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fruto de los dioses
Hoy en el tren he tenido más que tiempo para reflexionar (he estado 1 hora parada entrevías por falta de suministro en la catenaria). Estaba leyendo el libro “Partería Espiritual” de Ina May Gaskin. En él una compañera de Ina May, Cara, escribe lo siguiente:
” Una y otra vez, he visto que la mejor manera de sacar un bebé afuera es acariciándote y abrazándote con tu esposo. Esa vibración amorosa y sexy es lo que mete al bebé ahí dentro, y es lo que también lo saca fuera”
Esta preciosa reflexión va acompañada de una foto tierna y sensual entre un papá y una mamá en trabajo de parto.
Leer esto y ver la fotografía me ha hecho estremecerme de placer. He podido visualizarme en esa situación. Siendo acariciada dulcemente por mi compañero entre ráfaga y ráfaga (tomo las palabras de Ina May para denominar a las contracciones, pues ráfaga dibuja un oleaje que es lo que son al fin y al cabo: olas de energía) He comenzado a sentir la sensualidad de sentirse amada y deseada en un momento tan mágico. A maravillarme de la continuidad de la bella danza que nos lleva, 9 meses antes, al momento en el que nos encontramos ahora: el alumbramiento.
Y algo en mi ha hecho clik.
Si venimos del amor entre dos cuerpos, dos almas, dos seres divinos en Unidad ¿no es acaso este amor el que nos va a impulsar hacia afuera? Sí, Michel Odent nos habló de casos (bastantes) en los que tras asistir el papá al parto éste huía (bien enfermando, bien no entrando en casa, bien abandonando a la familia). Nos explicó cómo antiguamente en el parto no entraban hombres porque ver a su mujer desatada, mamífera salvaje, provocaba un “desajuste” muy potente. El objeto sensual y misterioso de deseo se convertía en una fiera, en un ser plagadito de fluidos y torsiones imposibles. Y aquí es dónde ahora mismo me paro y pienso:
¿no será que nunca hemos podido mostrarnos al mundo como la mujer salvaje , sensual y desinhibida que somos? ¿es posible que hayamos permitido dibujarnos como aniñadas damiselas con aire de pícaras consentidas? Puede ser que el hombre pierda su líbido al comprobar que desconoce una parte potentísima de su compañera. Que a algunos hombres ver a una yegua descontrolada les asuste por miedo a no poder controlarla. Puede ser que nos hayamos creído que parir es un acto racional que se ejecuta a toque de abanico y pestañeo.
Ahora bien (voy reflexionando sobre la marcha) los machos de otras especies no están en los partos. Si bien las hembras procuran que los machos no se acerquen por miedo a que las crías sean dañadas por el resto de machos adultos (con las crías fuera de plano hay disponibilidad de procrear y establecer nueva manada con nuevos genes). Esto es que si no están no es porque “alucinen” con lo “animales” que se vuelven sus compañeras. Además de que ellos se encargan de los depredadores…
Bien, vuelvo a los mamíferos que mejor conozco (o eso creo).
Siento que el estereotipo de mujer planteado en nuestra civilización patriarcal es el que remueve inconscientemente a estos hombres y les hace querer salir corriendo (tras el parto). Ya que en un parto, la mujer, si se lo permite a ella misma y el entorno es seguro para “dejarse ir”, toma contacto con su cerebro primitivo, con el linaje milenario de las mamíferas. De tal manera que se transforma (yo creo que más que transformarse se permite manifestarse tal y como es) en una mujer potente, instintiva, terrenal, mística, sensual, sexual, carnal, etérea. Es la mismísima representación de Gaia. Manifiesta su divinidad por cada centímetro de piel, por cada mililitro de flujo.
Claro está, muy pocas mujeres saben de su naturaleza divina y además muy pocas lo integran en su día a día, por lo que muy pocos hombres han mirado a los ojos de la Diosa que reside en su compañera. Si éstas se permitieran vivir su diosa, si éstos buscaran esa mirada, siento que ningún hombre huiría, sino que decidiría quedarse para toda su eternidad al lado de este mágico ser.
Con esto no quiero decir que los hombres no sepan mirar, que las mujeres no podamos vivir bajo nuestra condición natural. Es más,si me dejo fluir, siento que muchos de ellos saben de nuestro linaje de diosas antes que nosotras. Son esos momentos en los que se preguntan cómo puede ser que nos amen tanto. Cómo es posible que nuestra sonrisa les atrape irremediablemente. Que nuestra mirada les haga cambiar de rumbo…
Yo siento que en el fondo todos y todas sabemos quiénes somos en realidad. Que el embarazo es un momento trascendental para tomar conciencia de nuestras raíces divinas, si no hemos podido hacerlo antes. Y que, una vez que nos descubrimos como diosas y dioses, podemos dar la bienvenida a nuestros hijos e hijas acompañados del mismo Amor que los invocó aquella tarde de verano.
Termino con una frase de Ina May:
“A un hombre le hace bien ver a su dama ser valiente mientras ella tiene a su bebé… lo inspira”
Añado: inspiración… divina.
ya he vuelto a Casa
Llevaba días (sincerándome, casi una temporada) sintiendo que algo no andaba bien. Que algo estaba siendo forzado. No daba con la clave y me estaba agobiando. algo, algo, algo… y hoy di con ello. ¿El veredicto final? había perdido la humildad. Algo tan sencillo se pierde con mucha facilidad. Y es que tanto cariño y apoyo a una la desbordan y, su ego, acaba alimentándose de musarañas y quimeras de papel celofán.
He pasado estos últimos días adorando a mi ombligo y por eso el dolor ya comenzaba a palpitar. Mi cuerpo no me tolera devaneos con la superficialidad y en seguida comienzan los mareos, los “ays” y los “quita que no puedo”.
En mi Vida existen pocas personas que me hagan regresar al Aquí y Ahora de manera instantánea. Una de ellas, hoy ,me ha permitido ver más allá. Me ha recordado algo que sabía pero que estaba dejando de practicar. O quizás que había comenzado a hacer que practicaba pero que no creía.
Sus palabras, aquí:
“ciertamente cada vez creo que creemos menos en las mujeres”
y se hizo el Silencio en mi. Sí, últimamente he dejado de lado mi profunda Fe en la Esencia Femenina. Mi ego se ha entretenido colgando artículos, difundiendo información, reuniendo sonrisas y abrazos y, debajo de todo esto, la causa de mi Ser para con mis hermanas, para conmigo, se ha estado cubriendo de palabras..de polvo.
Me recuerdo centrada y en Mi, creyendo en que Todo es perfecto tal y como es. Miro hacia atrás y siento que me comprometí con el “no hacer”, con el dejar Ser… amar sin juicio y aportar Luz desde cualquiera de las esquinas donde me encontrara.. y siento que mi compromiso se ha visto solapado por escarceos de mi ego.
Sin duda alguna creo en la Mujer, en nuestra capacidad innata para hacer y dejar de hacer. Pero, durante un lapso de tiempo, me he dejado ir al lado técnico del que habla de la mujer sin sentirse una con ella, de la que le ”deja hacer” porque “así son,¿ verdad?”… perdida en “ser profesional” cuando en verdad la profesión y la persona se funden en Unidad.
Comprendo que este proceso de reflexión es un regalo. Que para encontrar mi lugar he de probar otros sillones. Pero yo me quedo con mi cojín (zafu), sentada en una esquinita del cuarto. Sintiendo que Todo Ser es mágico. Que yo acompaño y que, si hay protagonistas, son la Vida misma y su proceso encarnado.
¡Qué alegría volver a Casa! vuelvo a sentir que esta piel es mi piel, que esta sonrisa es mi sonrisa y que mi alma, de nuevo, vuelve a ser el de una doula.
gracias Inma por tu invitación a la reflexión… gracias
hermanas
Esta mañana me he encontrado con una mujer muy especial. Es norteña, como yo. Es más, es de al lado de mi pueblo de origen. Es una mujer muy especial (lo dije ya, pero quiero que quede bien marcado). Ella no es mamá, pero es hija y una grandísima hermana. La Vida nos marca encuentros en los que ella siempre necesita de una sonrisa y en los que yo necesito de unos brazos acogedores. Así que… esta mañana..nos hemos encontrado.
Yo salía más o menos tranquila por la puerta y ella estaba sentada esperando, nerviosa.. triste. Los ojos castaños clavados en el suelo y la sonrisa perdida en el pañuelo. La Vida nos ha acariciado y nos hemos clavado la pupila “¡pero qué haces aquí!” ” ¡siempre te encuentro cuando más te necesito!” … y el día ha tomado el color del cariño sentido. El gris perla de la mañana se ha perdido en nuestros bolsillos.
Esta mujer tan especial llegó a Barcelona para acompañar a su hermana en un posparto llenito de miedos, de sombras puntiagudas, de silencios rotos… Dejó todo lo que allá tenía para cuidar de la pequeña de la casa.
Cada vez que la miro me maravillo del Amor tan puro entre mujeres, entre hermanas… Su apoyo fue fabuloso ya que “la pequeña” retomó su Poder y comenzó a caminar por su propio pie. Re-encontró a su diosa en compañía de aquella mujer con la que, hace tiempo ya, compartió cálido útero y pecho amante.
¡ai *laztana!
Ahora ella mira melancólica el reloj y suspira. Me gusta mucho abrazarla, porque cuando lo hago, siento el latido de una mujer poderosa, dulce, cálida…fuerte! … ella… hace tiempo que se le olvidó de quién es.
Caminamos juntas. Tomamos una infusión. Hablamos de allá y de acá. Retomamos nuestro acento bilbaíno y reimos…. mucho. Huele a yodo, a hierba, a salitre… huele a nuestra Tierra. Como ella, es acogedora, maternal, amorosa, fuerte, sentida pero ambas olvidaron que son perfectas en su naturalidad, en su calidez y fortaleza a la hora de Amar.
Hace un par de horas que nos despedimos. Su sonrisa tímida y plena sigue grabada en mi mente. Ella me mira y me dice “eres mi ángel. Siempre apareces cuando necesito un abrazo” y yo, ruborizada, no me atrevo a decirle “el ángel eres tú, que con el aire que se cuela entre tus pestañas, me devuelves a Casa, al útero de nuestra manada” .
…a Yolanda
*laztana: expresión , en euskera, que puede traducirse como “amante” “cariño” . Modo tierno en el que las mujeres de la casa llaman a sus pequeños. Para mi una de las palaras más bonitas que jamás me hayan dicho.
¡oh Pandora!
Hace días prometí compartir lo que aprendí con Cristina Alonso en el taller de Luna Maya, he tardado el tiempo necesario para poder traducirlo…para tener la capacidad de dibujarlo a través de las palabras sin dejarlo manco, sin perturbar la esencia.
Aprendí a amar a mi niña Erika, la niña que se perdió en los surcos de mi ombligo, la niña triste que olvidó pedir ayuda “por si las moscas”… Conecté con ella a través de un gran proscrito en mi cuerpo: mi abdomen.
Situado entre mis pequeños pechos y mis marcadas caderas, habita el “innombrable” de piel tersa y suave. Desde muy pequeña aprendí a olvidarle. Siempre bajo camisetas anchas o vestidos de “campana” aprendí a no tocarle, a guardarme de él… a almacenar en él mi dolor sin pulir, mis penas sin aclarar…
[miro los puntos suspensivos que se van dibujando al teclear y no sé cómo continuar]
Mi abdomen… está aquí, integrándome..estuvo allí, desintegrando mi felicidad ficticia. ¡Almacené tantos miedos y vergüenzas en él!
Aquel día, al tocarle, la Caja de Pandora saltó por los aires… estaba frío, inherte… pertenecía a otra mujer..quizá dejó de existir durante veinti-tantos años… dolía… muchos pinchazos le daban aspecto de no-muerto, lo único que me hacía saber que estaba ahí era el ardor de su silencio.
Mi barriguita redonda…aquella que siempre he cubierto. La que nunca dejé acariciar. La que siempre oprimí y maldije de cara al espejo. La que no me hacía “perfecta”…
Allí en mi abdomen se encontraba Erika sin limar, Erika sin mimar, Erika sin razón… la niña que desconocía que ya era una mujer…la mujer que no reconocía que compartía espacio con una niña temerosa… Juntas en mi panza.
La caja de emociones, la joya de la autoestima… el “yo soy” en su máximo esplendor me mostraba que ya era el momento de bucear en mi mar. Comencé por el ombligo y ya me puse a temblar.Esta puerta al mundo de mi madre, a la unión única entre dos cuerpos, me sacudió por completo. Mi ombligo, el epicentro de mi esencia femenina, me tragaba hacia el centro..y dolía… porque yo lo rechazaba. Quería salir corriendo ¿Por qué? porque él es la firma en el contrato de la Vida, de esta vida. Sello perpetuo con mi madre… con mi linaje femenino, del que tantas veces habré huido.
Ahora siento que el centro de éste, mi cuerpo, guarda pena y contento. Es como subir al desván a revolver entre los “trastos viejos”. De repente te encuentras con la muñeca que te hacía llorar, con el perrito que se “comía los fantasmas” a la hora de irte a dormir… De repente …te encuentras.
Y aquí comienza todo de nuevo, pero con un sabor diferente, pues estoy completa. Reaparecen los titubeos, los pinchazos… pero ahora los puedo acariciar, los puedo aceptar e incluso liberar.
No negaré que en estos días la rabia y la angustia se han quedado a tomar el té, pero tengo espacio para conversar y dejarlas partir. Dos compañeras de viaje que seguían ahí sin que tuviera noticia de ello.
He aprendido que en el abdomen, una mujer, guarda una vida entera. Que en su abdomen se crea la Vida. Es el baúl del Gran Tesoro. Y la Vida necesita de un espacio amplio y bello para poder desarrollarse en su máximo esplendor. Es momento de adentrarse, empaparse e integrar cada parte de nuestro Cuerpo para Ser, para amarnos y gozar amando…
¡Todo esto guardado en esta barriga!
…
Por fin, hoy Pandora puede sentarse y contemplar su reflejo. La caja se queda vacía… Es más que una promesa.
la concepción de un hada
Acabo de ver la película de “Quédate a mi lado”. La había visto un par de veces antes. Unos cuantos años atrás. El tiempo suficiente para cambiar de perspectiva. Para emocionarme y llorar por lo mismo y por “algo” nuevo..diferente.
Cuando me imaginé siendo mamá, la primera vez, creo que tendría 8 años..quizás menos. Recuerdo soñar con el fantástico día en que mi barriga de jerseis y pañuelos fuera de carne y besos. Recuerdo pasear por el supermercado y quedarme mirando los pañales. Siempre quise que llegara el momento de comprarlos. Bien para el hermanito que nunca pudo llegar o bien para el bebé que, un día, sería mi hija. También recuerdo hacer composiciones de nombres y apellidos. Tomar nota de las series de la televisión o de las películas de entonces para nombrar a mi niña (siempre imaginé que sería una niña..no un niño) cada mes su nombre cambiaba… pero nunca su cara. Algunas veces era rubia, como yo, o morena como me hubiera gustado ser. Ojos claros o negros. Labios siempre gruesos. Ella era Vera, Luna, Ane, Nala … siempre exótica. Valiente guerrera. Ella era un hada, casi nunca princesa… Ella…era
Recuerdo el día en el que Alex formuló las palabras que llevaba esperando desde niña. Escribió “si, quiero ser papá contigo. Siento que es el momento” ¡Llevaba tantos años esperando! …
Al ver la película me he dado cuenta de que mi niña, cuando venga, se hará un mujer como soy yo ahora. Es extraño pero siempre la imaginé con días, con meses, con pocos años…nunca he imaginado a mi niña como una mujer adulta. Me emociona sentir que es cierto, que quién venga a través de mi, será una persona a parte de mi. Que ella será quién quiera ser y que tendré la suerte de caminar a su lado.
Hace algunos años, una niña jugaba con pañuelos y camisas bajo su vestido de flores. Soñaba con una niña de cabellos rubios. Le cambió de nombre pero Leticia era su favorito. Imaginaba cómo sería su pequeña. Intercambió apellidos. Fantaseó con el papá. Esa niña, aquel día, soñaba conmigo.
Ojalá un día mi hija recuerde, emocionada, que su primera concepción fue en el vientre de mis sueños de infancia. Entre mantas y peluches. Como un día lo hizo su abuela conmigo. Como aún hoy sigo dibujando en este Camino.
el nacimiento de esta mujer
Cuando era pequeña apenas si tenía amigas. En verdad apenas si tenía amigos en general… apenas si me comunicaba con los niños de mi edad. Siempre en mi cuarto, contaba con mi fabulosa imaginación. Allí aprendí el valor del silencio… y también sentí el punzante frío de “no saber ser una niña de mi edad” y de “estar condenada” a mi única compañía.
Lo cierto es que hasta hace muy poco no sentí necesario contar con el apoyo de mujeres, no sólo de mi edad, sino de cualquier condición. Aún ahora me es difícil explicar que nunca padecí ese vacío hasta que no supe que el calor femenino me era necesario. Sólo lo aprecié cuando me vi rodeada de unas 65 mujeres que, me miraban sonrientes, cuando hice mi presentación: “ejem… mi nombre es Erika y desde pequeña supe que mi vida estaba unida a la maternidad…bebés…” Sí, fue mi llegada a la formación de doulas. Aterricé de lleno en el Corazón de la Mujer. Amanecí rodeada de diosas de todos los colores y tonalidades, de úteros amorosos y de corazones ardientes… Entre ellas, desperté como Mujer.
Aún recuerdo cómo tomé conciencia de que hasta entonces no había sentido mi verdadero Ser femenino. Siempre me había comportado como el niño que nunca fui, como la compañera competitiva que diseñé y, en especial, como la amante “desalmada” que copié del mundo del celuloide. Es decir, que nunca antes me había permitido conocer a esa mujer preciosa y cálida que residía en mi. ¡oh, cuántas veces, hasta entonces, me había mirado en el espejo sin reconocerme! ¡cuántos cambios de look para encontrarme! todo ese tiempo había sido un cliché, aunque mi alma seguía ahí, persistente, susurrándome cuál era el siguiente paso a dar… Gracias a Ella, pude entrar en el maravilloso universo de la Mujer-Feliz-de-Serlo.
El cambio fue de dentro hacia fuera. Poco a poco mis compañeras, como hadas del bosque, me fueron ayudando a verme en sus cristalinos ojos. En cada una de ellas vi retratadas mis cualidades y mis limitaciones. Todas ellas eran un mandala de embriagadores perfumes. No hubo ninguna de la que no aprendiera algo… Sin duda caí rendida a los pies de ese precioso Alma Grupal. Fueron ellas quienes me ayudaron a sanar y a re-nacer. Todas ellas fueron las doulas de mi propia gestación, de mi nacimiento e incluso de mi propia cuarentena. Asistieron al milagro de mi metamorfosis. Ellas lo provocaron con su Presencia amorosa.
Estoy segura de que muchas de ellas no saben cuánto me ayudaron a re-encontrarme, por eso siento que es momento de mostrarles que gracias a su naturalidad llegué a mi.
Sí. Ahora que me maravillo ante el espejo al ver la mujer que realmente Soy. Ahora que mi piel se estremece al abrazar a cada hermana. Ahora que sé que soy parte de la manada de lobas salvajes. Ahora que reconocí a mi madre como la fuente de Amor incondicional. Sí, Ahora, es el momento de que todas aquellas mujeres que, compartisteis abrazos, llantos y risas conmigo durante aquel tiempo, sepáis que siempre os he amado y que esta condición nunca cambiará. Que gracias a vuestra dulce savia pude llegar hasta aquí. Y que aceptéis estas palabras como ofrenda y homenaje.
A todas vosotras y a los frutos sagrados de vuestros vientres mi abrazo más dulce, más fogoso, más canalla, más risueño, más salvaje…
la bella salvaje
Ayer leía “La maternidad, el encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman. Me paré en un párrafo en el que hablaba de la mujer salvaje. Estaba en el tren y “se hizo el silencio”. En seguida vinieron a mi mente todas las veces que he sido una mujer salvaje (aún ahora lo dibujo en mi mente y sonrío). Todas y cada una, agolpadas..sueltas..desperdigadas..condensadas..todas esas veces que he sido intensa, auténtica, brutalmente Yo. No pude borrar la sonrisa de mi labios ni la chispa ardiente de mis ojos… “algo” poderoso me envolvió, una sensación de Poder recorrió mi cuerpo de arriba a abajo…y de repente se paró en mi útero, palpitando dulcemente… Sí, dentro de mi vive una mujer candente e incandescente y la verdad es que me gusta mucho.
Esa mujer es la que me procura intensidad, la que me impulsa hacia el abismo de mi feminidad… ella me susurra por las noches que no hay nada que temer. Es la que clava su mirada en los ojos de mi compañero… esa mujer soy Yo. Y esa misma es la que acompaña a las otras mujeres y las invita a ser salvajes, a despertar a su Diosa. Es la mujer decidida y divertida, la bruja sabia y la gozosa amante . Sin duda es la mamífera que todas somos y es la mami-fiera que ofrece su sagrado vientre a la Vida para que ésta acontezca.
Todas las mujeres tenemos la maravillosa oportunidad de intimar con nuestra bella salvaje en los encuentros amorosos y placenteros que van más allá de la pareja, que se magnifican en el momento del parto y que brillan, radiantes, en plena lactancia. La mujer salvaje nos habla de fluidos, de sangre fresca, de sinuosas curvas, de labios empapados… Es esa parte de nosotras que nos recuerda que somos hijas de la Madre Tierra.
Ella reside en el centro de nuestro segundo corazón, el útero. Pasea por nuestros pechos y nos agita con los tambores del deseo. Es el espíritu encarnado de Gaia en cada una de nosotras. No necesitamos manuales de uso, sólo la conexión con ella nos es suficiente. Dejémosla salir a danzar, a reír, a besar… no es fea ni inadecuada como hemos tenido que creer. Sabemos que es bella, sugerente y muy sabia… ¡Nosotras somos así de manera natural!
Yo vuelvo a mi Selva.. a sentir de Verdad… ¿venís hermanas? ¿venís?







