera sido un niño. A día de hoy que un niño se masturbe puede suscitar alguna risa nerviosa pero sus padres no se sentirán tan incómodos (seguramente algún padre se sentirá orgulloso) como si fuera una dulce niña de bucles dorados que se pasa todo el día “jugando” con su osito de peluche (en mi caso era un dragón rosa).

Bien, creo que un embarazo sano pasa por una sexualidad sana y ésta pasa sin lugar a dudas por una autoexploración sin tapujos, alegre y llena de fantasía. Ésta es la exploración típica de los niños y niñas en edades tempranas.  ¿Quién de nosotras no descubrió lo que le diferenciaba de los niños con su hermano o primo? ¿Quién no se dio sus primeros magreos con su amiguita, vecina o prima? La cuestión es que en nosotras no había malicia ni pecado, pero sí en los ojos atemorizados de nuestros padres. Y esto es lo que nos hizo sentir sucias, porque además “una niña no tiene deseo sexual” porque tooooodo el mundo sabe que el apetito sexual es propio de los niños o futuros hombres (por supuesto heterosexuales!). Las mujeres no sentimos ni padecemos hasta que encontramos a nuestro príncipe azul con un magnum 45 entre las piernas y nos lleva a la isla del placer, en la que sólo podremos estar si vamos de su mano.

Es curioso pero yo siempre sentí que hacerme el amor a mi misma me daba muchas más satisfacciones que algunos  encuentros fortuitos en la tercera fase. Lo cierto es que hasta hace muy poquito no pude abandonar la sensación viscosa y oscura que me invadía cada vez que acababa de llevarme yo solita al séptimo cielo. Siempre me sentía sucia, culpable como si estuviera traicionando a mi pareja, a mis padres y a la humanidad entera. Todo por ser mujer y tener apetito sexual, todo por disfrutar conmigo de mi… porque claro eso las mujeres decentes no lo hacen… y bastante racioncita de “fresca” y “rarita” tuve yo en mi adolescencia.

Ahora me siento muy feliz al conocer estudios que demuestran que un autoconocimiento profundo y satisfactorio de mi cuerpo de mujer aumenta mi autoestima y me protege de dependencias tan dañinas como la de la búsqueda perpetua del príncipe azul o la de entregar mi cuerpo a los médicos el día que vaya a hacer algo tan natural y sexual como parir.

Mi sexo es vital para mi. Es centro de poder y sabiduría. Es el epicentro del placer. Es mi cálida cueva a la que sólo permito entrar a quién yo quiero y en la que  juntos podemos disfrutar. Es mi lugar sagrado, mi templo. Mi vulva es preciosa, tal y como lo es mi vagina. Ambas son activas, como activos son mis pechos, como activas son mis sinuosas caderas. Nada en mi cuerpo de mujer es pasivo y destinado a ser activado por manos ajenas.

Sin duda amarme cada viernes por la mañana es uno de los mayores regalos que puedo darme sin coste alguno.

El placer comienza con una misma y después se puede compartir (si se quiere). Es precioso reconocer nuestro potencial y sonreír a la mujer ruborizada y acalorada del espejo ;)

Feliz re-encuentro, hermanas!!